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¿Qué podemos esperar para América Latina a partir del triunfo de Trump?

18 de noviembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

 Roxana Michelle Domínguez Aguilera

El intenso martes de elecciones terminó con un resultado quizás más polémico de lo que habría sido la campaña de cada uno de los ex candidatos. La incertidumbre sobre el futuro del país más poderoso del mundo apenas comienza. El mundo volteó a ver una vez más a Estados Unidos. Antes de las once de la noche de ayer, la ventaja en los estados clave ya se había inclinado hacia el lado republicano otorgando el triunfo de la elección a Donald Trump. El empresario ganó un total de 278 delegados en el Colegio Electoral rebasando los 218 que obtuvo Hillary Clinton.

La contradicción que se presentó a partir de las encuestas de voluntad de voto – que demostraron la ventaja para Clinton – es lo que menos preocupa ahora. En Estados Unidos hay presidente electo y la situación preocupa al mundo, en especial a México y a los países latinoamericanos. Es bien sabido que el actual presidente electo se expresaba de manera despectiva hacia los mexicanos y migrantes latinos y, en consecuencia, las estrategias apuntan a la deportación masiva y un control aún más estricto en las fronteras con nuestro país. Los resultados de las elecciones demostraron que las minorías no lograron integrarse en una sola voz. Los votos de latinos en Florida fueron insuficientes y lo mismo ocurrió en otros estados clave.

Sin lugar a dudas, preocupa que la sociedad estadounidense ha demostrado tener una especie de doble moral que se explica en el triunfo de un candidato que parecía ser llamativo, pero no necesariamente compatible con la presidencia de Estados Unidos. Quizás el triunfo de Trump se explica en la voluntad oculta de los estadounidenses con respecto a la selección del nuevo presidente, es decir, de aquella parte de la población que simpatiza con Trump y no lo expresó frente a sus connacionales. Personalmente, no considero que sólo haya sido una cuestión de suerte. Hoy, el mundo se encuentra a la espera de lo que viene a partir del próximo 20 de enero de 2017.

En el futuro podemos pronosticar que habrá un desequilibrio inminente en cuanto a las relaciones entre América Latina y Estados Unidos. En situaciones como la normalización de las relaciones con Cuba o mantener el libre comercio con México por medio del Nafta (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), el escenario no parece ser favorable. El impulso que Barack Obama mantuvo para estos asuntos se verá interrumpido por cambios políticos orientados a la falta de cooperación. La tensión crece paralos países que “miran al norte” – en especial, México, Colombia, Honduras y Argentina -.

En el tema de migración, las deportaciones a los inmigrantes son solamente el comienzo de la crisis. El problema al que muchas familias latinas se enfrentarán tiene que ver con las restricciones al envío de remesas hacia sus países de origen así como las medidas de seguridad en territorio fronterizo. Otro asunto, no menos importante, implica la derogación de la Ley de Ajuste que protegía a los migrantes cubanos y les otorgaba su estancia en el país del norte a la vuelta de un año.

Hoy vemos a una América Latina repleta de inquietud por quienes viven dentro de los Estados Unidos y por aquellos que podrían salir a partir de un escenario de riesgo. El discurso de Trump abona a un panorama desalentador en cuanto a los aspectos económicos y sociales pese al escepticismo que perduró durante su campaña. Los efectos en la economía se han materializado en la desventaja que el peso obtiene sobre el dólar producto de la especulación. El poder que las palabras del presidente electo adquieren una relevancia que sin duda podría quebrantar las futuras relaciones con los países del sur.

América Latina, en el contexto actual, es un mercado que Estados Unidos podría desaprovechar a falta de cooperación regional. El establecimiento de aranceles como medida de protección de la economía estadounidense es una de las opciones más viables para Trump. En consecuencia, la continuidad de un sistema con instituciones fuertes y de contrapeso hacia los múltiples liderazgos se quebrantará ante un país que eligió a un presidente que se proclama “opuesto y ajeno al establishment” impuesto por la actual clase política norteamericana. La esperanza se mantiene en las decisiones que el Congreso tome antes de aprobar cualquier medida impulsada por el empresario.

De lo que estamos seguros, al menos por ahora, es que se suscitarán cambios bruscos en cuanto a la situación de América Latina a partir del siguiente año. El martes, los estadounidenses eligieron no sólo su futuro, sino el de los vecinos del sur entre los cuales estamos los mexicanos. Las elecciones han pasado y el triunfo se da a partir de la voz de los americanos que gustan de protegerse de los migrantes – considerados como potenciales criminales -;  los que se manifiestan en contra del libre comercio y, principalmente, los miembros de la clase trabajadora que quieren que “América sea grandiosa nuevamente”.

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