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Morelia, Michoacán a 8 de diciembre de 2016
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Percepción audaz

8 de noviembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Etelberto Cruz Loeza

Las circunstancias son las que son y mandan. Fin del gobierno de la mayoría absoluta de los últimos años, ahora empieza la etapa de la negociación y el diálogo. Marisa Cruz. Mundo. 271016

Cité en mi anterior entrega juicio de José Woldenberg, repetido por Lorenzo Córdova,  sobre nuestro sistema electoral: Debemos aceptar, reconocer, defender y respetar nuestro pluralismo político partidista y diversidad política e ideológica, no importando los riesgos que conlleve: la fragmentación–atomización del voto, supuestamente los gobiernos débiles y los gobiernos de las minorías.  Es tiempo del diálogo, la conversación y la negociación. Con esto se terminó el tiempo (¡y tal vez no regrese por lo menos en una generación – del partido de la mayoría natural!) de la mayoría natural.

Coincido con ellos, en estos escenarios, pero como lo cito en el epígrafe Las circunstancias son las  que son y mandan: es muy posible que en el inminente cercano futuro se configuren los gobiernos de las mayorías, no tan naturales, debido a la Segunda Vuelta.

En mi anterior entrega cité lo siguiente: Es criterio del presidente de la República…Que la Segunda Vuelta solo construye mayorías en forma ficticia, (que es exactamente la que él construyó con la propuesta del Pacto por México). No es el mejor modelo para asegurar la construcción de mayorías ni tampoco el mejor momento de realizar cambios en materia electoral.

Cito el texto completo: “No es el mejor modelo para asegurar la construcción de mayorías y tampoco es el mejor momento para realizar cambios en materia electoral, dada la cercanía de la elección presidencial de 2018. Veo inconveniente, políticamente, pretender hacer ajustes y cambios a menos de dos años de distancia. Porque lo que da lugar, precisamente, el hacer los ajustes al inicio de toda administración, al inicio de un periodo de gobierno, es que esas reglas que se consensan entre las distintas fuerzas políticas se prueben en las distintas elecciones que tienen lugar durante casi seis años antes de una nueva elección presidencial. Hoy no estaríamos en oportunidad de probar esas nuevas leyes. Creo que es un tema que todavía dará espacio a un amplio debate en el congreso”.

En otras palabras, el presidente de la República, dirigente nato de la minoría más grande  que gobierna nuestro país – el PRI -, con sensibilidad política, sabe, entiende que ya no son los tiempos del partido de la mayoría natural, aplastante, pero que en este momento, a menos de dos años de la elección presidencial del 2018, no es prudente, NO se cierra a esta figura electoral, pero también percibe que no están dadas las circunstancias para proponerla, aunque sí para discutirla. Seguramente tiene razón política y pragmáticamente, pero lo que manda es la voluntad popular y las circunstancias.

Él lo percibió así y – dialogando, conversando y negociando con las otras minorías partidistas más grandes – construyó, fuera del H. Congreso de la Unión,  la mayoría artificial para ofrecer-mostrar el Pacto por México y proponer en el H. Congreso de la Unión y a la sociedad nacional,  las reformas llamadas estructurales y tener gobernabilidad y gobernar con magníficos augurios y signos. Después, llegó lo que llegó y se manifestó en las elecciones de este año: se desplomó la confianza y la credibilidad. Las circunstancias eran muy diferentes y no hubo seguridades para proponer, también fuera del H. Congreso de la Unión, a la mitad del sexenio, de la administración, la construcción de otra mayoría artificial.

Como sea, lo cierto es que en nuestro país, ya está la Segunda Vuelta a la vuelta de la esquina y se discutirá-debatirá insistentemente y para mí, la elección del poder Ejecutivo en el 2018, será la última con una sola y definitiva vuelta.

Es muy probable y posible que, en este momento, las circunstancias permiten suponer que habrá  o 10 o más candidatos a la presidencia de la República y el candidato triunfador lo será con una minoría más grande, que podría andar acercándose al 30% de los votos recibidos.

Dicen los políticos que sería un gobierno muy débil. Para mí, sería un gobierno democrático fuerte, surgido de un proceso democrático, plural, diverso. Algunas de las bases de nuestra democracia son que gobierna la mayoría, que la mayoría se tiene con la diferencia de un voto, que los votos cuentan  y que la mayoría No sería, ni tendría nada de débil.

Cito a Lorenzo Córdova, en Sistema Electoral y Sistema de Partidos. Pluralismo Político en las Reformas Constitucionales en Materia Electoral, del libro Reformar Sin Mayorías. La Dinámica del Cambio Constitucional en México, de Ma. Amparo Casar e Ignacio Marván, como compiladores. Taurus. Primera edición. 2014: Es hora de que los esfuerzos se centren hacia otro tipo de ámbito, el de las reglas de ejercicio del poder, que incidan en la consolidación de la capacidad del sistema político para concretar, ante la falta de mayorías que forman parte del ordinario paisaje político, de nuestro tiempo, estímulos institucionales que permitan arreglos políticos de largo aliento; programas de gobierno y programas parlamentarios de amplio alcance que ordenen la vida institucional y los esfuerzos de los actores políticos más allá de meras coyunturas.

Al respecto, el coordinador perredista  en el Senado de la República, Miguel Barbosa y el guerrerense Armando Ríos Píter, el pasado martes 25 de octubre, presentaron una iniciativa de reformas electorales para introducir la Segunda Vuelta Electoral – el antecedente es otra propuesta de Luis Felipe Calderón Hinojosa, presidente de la República, que únicamente fue respaldada por Acción nacional – y hacer obligatorios los gobiernos de coalición, y  proponer que los candidatos presidenciales perdedores se incorporen como diputados plurinominales para dar seguimiento, desde el Congreso, al mandatario electo.

La iniciativa propone lo clásico de la Segunda Vuelta: Si un candidato no gana con al menos el 50% de los votos, habrá una Segunda Vuelta y se irá a una campaña política dentro de un tiempo de 28 días.  Así es como opera en general en otros países.

En la iniciativa perredista se establece que si en la Segunda Vuelta, un candidato electo no alcanza el porcentaje de votos que represente el 40% de la lista nominal, tendrá que formar un gobierno de coalición en los términos de la iniciativa y, como complemento, que los candidatos presidenciales perdedores se incorporen como diputados plurinominales para dar seguimiento, desde el Congreso, al mandatario electo.

Un hecho que marca la diferencia es que los senadores Barbosa y Ríos Piter hablan de una coalición partidista en el  “interior del poder Legislativo”, posterior al resultado de la Segunda Vuelta y lo que propuso, dialogó, conversó y negoció Enrique Peña Nieto fue una coalición que surgió del poder Ejecutivo – ya en funciones –  con los otros líderes de los partidos minoritarios representados en el H. Congreso de la Unión.

La Segunda Vuelta ofrecería la oportunidad a los dos candidatos de que, en el tiempo de esa breve campaña, dialoguen, conversen y negocien con las otras minorías la construcción de una mayoría – como lo hizo Salvador Allende o la que, recientemente,  construyó Mariano Rajoy en España   – y llegar al día electoral con una mayoría NO artificial para ganar la elección y sería un gobierno de Coalición.

Por el momento, en nuestro país, no existe ni por mención expresa en la Constitución ni por creación jurisprudencial, un principio constitucional para los gobiernos Federales de coalición, como  posiblemente, lo está visionando Manlio Fabio Beltrones.

Para mí, 2018 será la última elección del poder Ejecutivo  de una sola vuelta. Las posteriores, serán con la Segunda Vuelta.

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