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¿Por qué el ateísmo?

23 de marzo, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Vidal Mendoza
Ahora le daré una respuesta muy paradójica porque, en cierta manera, soy cristiano literalmente. El mensaje de Cristo es, como dijo el poeta francés Paul Claudel: «Si no es Dios quien nos ayuda, si se muestra impotente con nosotros, el mensaje del cristianismo depende de ti». Lo que muere en la cruz no es el representante de Dios, es el propio Dios. El mensaje del cristianismo es que la única realidad de Dios es la unidad de los creyentes, que son libres e iguales. Este es el tremendo potencial emancipador del cristianismo. El Apocalipsis, el Juicio Final… no es cristianismo, es agnosticismo. Cuando los discípulos preguntan a Jesús cómo sabrán que volverá, la verdadera respuesta es: «Cuando haya amor entre dos de vosotros, allí estaré». Cristo está aquí cuando nos amamos. Es lo único que necesitamos. Somos totalmente libres.

En este sentido, el cristianismo es una religión de la libertad, cuya lección es cómo deshacerse de Dios. Es totalmente única porque Dios se borra a sí mismo. Es como una especie de unidad protocomunista. ¿Qué es el Espíritu Santo? Es simplemente una comunidad igualitaria. La familia con un padre y una madre es una jerarquía. Deberías querer a tu padre, pero no porque sea tu padre, sino como un igual. Es un mensaje radical de igualitarismo. El origen y toda la Historia de la Iglesia es una lucha contra este antiguo mensaje emancipador y revolucionario. El cristianismo siempre dice que hay que luchar contra sus propios excesos. Es una tremenda revolución ética.

En cuanto a la espiritualidad, estoy totalmente en contra de lo que se conoce como nueva espiritualidad. Es algo extremadamente narcisista. No resulta sorprendente que la consideremos nuestra ideología espontánea, una especie de hedonismo instructivo. Como dicen en La guerra de las galaxias, no te apegues demasiado a los bienes materiales, recuerda que tu verdadera vida está dentro de ti; la realidad es un juego de apariencias, no te tomes demasiado en serio. Esta actitud encaja perfectamente con el capitalismo global. Pienso que es una forma terriblemente eurocéntrica.

La gran lucha hoy es entre esta pseudoespiritualidad pagana y la verdadera experiencia cristiana en la que deberías reflexionar sobre el mundo, involucrarte por completo. La actitud más molesta que me puedo imaginar es ese hedonismo suave: disfrutar, pero no demasiado, porque no merece la pena comprometerse totalmente en la vida. Ese es nuestro universo capitalista, en su aspecto ideológico.

No me gusta tener vida interior. Mi vida está fuera. No creo que la riqueza interna prevalezca sobre la personalidad. Aunque soy freudiano, discípulo de Jacques Lacan, no me gusta el psicoanálisis en el sentido de por qué debería buscar en mi interior. ¿Qué descubres? Alguna mierda; horrores. Creo en la superficie, no en la bondad del hombre. Creo, y esto le puede sorprender, que en lo más profundo de nosotros somos malvados. Sólo los recuerdos superficiales o los milagros hacen que sigamos siendo éticos.

Hablando ahora del liberalismo, critico el liberalismo en sus propios términos, como el hecho de que ofrezca libertades. ¿Pero lo cumple? No subestimo al liberalismo, hay algo muy auténtico en él. A un nivel personal, ¿nos referimos a esa libertad de elección elemental? Podemos comprar lo que queremos y organizar nuestra vida sexual, dentro de unas condiciones sociales que son consultivas. Pero, ¿quién decide cuál es el límite de esta libertad?

Eso es lo que me preocupa. La democracia y la libertad de elección se enmarcan en un determinado orden mundial, pero deberían incorporar la libertad de decidir cuál es ese marco social. Para tener una auténtica libertad deberíamos compartir la libertad, así seríamos realmente libres. También deberíamos tener la libertad de elegir y de formar un sistema diferente, que nos permita ser libres de una forma diferente. Sólo eres libre dentro de este marco. La forma fundamental de libertad es la de cambiar este marco general. Esa es la libertad que estamos perdiendo hoy. Eres libre de hacer lo que quieras, pero las reglas de nuestra libertad se hacen cada vez más en secreto. Esa es mi principal crítica al liberalismo: nos da libertad de elección individual, pero en los grandes proyectos, a la hora de organizar nuestra sociedad… está cada vez más fuera de nuestro alcance.

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