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La propaganda electoral, institucional y gubernamental (Parte I)

30 de marzo, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Un sociólogo norteamericano dijo hace más de treinta años que la propaganda era una formidable vendedora de sueños, pero resulta que yo no quiero que me vendan sueños ajenos, sino sencillamente que se cumplan los míos.  Mario Benedetti

 

Un aspecto importante que debe ser tomado en consideración por el legislador al momento de arrastrar la pluma para las adecuaciones de la ley en materia electoral es el relativo a la propaganda electoral, la cual debe ser regulada más allá de los procesos electorales. Dada su envergadura, a la propaganda electoral la podemos analizar desde dos puntos de vista; el primero, respecto de la propaganda colocada en diversos medios de comunicación que no tengan que ver con radio y televisión; y la segunda, relativa a la comunicación a través de la radio y televisión.

Si bien es cierto que la propaganda electoral es utilizada principalmente en los procesos electorales —es cuando en realidad ocasiona un impacto fuerte ante el electorado— no debemos olvidar que también existe otra propaganda que puede o no estar dentro de los procesos electorales, y se encarga de difundir los ideales y aspectos importantes de los institutos políticos, de manera primordial, o instituciones gubernamentales: la llamamos propaganda institucional y gubernamental.

En efecto, la propaganda va dirigida a tres aspectos, a saber: 1) la propaganda electoral, la que conocemos dentro de los procesos electorales, cuya finalidad es posicionar a los contendientes políticos, y en su caso a los institutos políticos que los postulan; 2) la propaganda institucional, la que se utiliza por parte de los partidos o agrupaciones políticas, cuya finalidad es posicionar ante la ciudadanía los ideales y principios partidarios o gremiales; y por último, 3)la propaganda gubernamental, que es la utilizada por los entes gubernamentales para dar a conocer a la ciudadanía acciones, mensajes y obras de gobierno.

En términos político-electorales, las tres clasificaciones de la propaganda pueden ser dirigidas a través de dos vertientes: 1) radio y televisión, cuya administración corresponde única y exclusivamente al Estado a través del Instituto Nacional Electoral; y 2) las utilizadas a través de diversos medios de comunicación que no son radio y televisión; éstas pueden ser a través de espectaculares, medios impresos y digitales de comunicación, bardas, pintas, volantes, páginas de internet, salas de cine, camisas, plumas, etc.

Dada su trascendencia y la importancia que este tema reviste, lo analizaremos en dos partes; primero analizaremos la segunda de las clasificaciones y en el siguiente artículo abordaremos la propaganda en radio y televisión. Veamos:

Actualmente, la legislación permite llevar a cabo propaganda electoral, institucional y gubernamental, como ya mencionamos. Cada una tiene finalidades y espacios diferentes: mientras la primera sólo puede utilizarse en el proceso electoral y se califica en propaganda de precampaña, respaldo ciudadano y campaña, la segunda puede ser utilizada dentro o fuera de proceso; en tanto, la tercera puede ser utilizada en cualquier momento, menos en las campañas electorales. Existen otras reglas respecto de las promociones personalizadas, pero ésas las abordaremos más adelante.

El aspecto importante a analizar, más que los cómos—es decir, los contenidos de la propaganda electoral—, es la manera en la cual ésta se difunde y los espacios utilizados para ello. La legislación actual permite llevar a cabo la promoción de propaganda —en sus tres aspectos— en diversos lugares y a través de distintos medios, siempre y cuando no se coloque en equipamiento urbano (banquetas, puentes peatonales, postes de luz y de teléfono, oficinas públicas, monumentos, mupi’s –mobiliario urbano con aprovechamiento publicitario-, entre otros) y en accidentes naturales (montañas, arboles, accidentes geográficos, entre otros).

Una de las grandes inconformidades ciudadanas al referirse a las diversas propagandas —más allá de su contenido— es su colocación y divulgación indiscriminada, la cual se acentúa en los procesos electorales. La ciudadanía se encuentra constantemente asediada por los distintos mensajes que en espectaculares, periódicos, volantes, camisas, plumas, vasos y revistas, así como en los medios electrónicos masivos de comunicación, lanzan los candidatos, los partidos y agrupaciones políticas, los servidores públicos y los entes de gobierno. La pregunta obligada aquí es saber cómo se regula la publicidad de los partidos políticos, sus candidatos, los entes gubernamentales y los servidores que permitan armonizar de manera natural con la sociedad. La respuesta es clara: colocando la misma en espacios materiales y por periodos de tiempo determinados.

De inicio partimos de dividir los espacios en tiempos en los que se debe publicitar la propaganda, y así tenemos que en proceso electoral se prohíbe la propaganda tanto institucional partidista como la gubernamental y del servidor público, dada la naturaleza que abarca el propio proceso, en el cual la propaganda de precampaña, respaldo y campaña va inmersa de manera natural la propaganda partidista. Además, para generar condiciones de equidad e igualdad en la contienda no es recomendable transmitir o difundir propaganda gubernamental o del servidor público, dado que puede favorecer o perjudicar a los candidatos y a sus partidos políticos; es decir, por principio de cuentas la propaganda en periodo electoral debe ser única y exclusivamente para precampaña, respaldo ciudadano o electoral, dejando afuera a la institucional y gubernamental.

Hay que añadir que a la propaganda institucional y gubernamental —fuera de proceso electoral— se le prohíbe la utilización de imágenes personalizadas tanto del servidor como del funcionario partidista; es decir, se prohíbe que en dicha propaganda se utilicen en todo caso distintos rostros o imágenes en las cuales aparezca la figura del servidor o del dirigente partidista, y se centre en informar mensajes de utilidad a la ciudadanía con contenido sustancial o de difusión —a excepción de los informes gubernamentales—.

Al mismo tiempo, es importante también definir un espacio o sección determinada en donde se transmita la propaganda electoral, institucional o gubernamental, dejando al ciudadano como opción —y no como obligación— a su libre albedrío el informarse o no respecto del contenido de la propaganda. Esto nos lleva a que tanto en las ciudades como en pueblos o rancherías, así como en periódicos, medios electrónicos de comunicación, revistas y las salas de cine —físicamente o en los previos o créditos de las películas o documentales—, espectaculares, volantes, etc., exista un lugar o espacio determinado en donde se lleve a cabo la publicidad ante la ciudadanía de la propaganda de que se trate, y no en toda la ciudad, en cualquier parte del contenido de los periódicos, revistas, páginas de internet o reproducciones en las salas de cine y en todos los espectaculares, y que es precisamente lo que ocasiona antipatía y molestia a la ciudadanía.

Existen antecedentes como es el caso del municipio de Apizaco y en Chile, en donde existen acuerdos y regulaciones legales, en las cuales no sólo se prohíbe la colocación de propaganda electoral en determinados lugares, sino que la propaganda electoral se encuentra circunscrita a ser colocada en un espacio determinado para tal efecto, al cual los ciudadanos pueden acudir a informarse de manera libre —llámese propaganda electoral, institucional o de gobierno—, espacio en el cual se limitaría la repartición de volantes, trípticos, plumas, gorras y demás aspectos relativos, incluso los debates públicos, generando así una cultura de información y debate cívico democrático ante la ciudadanía.

A lo anterior sólo hay que agregar que en los medios impresos, electrónicos y salas de cine pudiera existir un suplemento especial o espacio señalado para la difusión de la propaganda, que también fuera opcional al ciudadano acceder o no a ella.

Con las medidas mencionadas —que se insiste no son novedosas, ya han sido utilizadas en otras latitudes con éxito— nosólo se generaría que se elevara el debate público, sino que se utilizarían mecanismos de persuasión, difusión y disuasión más efectivos que permitiesen a los ciudadanos ser más críticos y objetivosen la toma de decisiones electorales, partidistas y de gobierno. Se trata de convencer, no de imponer ante el ciudadano. Por lo pronto… usted ¿qué opina?

 

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@HernandezRRamon

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