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El hijo pródigo de Parácuaro

31 de agosto, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

`Por: Ramón Hernández Reyes

 

Dos luminarias le cantan a Michoacán y México, un amor eterno desde el cielo y unos trozos de mi alma desde la tierra.

 

Michoacán y México se encuentran de luto, uno de sus hijos pródigos se ha ido a rendirle cuentas al Creador y a alegrar los corazones en el cielo. Alberto Aguilera Valadez no cantará más en los escenarios de Michoacán, de México y del mundo, se ha ido uno de los seres más prolíferos de la época moderna de México.

Sin querer incursionar en las artes —que no es lo mío—, ante la pérdida de uno de los grandes de la farándula, Juan Gabriel, por ser paisano me siento obligado a realizar algunas reflexiones sobre la vida y legado de uno de los michoacanos más sobresalientes de los últimos años, apartándome de la numeralia y de las estadísticas que abundan en diversos medios de comunicación y exponen una de las razones por las que se considera a Juan Gabriel como uno de los más grandes artistas de nuestros tiempos.

Alberto Aguilera Valadez era oriundo de uno de los municipios del estado que ha sido azotado por la carestía e inseguridad; no obstante, su gente es ufana, trabajadora, cálida y generosa —me refiero a uno de los municipios de Tierra Caliente en Michoacán: Parácuaro—, razón por la cual se explica la generosidad que caracterizo a este personaje durante toda su bonanza, debido al medio en el que a temprana edad se desenvolvió, tanto en su vida personal como en la sociedad que lo rodeaba.

Lo carismático de Juan Gabriel, y quizás también su penetración y cariño social, se debió a su testimonio de vida. Fue una persona de esfuerzo, que cotidianamente hacía de la lucha su estandarte para salir adelante. Su grandeza se debe a que en medio de las adversidades y las limitaciones supo encontrar la fórmula secreta para salir adelante; obtuvo un beneficio social y económico, sí, pero no se quedó con él, lo compartió, y muestra de ello es que en las dos ciudades que marcaron su vida —Parácuaro y Juárez—,aparte del legado musical que les heredó, generó múltiples aportaciones en su beneficio y de su gente: tenemos en ambas partes calles adoquinadas con alumbrado, orfanatos, casas-hogar, escuelas de música, ello sin tomar en consideración las múltiples donaciones y aportaciones económicas que otorgó a diversos sectores de la sociedad.

Su reconocimiento es que habló con hechos sobre altruismo. Adoptó oficialmente cuatro hijos, pero fue padre de un centenar en albergues, orfanatos y casas-hogar. No lo hizo por pose, ni mucho menos por incrementar su fama en la farándula; lo hizo porque así se lo dictó su conciencia humana y su solidaridad, producto de sus experiencias.

El llanto de todos los estratos sociales por la partida de Juan Gabriel no es cosa del destino o de la casualidad. Su música y sus conciertos penetraron como el agua en todos los sectores de la sociedad mexicana y mundial: en los intelectuales, en los de la farándula, en los políticos, en los del deporte, en la Iglesia, en los centros educativos, en las familias, en los mexicanos, en los gringos, en los europeos y japoneses, en los grupos de diversidad sexual, en los grupos vulnerables; pero, sobre todo, en el pueblo, en las clases desprovistas.

Entre los intelectuales no había quien se le resistiera; las grandes mentes por lo menos hablaban o cantaban una canción de su autoría. Previo a su partida, el gran Calos Monsiváis le dedicó unas letras en reconocimiento a su vasta trayectoria. Fue recibido en tres ocasiones en el receptáculo de máxima expresión en las artes en México —el Palacio de Bellas Artes—, en donde muchos sueñan estar, pero pocos son los que acceden. Desde ahí cautivó a propios y extraños, lo mismo bailaban grandes políticos, como lo hacía en las afueras la gente de a pie, su gente, la del esfuerzo, los pobres de recursos, pero ricos de alma.

En la farándula, no se diga; ciento de artistas buscaron afanosamente interpretar sus canciones, conocerlo o por lo menos que les diera un consejo. Fue hacedor de otros grandes. Sus canciones permearon en el cine, en las telenovelas, en las voces de otros cantantes, artistas y músicos. No había ni hay concierto en que no se interprete una melodía de él.

En la política, sin serlo, motivó el encuentro de varios de ellos; lo mismo departía los alimentos con presidentes, congresistas, gobernadores y servidores públicos, que también ayudaba en la promoción de varios territorios del país. También acompañó en programas de labor social a promotores en beneficio de los más necesitados. Aún después de su muerte fue motivo de inspiración y remembranza por parte de líderes de Estado de México y otras naciones.

En los deportes conoció y motivóa varios deportistas profesionales, amateurs y principiantes, privilegiando el deporte en lugar de la mendicidad, la adicción y la vagancia. En los grupos corales de las iglesias no había feligrés que no quisiera interpretar “Buenos días, señor sol”. También interpretó su más bello repertorio en varias ocasiones para agasajar por motivo de su cumpleaños a la patroncita de América y morenita del Tepeyac. Lo mismo sucedía en las escuelas. Las canciones de Juan Ga no se escapaban de ser cantadas en la entrada, en el recreo o salida de clases, no dejaban de usarse para las estrategias de las conquistas primaverales o de veraniegas almas joviales que empezaban a experimentar lo que es el amor.

Alberto Aguilera fue valiente, porque con dignidad y entereza confirmó su orientación sexual; nunca la negó, aun cuando ello le implicó recibir infundios y calumnias, así como enfrentar a mentes conservadoras e inquisitivas de sus tiempos. Siempre defendió con gallardía y enseñó que la diversidad sexual es un derecho al igual que cualquier otro, y combatió las mentes anquilosadas de su época y —¿por qué no decirlo? — de la actual. Antepuso su música por encima de cualquier idea o pensamientoracista o discriminatorio. A través de sus letras enseñó que era mejor convivir a ser intolerantes.

Entre el pueblo no faltaba quien cantara una canción en las reuniones familiares, quien interpretara a Juan Ga en un desamor, quien cantara sus canciones en un viaje en camión viendo al horizonte y deseando un futuro promisorio. Con su “Amor eterno” apaciguó el tormento y tristeza de la viuda, del huérfano, de quienes habían perdido un ser querido.

Su música fue bálsamo para los corazones rotos, los desilusionados del amor, los defraudados en la confianza, los renegados y los de espíritu vagabundo. También sus composiciones han sido motivo de reflexión para observar el pasar de la vida con optimismo y —¿por qué no?— con alegría, para demostrarnos a nosotros mismos que los mexicanos somos alegres, cariñosos, familiares, comprensivos, dadivosos y llenos de fe.

Pero, sobre todo, Juan Gabriel, fue y será el motor inspirador del pueblo. Con su testimonio de lucha demostró que el camino para ser exitoso en la vida es solamente con trabajo, dedicación y constancia;nos enseñó que a las vicisitudes se las vence con perseverancia, con alegría, pero sobretodo con devoción. Transmitió a través de sus canciones cómo convertir una espina en una rosa, cómo convertir una tragedia en un poema, cómo hacer reír a los corazones más tristes, cómo expresar el amor como el más bello sentimiento a los demás, cómo olvidar un desamor y una pena, cómo darle poca importancia al peso y mucho peso a los sentimientos.

Pensar en Juan Ga, y recordarlo, es saber que sí se puede, que nosotros podemos cambiar nuestro entorno con alegría y deseo, que los michoacanos somos grandes y podemos día con día inspirarnos, e inspirar a los demás en cambiar, que aun en el entorno más pesimista y negro podemos —a través de nuestros actos— ver la luz y radiarla a los demás.

Juan Gabriel no sólo es un testimonio de un personaje de lucha: representa a la grandeza de la gente de Parácuaro y la entereza de los michoacanos que con dedicación y esmero podemos hacer las cosas bien, luchando por un futuro promisorio y en beneficio de nuestros hijos.

La grandeza de nuestro ilustre paisano rebasó la frontera nacional y, con su brillo, iluminó el entorno internacional. Es, sin duda, un parámetro a seguir que deja entre nosotros un camino largo y sinuoso, pero promisorio. Salud, pues, por una nueva estrella que nos ilumina desde el firmamento. Por lo pronto escucharé una melodía de su autoría para recordarlo. Yusted ¿qué opina?

 

Ramón Hernández R.

[email protected]

@HernandezRRamon

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