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La propaganda electoral, institucional y gubernamental (II)

6 de abril, 2016

admin/La Voz de Michoacán

La televisión será la base de la opinión pública. Ha creado un mundo esquizofrénico en el que entre el individuo y lo global no hay nada. Alain Touraine

Como comentábamos en el artículo anterior, la propaganda –electoral, institucional o gubernamental– también puede darse a través de la radio y televisión; sin embargo, este rubro se encuentra reservado –como ya se señaló– al Instituto Nacional Electoral (INE), tanto por disposición de la Constitución Federal como de las propias leyes ordinarias federales y locales, aspecto que se abordará más adelante.

Es importante reiterar que está permitida la propaganda personalizada, la cual tiene como restricción publicarse antes del inicio del proceso electoral. Es decir, un ciudadano común puede promover su imagen, siempre y cuando lo haga antes del inicio del propio proceso electoral; una vez iniciado éste, tendrá restringido este derecho. Otra limitante que la propia ley marca es que la promoción personalizada nada tiene que ver con aspiraciones políticas a cargo público alguno, so pena de incurrir en actos anticipados de precampaña, aun cuando sea previo al inicio del proceso electoral.

Como ejemplo de lo anterior podemos citar las recientes propagandas institucionales de dos líderes nacionales de sus respectivos partidos políticos, en las que–aun cuando se trataba de una propaganda de su instituto– aparecía la imagen y expresiones de las personas, lo cual a criterio de la autoridad administrativa y jurisdiccional fue incorrecto y ordenó de manera inmediata la suspensión de dichos spots.

Por lo tanto, debemos considerar que la propaganda personalizada –a considerar como una cuarta clasificación a la propaganda– también tiene sus limitaciones y espacios en los cuales puede orbitar.

De la propaganda transmitida en radio y televisión podemos decir muchas cosas. Empezaría por mencionar que uno de los hartazgos del ciudadano es que en el actual sistema de transmisión de propaganda de radio y televisión se utiliza –vía ley– una verdadera inquisición en perjuicio del televidente, que poco o casi nada desea saber de propaganda, y máxime cuando estos espacios de comercialización se dan para interrumpir un evento inédito o poco común en el cual centra su interés. La simple interrupción de su programa preferido genera molestia, y cuando esta interrupción ha sido para transmitir propaganda –electoral, institucional o gubernamental– su ira aumenta aún más.

Ello, desgraciadamente, va en contra también de partidos políticos, candidatos, gobernantes, militantes y, ¿por qué no?, hasta en contra de las propias autoridades electorales, teniendo como consecuencia un malestar generalizado y prolongado y la abstinencia de conocer sobre los temas político-electorales.

Lo aquí mencionado pudo verse en la visita reciente de SS Francisco a tierras aztecas, en la que la audiencia percibió el fenómeno ya mencionado y se revivió más con los comentarios de los conductores de dos cadenas televisivas importantes a nivel nacional, quienes hasta fueron denunciados por parte de la autoridad electoral, y al final se les absolvió por parte de la autoridad jurisdiccional.

¿Qué hacer entonces para que el ciudadano esté informado de las propagandas gubernamentales, institucionales y electorales, sin que afecten los programas de transmisión –común– y no generar así antipatía al respecto? Más aún, ¿qué hacer para incentivar a la ciudadanía a ver las pautas oficiales que por ley se tienen que transmitir de los diversos actores políticos, sus partidos y el gobierno? Las respuestas a éstas y otras interrogantes no son sencillas de contestar.

Considero que se deben cambiar por ley los formatos que se transmiten, y para ello también debe cambiarse la manera en que son presentados éstos ante la audiencia. La propaganda transmitida en formato de comercial resulta poco halagüeña e inspiradora, dado que no se necesita ser especialista para saber que los comerciales son pautas que se encuentran adyacentes a un programa principal y, por lo regular, durante esos espacios la audiencia se aburre o realiza otra actividad previo al reinicio del programa; por el contrario, en la transmisión del programa de que se trate, la audiencia generalmente pone más atención que en los propios comerciales(compruébelo usted mismo: ¿qué hace en el intermedio de su película, noticiero o programa preferido? Y sabrá de qué estoy hablando).

Lo anterior nos lleva a pensar que la propaganda –cualquiera que sea su modalidad– debe transitar de un simple comercial a un programa. O sea, los minutos de transmisión de la propaganda que por ley se tiene derecho deben juntarse en un solo programa diario o, en su defecto, aumentarse, pero en programas especiales para ello.

Esto conlleva a pensar necesariamente en la necesidad de crear un canal y estación exclusivos para la difusión de derechos políticos electorales y de educación cívica. La respuesta en concreto es, pues, que en un canal similar a los canales del Congreso o del Poder Judicial se hicieran las transmisiones de la propaganda en programas cuya duración fuese como mínimo de media hora o una hora, para dar oportunidad al ciudadano de que tenga la opción y no la obligación de verlo, y en el cual tuvieran acceso en las transmisiones las entidades federativas a través de los partidos políticos, los candidatos y los diversos órdenes y niveles de gobierno.

Este canal no sólo podría transmitir la propaganda, sino generar también una cultura cívica, que empieza a través de los niños que aspiran en una etapa de su vida a ser ciudadanos. Porque ¿cómo queremos incentivar ciudadanía de la noche a la mañana en los jóvenes si ellos no han tenido desde niños la oportunidad de involucrarse en los procesos de participación ciudadana? Por tanto, los programas deben ser de contenido infantil, de audiencia mayor y en diversos formatos tales como programas infantiles -caricaturas, cuentos, etc.-, noticias, documentales y paneles de especialistas y ciudadanos, en los que verdaderamente se refleje el involucramiento y convergencia de los ciudadanos, candidatos, partidos políticos y gobierno, así como las actividades de las autoridades administrativas y jurisdiccionales electorales, para que se fomente el cumplimiento a la ley y la legitimación y legalidad de éstas.

La radio no se escapa de este formato; es más, a través de este medio se haría una transmisión simultánea de lo que se ve y de lo que se escucha a través de un solo formato de canal y estación. Obviamente, ambas administradas por la autoridad, en donde las asignaciones continuarían a cargo del INE, quien además tendría la facultad de revisar los contenidos.

Otro aspecto más a contemplar es que este ejercicio –creación de canal y estación, así como la transmisión de programas–se pudiese llevar a cabo de manera paulatina en el interior de los estados; es decir, que las entidades federativas contaran con sus propios canales y estaciones de transmisión de propaganda político-electoral y cultura cívica.

La transmisión de propaganda en radio y televisión debe generar más familiaridad para la ciudadanía; además, debe inculcar en ella un quehacer y reflexión, un deseo de involucrarse en los temas políticos y las herramientas con que cuenta para participar en las decisiones públicas, de tal suerte que es imperante abordar el tema de la propaganda en diversos medios y en radio y televisión con la finalidad de realizar un replanteamiento al respecto. Volvamos a los inicios, pero con herramientas nuevas, involucremos a la sociedad y dejémosla participar. Por lo pronto… usted ¿qué opina?

 

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@HernandezRRamon

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