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Olivos y candidatos

28 de mayo, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Hace miles de años, el rey Cécrope fundó una ciudad en Grecia, para hacer de ella un lugar bello y hospitalario, donde florecerían las artes y el pensamiento, y los habitantes usarían la palabra para resolver sus conflictos, sin derramamiento de sangre.

En la cima del Olimpo se celebró una asamblea para decidir qué dios debía proteger a aquella ciudad afortunada, mostrando interés tanto Poseidón como Atenea. Zeus, propuso que el ganador sería aquel que le hiciera el mejor regalo.

Poseidón bajó del Olimpo, se acercó a la costa y golpeó una roca con su tridente. La piedra se partió en dos, y de la grieta brotó un extraño animal. Explicó que era el caballo, que durante la guerra les serviría en la batalla y en los días de paz, podrían utilizarlo para trasladar cargas y hacer largos viajes. Los dioses quedaron tan impresionados que pensaron que la disputa ya tenía un vencedor.

También Atenea descendió del Olimpo y se situó en el centro del pedregal. Golpeó el suelo con el asta de su lanza. Al instante, brotó del fondo de la tierra un árbol recio de copa ancha. Era el olivo, explicó Atenea, que alimentaría a los habitantes y les proporcionaría aceite con el que se harían ofrendas a los dioses. Era un árbol de larga vida, capaz de dar frutos incluso en los suelos más áridos. Los dioses quedaron admirados.

Aunque el caballo era una buena creación, el olivo le superaba en provecho. El propio Poseidón reconoció su derrota, y Atenea se convirtió en protectora de la nueva ciudad, a la que se decidió dar su nombre; llamándose a partir de ese momento, Atenas.

Este pasaje de la mitología griega me hizo recordar la bella ciudad de Morelia, y la lucha política que se libra en nuestros días para gobernarla.

Ocho son los candidatos a presidir el ayuntamiento de la ciudad; algo jamás visto (aunque dudo si ello es motivo de regocijo). Alfredo Ramírez Bedolla (Morena), Carlos Río Valencia (PT-PES), Alfonso Martínez Alcázar, por la vía independiente; Jaime Darío Oseguera Méndez (PRI-PVEM), Ignacio Alvarado Laris (PAN), Getsemaní Solís Mora (Movimiento Ciudadano), Raúl Morón Orozco (PRD) y Vicente Guerrero Torres (Humanista). La candidata del partido Nueva Alianza, como se sabe, renunció por falta de apoyo de su plataforma política.

Financiar a través de nuestros impuestos tantas candidaturas, no sé aún cómo abona a la justicia social, la vida pública digna y la democracia efectiva, en un país con tanta pobreza.

Ocho interesados en gobernar Morelia y ningún regalo que pruebe su idoneidad, sólo promesas, que por experiencias con el PRD, PRI y PAN en la alcaldía, sabemos a ciencia cierta que no son capaces de cumplir. ¿Por qué sería diferente esta vez, si aún no ha dado muestras de ello ninguno de los aspirantes?

Grave inseguridad pública, asentamientos humanos irregulares, miseria, inundaciones recurrentes, continuas marchas que afectan a la ciudadanía, conflictos de vialidad en diversas zonas por una mala planeación que se insiste en conservar; corrupción, dilación en trámites municipales, vandalismo, escasa gestión de residuos tóxicos y contaminantes, son algunos de los problemas que presenta la ciudad de Morelia desde hace años, y poco o nada se ha efectuado para resolverlos, porque siempre existen compromisos personales o de partido antes que los de interés común.

De entre los ocho existe uno peor que ninguno, y no me corresponde a mí desvelarlo, porque basta tener memoria.

Morelia, patrimonio de la humanidad, territorio ideológico de la independencia, ciudad de las canteras rosas, “Uaianarhio” (en purépecha), nueva ciudad de Mechuacán, Valle de Guayangareo, cuna de José María Morelos y Pavón, también donde muchos hemos nacido y/o visto crecer a nuestra familia, la que hoy -como la ciudad que pensó Cécrope para sus hijos- necesita encontrar a alguien que la proteja y modernice.

Lo sé, es complicado decidirse, pero a más de uno nos inspirarán los consejos que Javier Marías da en su reciente columna: “[…] Hay sitios en los que lo conocido es pésimo, y lo desconocido demasiado desconocido, por lo que no sería raro que muchos acabemos votando no a las personas, no a los enigmáticos candidatos, sino en contra o a favor de los partidos que nos los proponen. En fin, pónganse el parche de tuerto o cojan el bastón de ciego, encamínense a los colegios electorales y déjense guiar por el instinto, la simpatía o la antipatía, el encogimiento de hombros o el pavor.

Porque lo que es los partidos, ellos no nos han explicado por qué debemos votar a nadie.” Sin duda, estaríamos mejor con Atenea o Poseidón.

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