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Videgaray tiene que irse

6 de septiembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Miguel Oropeza Caballero

 

Un error de carácter histórico. Es el dictamen universal que tanto la comunidad internacional como la prensa y ciudadanía mexicana han hecho en respecto a la decisión de invitar a Donald Trump al país y darle un escenario al aspirante republicano en el cual pudiera mostrarse como un estadista, a pesar de sus repetidos insultos a nuestro país y a los migrantes mexicanos.

Todo aspecto de la visita fue un desastre colosal: el tono débil del presidente, el helicóptero presidencial que lo llevó a Los Pinos, el haberle permitido dirigir la rueda de prensa, el no haberle contestado en su momento que México no pagaría su muro cuando Trump respondió una pregunta sobre el tema y el simple tweet, horas después, de parte del presidente aclarando su postura. Fue una catástrofe política tan grande que parecería haber originado de la campaña de Trump, que en los últimos meses se ha mostrado increíblemente capaz de cometer errores tan grandes que incluso un voluntario principiante de campaña municipal evitaría.

Pero al pasar los días, la ya por si extraña historia se volvió aún más peculiar. La idea de anotarse el autogol más doloroso de su gestión no fue del presidente de la república, sino del Secretario de Hacienda Luis Videgaray.

Videgaray ha sido un colaborador muy cercano al presidente y como Dick Cheney en su momento para el presidente Bush, es percibido como el ‘cerebro’ detrás del ejecutivo mexicano. Pero al igual de Dick Cheney, Videgaray ha demostrado una peculiar habilidad para meter en apuros tremendos a su presidente con pésimos consejos. La fallida e innecesaria invasión a Iraq es el principal legado de la presidencia de Bush (la cual comenzó aconsejado por Cheney), la fallida e innecesaria invitación a Trump será la principal acción transcendental de la actual administración.

Al parecer la decisión causó graves problemas dentro del gabinete peñista, donde tanto la Secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu y el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong buscaron en vano convencer al presidente de dar marcha atrás con la invitación.

El hecho de que Videgaray pudiera haber emergido victorioso en la disputa interna habla de la gran influencia que ejerce sobre el presidente. Como autor intelectual del autogolpe, al ser claro su rotundo fracaso debería ser él quien dé públicamente la cara y ofrezca su renuncia para ahorrarle si quiera un poco de humillación y repudio popular a quien el día de hoy sigue siendo su jefe. Este error tocó cuerdas tan sensibles para los mexicanos que probablemente sea la tumba de sus ambiciones presidenciales.

Pero no tuvo que ser así. Luis Videgaray es doctor en economía del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts en Estados Unidos. Hasta hace poco era ampliamente reconocido como un genio en su rama, recibiendo varios reconocimientos internacionales en 2014 dotándolo como “el mejor secretario de finanzas del mundo.”

Los acontecimientos de Ayotzinapa pusieron fin al encanto de la comunidad internacional con México, logrado en buena parte por el mismo Videgaray, que como vocero elocuente y brillante del presidente mexicano en foros económicos mundiales vendía la idea de que las reformas estructurales eran la mágica salvación a la anémica economía mexicana y era el principal promotor en el exterior del ‘momento mexicano’. Un momento que simplemente nunca llegó.

Aun sin la debacle de la visita de Trump, la renuncia de Videgaray es algo que ya se debió de haber dado hace mucho. Aunque debe aclararse que las críticas que hace la oposición en respecto al actual ritmo de crecimiento y desempeño macroeconómico, principalmente el PAN, son algo absurdas y bastante oportunistas dado que en gran medida son una simple continuación de políticas calderonistas, la verdad es que el desempeño sí ha sido mucho menor del que prometió Videgaray a la ciudadanía, a la clase empresarial y al mundo.

Sí es cierto que la fuerte devaluación del peso y el poco crecimiento se deben en buena medida a factores externos, principalmente una fuga de capitales a nivel global que están abandonando mercados emergentes para buscar refugio en los Estados Unidos y una desaceleración de China, la segunda economía más grande del mundo que por muchos años facilitó el crecimiento de muchos países latinoamericanos. El problema es que, como el secretario de finanzas de una de las principales economías del mundo, Videgaray ya sabía que estos problemas eventualmente causarían estragos en México. En vez de reorientar a tiempo una política industrial (inexistente) para aprovechar esta nueva realidad (por ejemplo, impulsando la exportación de manufactura doméstica aprovechando una devaluación que hace más competitivos los productos mexicanos en el mercado global) simplemente continuó en el mismo curso y culpó a factores externos, que tenía la posibilidad de parcialmente esquivar.

Luis Videgaray era una de esas figuras del clique peñista que tras su llegada al poder hace cuatro años daban algo de esperanza de que el país no sería guiado al despeñadero por un presidente con poca experiencia y conocimiento. Cuatro años después con los decepcionantes resultados económicos (en la tormenta mediática causada por Trump quedó enterrada la noticia del recorte a la proyección de crecimiento una vez más a un rango entre el 2 y 2.6%), es claro que Videgaray ya debía de haber tenido una carta de renuncia lista para cuando se la pidiera el presidente.

Ahora al saber de su protagónico rol en invitar a Trump para, según él, calmar a los mercados internacionales y generar buena prensa en el exterior, es la ciudadanía quien le dice que tiene que irse del gabinete y también tiene que irse olvidando de sus aspiraciones presidenciales.

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