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¿Qué es la autoridad?

24 de mayo, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Históricamente, la autoridad aparece al mismo tiempo que la propiedad privada, es decir, en el momento que un hombre o grupo impone su voluntad sobre uno o más de sus semejantes para que realicen trabajos en beneficio de quien tiene la fuerza, debido a una ausencia absoluta de disposiciones legales (el esclavismo). En términos generales, se podría decir que al hablar de autoridad se trata de cualquier poder ejercido sobre un hombre o grupo humano por un individuo o conjunto de individuos de la misma especie. Se menciona esto último porque los seres humanos no hemos tenido la presencia de seres extraterrestres que nos impongan sus órdenes o mandatos, ni estamos a merced de otros seres de otra especie, salvo en condiciones específicas: cuando una fiera o más mantiene acorralados a uno o más seres humanos, aunque en este caso concreto no hay de por medio la conciencia del poder para obligarlos a comportarse de cierta forma. Lejos de este ejemplo, se puede afirmar que el concepto de autoridad no alude únicamente al poder político, sino que, además del poder del estado, también existen la autoridad de las iglesias, la de los partidos políticos (tan presentes en nuestra realidad social), los sindicatos, la autoridad de los profesionales de diferentes ramas de la ciencia, la autoridad de los llamados poderes fácticos, entre los cuales destacan los medios de comunicación masiva: prensa, radio, televisión, las redes sociales, etc., además de las universidades, las ONG’S y otros más. Como conclusión de lo expresado, se puede aseverar que cualquier tipo de control sobre las opiniones y los comportamientos de personas emanan de la autoridad en general, ya que están determinados por factores de carácter sociocultural.

En ese sentido resulta imprescindible señalar que la autoridad requiere de una justificación o fundamento suficiente para apoyar su validez. Sobre el tema se han elaborado varias doctrinas que sostienen diversos supuestos teóricos, entre otros, los siguientes: A) El fundamento de la autoridad es la naturaleza, B) El fundamento procede de la divinidad, C) El fundamento es otorgado por los hombres, esto es, por quienes aceptan las disposiciones que se ejercen sobre ellos.

La primera fue sostenida por Platón; es la teoría aristocrática (Etimológicamente el gobierno de los mejores, cuyas raíces son ἄριστος aristos excelente, y κράτος, kratos, poder). Según esta teoría la naturaleza se encarga de seleccionar a los mejores para gobernar. Platón divide a los hombres en dos clases: a) los que son capaces de ser filósofos, y b) los que no los son. De ahí que los primeros deban aprovechar su propensión al conocimiento de la verdad que poseen por naturaleza y son los destinados a ejercer la autoridad, mientras los demás deben sufrir dicha autoridad. También Aristóteles es partidario de este criterio que expone en los siguientes términos: “La naturaleza misma ha ofrecido un criterio discriminatorio haciendo que entre un mismo género de personas se establezcan diferencias entre los jóvenes y los viejos y entre estos unos están destinados a obedecer y otros a ordenar.” (La Política) Para él esa diferencia no es definitiva, ya que los jóvenes se volverán viejos y ejercerán el poder. Lo que diferencia a unos y otros radica en el hecho de que los que mandan poseen virtudes políticas; por lo cual son los más indicados para gobernar, aunque sean una minoría frente a las mayorías que no poseen tales virtudes y deben obedecer. Se trata de un teorema que se sustenta en la división natural de los seres humanos: aristócratas y no aristócratas.

La segunda es la que se basa en la idea de que toda autoridad procede de la divinidad, y cuya mejor expresión se encuentra en la Epístola a los romanos de San Pablo: “Todos habéis de estar sometidos a las autoridades superiores, que no hay autoridad sino por Dios, y las que hay, por Dios han sido ordenadas, de suerte que quien resiste a la autoridad, resiste a la disposición de Dios, y los que le resisten atraen sobre sí la condenación. Porque los magistrados no son de temer para los que obran bien, sino para los que obran mal. ¿Quieres vivir sin temor a la autoridad? Haz el bien y tendrás su aprobación, porque es ministro de Dios para el bien. Pero si haces el mal, teme, que no en vano lleva la espada. Es ministro de Dios, vengador para castigo del que obra el mal. Es preciso someterse, no solo por temor del castigo, sino por conciencia.” A través de esta concepción de la autoridad, se ha llegado al absurdo de considerar que el soberano es un representante de Dios en la tierra. En el mismo sentido se pronunciaron San Agustín, San Isidro de Sevilla, San Gregorio Magno y Santo Tomás. Este último llegó a sostener que: “Todo dominio deriva de Dios, como primer dominante.”

Las dos teorías anteriores coinciden al establecer que la autoridad puede o debe existir sin tomar en cuenta el parecer de los gobernados, es decir, se trata de un gobierno de facto, aunque en el primer teorema muchas veces no sucede siempre así; en cambio la segunda tiene siempre plena legitimidad porque las cuestiones de Dios no deben ser objeto de discusión alguna. Se trata del poder teocrático que tanto prevaleció durante la Edad Media, incluso antes. A tal grado llegó esta idea que las concepciones religiosas se vieron afectadas por esta teoría y a Dios se le llegó a conceptuar como un rey. De ahí que se hable del reino de Dios y la expresión “Viva Cristo Rey” es un fiel reflejo de ello.

La tercera teoría se opone a las expuestas, ya que postula como principio esencial el derecho a gobernar sobre los demás como justificación fundamental, y tal derecho es el resultado del consenso de los que son gobernados. Esta doctrina tuvo su principal defensor en Cicerón, quien niega la desigualdad entre los hombres. Llegó a manifestar que todos los hombres tienen la razón por naturaleza, que es la verdadera ley que manda y prohíbe rectamente; motivo por el cual todos los hombres son libres e iguales por naturaleza. “Cuando los pueblos mantienen por entero su propio derecho, nada puede ser preferible, nada más libre, más feliz, desde el momento en que son amos de las leyes, de los juicios, de la guerra, de la paz, de los tratados, de la vida y del patrimonio de cada uno”, llegó a sentenciar el gran orador y filósofo. También decía que solamente un estado semejante podía ser denominado legítimamente república, es decir, “cosa del pueblo”.

Los grandes juristas del Digesto (Pandectas en griego, Digestum en latín, obra jurídica publicada en el año 533 d. C. por el emperador bizantino Justiniano I) admitían que la única fuente de la autoridad es el pueblo romano. Sin embargo, en esta aportación tan significativa, se dio una contradicción, pues Dante afirma: “El pueblo romano, por derecho y no mediante la usurpación, admitió la misión del monarca, que se denomina imperio sobre todos los mortales”, o bien Guillermo de Occam expresa: “El imperio romano fue ciertamente instituido por Dios, pero a través de los hombres, o sea través de los romanos.”

Mansilio de Padua sostiene la tesis de que “El legislador, o sea la primera y efectiva causa eficiente de la ley, es el pueblo o el conjunto de ciudadanos o bien la parte sobresaliente de ellos, la que manda y decide por su elección o por su querer, en una asamblea general, en términos precisos que determinados actos humanos deben cumplir y otros no bajo pena de penalidades o de puniciones corporales”.

Durante mucho tiempo se ha reconocido el contractualismo como una doctrina que explica el fundamento del Estado como consecuencia de una convención o estipulación (contrato). Entre sus primeros teóricos figuraron los sofistas. Aristóteles dijo que Licofrón, discípulo de Georgias, declaró que “la ley es una mera convención”

Thomas Hobbes y Baruch de Spinoza pusieron esta doctrina en defensa del absolutismo. Respecto a esta corriente del pensamiento político, se dice que el término fue acuñado en la primera mitad del siglo XVIII para indicar toda doctrina defensora del poder absoluto y de la soberanía absoluta del estado. Han existido diversas formas de absolutismo: 1) El utópico que postula Platón en su obra La República, 2) El del Papa como representante único de Dios, 3) El monárquico del siglo XVII, 4) El absolutismo democrático, cuyo teórico más importante es Juan Jacobo Rousseau en su libro El contrato social, que encuentra eco en el pensamiento marxista al plantear la posibilidad de la dictadura del proletariado. Todas estas posturas asumen que el estado sea el depositario del poder sin limitaciones de ninguna índole; en contraposición el pensamiento liberal plantea las libertades individuales como restricciones del aparato gubernamental.

También figura de manera relevante el iusnaturalismo, teoría del derecho configurada en los siglos XVII y XVIII, habiendo tenido como referente indispensable a Hugo Grocio y que fue respaldada por Tomás Hobbes y Samuel Pfendorff, la cual ha sido utilizada para reivindicar las dos conquistas fundamentales en materia política: la tolerancia religiosa y la limitación de los poderes del Estado, conforme al liberalismo que tuvo su más importante repercusión en la Revolución Francesa.

La doctrina de Hans Kelsen atribuye la autoridad al ordenamiento jurídico, y dice al respecto: “El individuo que tiene o ha tenido un autoridad debe haber recibido el derecho de emitir órdenes obligatorias, de tal modo que otros individuos se vean obligados a obedecer. Tal derecho o poder solo puede ser conferido a un individuo mediante un ordenamiento normativo. Por tanto, la autoridad es originalmente la característica de un ordenamiento normativo.”

Toda autoridad debe tener como fundamento el reconocimiento expreso de aceptación de parte de los individuos a quienes va a gobernar. Así todas las modalidades, las formas y los límites institucionales de dicho reconocimiento pueden ser muy diferentes.

En México se ha tratado de imponer un modelo liberal de Estado, aun cuando en la práctica muchos de los derechos establecidos en nuestras leyes no sean respetadas por los funcionarios y también por los ciudadanos. Al afirmar esto, se hace como resultado de la observación directa de nuestra realidad social. Muchos individuos, ante la incapacidad del gobierno para actuar en defensa de las garantías individuales o derechos humanos, se ven forzados a integrar grupos de autodefensas, los cuales actúan motu proprio, sin apego a las normas del derecho. Otros, a manera de protesta, incendian edificios, vehículos automotores, incurren en actos vandálicos, incluso secuestran en plena luz del día sin que la autoridad intervenga para mantener el orden, porque los principales deberes de cualquier gobierno son: Mantener el estado de derecho, que no es otra cosa que la protección de los derechos inalienables, brindando a todos los habitantes seguridad en sus personas y bienes, e impartiendo justicia expedita, conforme a nuestras leyes.

Hace falta que se apliquen las leyes, pues en ocasiones se observa mucho temor a hacer valer los mandatos establecidos en las normas jurídicas que nos rigen, tal vez por temor a caer en un autoritarismo excesivo o por el trauma del 2 de octubre, el cual no se olvida. Por eso, los jóvenes anarcoides llevan en sus mochilas instrumentos para cortar las aceras de concreto a fin de agredir a los inermes policías, quienes reciben las órdenes de no responder por ningún motivo ante las agresiones de individuos sin escrúpulos, los cuales deberían ser tratados como lo que son: delincuentes.

 

 

 

 

 

 

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