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¿Por qué es tan malo el Seguro Popular?

23 de septiembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

El programa del Seguro Popular es una de las políticas más importantes que se ha implementado en la últimos años en México, es el intento más grande realizado para que más mexicanos accedan al servicio de salud; además, uno de los sectores que mayor preocupación causa a los gobernantes, no sólo por el costo político que puede ocasionar un mal o buen servicio, también por la inversión económica que genera para los gobiernos en el nivel federal y estatal.

Este esquema si bien es un gran esfuerzo también representa uno de los mayores dolores de cabeza de las administraciones públicas en nuestro país. Haciendo un poco de historia, el programa se pone en marcha de manera conjunta en los 31 estados de la República Mexicana en el 2005, con el objetivo inicial de evitar el empobrecimiento de las familias ante una contingencia de salud, para ello se incluía un paquete de 78 intervenciones médicas, es decir, las 78 enfermedades que más padecían los mexicanos y que implicaban una demanda a los servicios de salud pública, por lo que se convierte en la primera política de protección financiera en salud.

El programa surge entonces como una política intergubernamental para garantizar que las familias ante un gasto catastrófico no vieran mermadas sus finanzas y por tanto, llegar a un empobrecimiento derivado de los gastos en salud. Sin embargo, a diez años de su operación en los estados es pertinente decir que este esquema ha sido rebasado de sus planteamientos originales, básicamente por dos situaciones: la primera de ellas, por el nivel de calidad de los servicios que prestan las instancias de salud estatal y la segunda, por la estrategia de comunicación que se estableció para la política.

Y es que es penoso escuchar las quejas de los derechohabientes del sistema todos los días, ya que a pesar de que la cobertura en la población ha sido ampliada, la calidad con la que se otorgan los servicios ha ido a la baja. Contrario a lo que pudiera pensarse, no es necesariamente por falta de recursos más bien está relacionado con el seguimiento a la aplicación de insumos y personal que interviene en la implementación de la política. Es decir, esta coordinación que debiera darse entre el gobierno federal y estatal se ve rebasada al momento de la operatividad, por lo que el más afectado en última instancia es el usuario del servicio de salud.

Por otra parte, la estrategia de comunicación que se ha utilizado desde un inicio refiere a una cobertura universal, en la que se promociona un servicio que garantizará la atención de todas las enfermedades de los usuarios y esta promoción se contradice en el momento que el beneficiario llega a ventanilla de inscripción o atención porque se le informa que únicamente está cubierto determinado número de intervenciones y no la totalidad, como se comunica en el mensaje institucional; se ha quedado la estrategia en el nivel político y la parte real del servicio se deja fuera de manera permanente y constante creando en el imaginario de las personas una sensación de malestar y por tanto, la percepción de un servicio deficiente de las instancias de salud.

A nivel nacional e internacional, el Seguro Popular ha sido evaluado de distintas maneras y en principio, cumple con los objetivos planteados: ampliar la cobertura en salud y evitar el empobrecimiento de las familias ante una contingencia.

Sin embargo, quedan pendientes para la revisión y la mejora, la forma en la que son invertidos los recursos que son entregados por la federación a los estados y cómo garantizar que no sean “la caja chica” de los gobiernos estatales, ya se hizo el primer esfuerzo legal en la materia pero no es suficiente.

Además, la revisión de la calidad en los servicios porque pareciera que los gobiernos estatales están más preocupados por crecer los padrones de afiliados para recibir mayores recursos de la Federación porque claro, éste es uno de los cambios en los esquemas, mientras más beneficiarios se tengan mayor presupuesto destinará la federación para ese determinado estado.

Finalmente, valdría la pena replantear cómo se está comunicando este programa a la población para evitar tristes desengaños en los beneficiarios y confusiones sobre los derechos que se tienen y los que no al momento de acudir a recibir la atención médica y con ello, que la autoridad tenga que salir a aclarar que está incluida la intervención pero no los insumos, lo que a los usuarios les resulta exactamente lo mismo: percibir que no recibieron atención médica de calidad.

Hasta aquí mi comentario de esta semana, puedes seguirme en @panopticomx o escribirme al correo electrónico [email protected]

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