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La visita del papa, elecciones y otras reflexiones

17 de febrero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

La dignidad del hombre requiere que obre según su libre elección, sin ninguna coacción externa.

SS Pablo VI

 

Tradicionalmente solemos pensar que la presencia de un proceso electivo implica la paralización obligatoria de todas las actividades gubernamentales, sociales y personales; en algunos casos asumimos actitudes irracionales e iracundas ante todos y ante todo, exigiendo total pasividad, para garantizar la equidad y la imparcialidad en las contiendas.

Consideramos de manera errónea que durante un proceso electoral las actividades gubernamentales deben cesar, y afirmamos dogmáticamente que durante las elecciones se debe suspender la educación, la seguridad pública, los servicios médicos, la seguridad social y en si los trabajos de nuestros gobernantes.

Sostenemos también que durante esta época se prohíbe hablar de política en reuniones sociales, acudir a eventos de carácter social por parte de candidatos, militantes y gobernantes; y aun llegamos a exigir que los propios candidatos, militantes y gobernantes durante seis o siete meses –periodo que dura más o menos un proceso electoral– literalmente se guarden en sus casas, para no entorpecer el proceso.

Los programas sociales no son la excepción, so pretexto de influir en la contienda. De manera ortodoxa sostenemos que las autoridades están obligadas a abstenerse durante casi siete meses de operar proyectos ordinarios e incluso extraordinarios, en beneficio de la comunidad; es decir, porque son las elecciones, las personas no deben recibir beneficios programados para paliar las constantes y variadas necesidades de la población.

La paranoia electoral llega a tal grado que al ver propaganda de carácter comercial y publicitario con color azul, rojo, verde, amarillo, turquesa, naranja, verde olivo–recientemente marrón, morado y rosa– exigimos su retiro, pues a nuestro criterio todos estos colores pertenecen de manera exclusiva a algún partido político o candidato independiente.

En la arena religiosa no existe excepción: todo lo que huela o implique imágenes, creencias y actos –mismas oraciones, periodos de reflexión espiritual–en automático y sin visa consideramos que afecta la contienda, confundiendo laicidad con ateísmo; es decir, la libertad de creencia y culto con no creer en divinidad alguna.

La regla para la mayoría de nosotros es clara: “durante un proceso electoral todo se tiene que paralizar”, porque le damos prioridad a la política antes que al quehacer cotidiano y a las necesidades del ciudadano.

Estas conductas distan mucho del verdadero espíritu imparcial y equitativo que inspiró al legislativo a incorporarlo a la ley. Un proceso electoral –como todo acto humano– es parte de la actividad social, y no al revés; es decir, las elecciones forman parte de las diversas actividades que llevan a cabo los miembros de una sociedad –gobernantes y ciudadanos–relacionadas con el estudio, salud, impartición de justicia, seguridad, agua, alcantarillado y demás.

Lo que la ley proscribe y la sociedad demanda es que todos los actos que implican un servicio público o particular sean ajenos a cuotas de candidatos y partidos políticos, así como –en la medida de lo posible–evitar confundir a la ciudadanía conque los servicios que el Estado se encuentra obligado a proporcionar, independientemente del color partidista o que la sociedad proporcione, se aparten del proceso electoral y no sean cuotas para obtener adeptos o, en el peor de los casos, votos.

Se trata de evitar que la libertad de culto y creencia no se confunda con un proceso electoral, que los actos de fe no impliquen actos de campaña y viceversa, pero que los temas religiosos no influyan en la decisión y preferencia electoral.

En estos días México ha estado de fiesta ante la visita de SS Francisco a tierras aztecas. Más allá de los datos estadísticos que resaltan que México es en su mayoría un país católico, y que es uno de los pocos países que ha sido visitado por los tres últimos obispos romanos, así como implicaciones de la visita del máximo jerarca de la Iglesia Católica, un punto obligado es analizar los lugares que ha visitado y si ello implica un impacto en el proceso electoral que actualmente viven algunos estados de la República Mexicana que se encuentran relacionados.

Como todos nosotros sabemos, la agenda del Papa abarcó diversas estancias en distintas latitudes de nuestro país. El primer y segundo día realizó sus actividades en la recién ungida Ciudad de México, lugar donde por cierto pernoctó en toda su estancia; el tercer día –el día de los enamorados– visitó el Estado de México; el cuarto día–día de quincena– visitó Chiapas; el quinto día acudió al territorio de Don Vasco de Quiroga, es decir al Estado de Michoacán, concluyendo su gira el día de hoy miércoles en el estado del Centauro del Norte, Chihuahua, para de ahí regresar a tierras vaticanas.

De las cinco entidades que visitó el Papa, en tres se están llevando a cabo procesos de participación ciudadana; en Chihuahua, un proceso electoral ordinario; en el Estado de México, un proceso electoral extraordinario; y en la Ciudad de México un profundo proceso de elaboración de su carta magna y posteriormente de la elección de sus autoridades bajo este nuevo diseño.

En ninguno de los estados involucrados, ni en todo el país, la visita de Su Santidad implica un impacto electoral que beneficie o afecte a candidato, partido político o gobernante en turno alguno. Su visita va más allá de cualquier vehemencia y tinte político.

Aún cuando empezaron a oírse voces de manera incorrecta criticando a dos gobernantes que le besaron la mano al Papa, esto desde luego no significa agresión alguna a la norma, dado que este acontecimiento lo realizan los funcionarios en calidad de personas y creyentes, en ejercicio de su libertad de religión y creencia, y también porque las entidades que representan no se encuentran en proceso electoral alguno.

La visita de Su Santidad no tiene tinte alguno político y menos electoral, aunque sus actos sean en tres entidades que actualmente se encuentran en procesos de carácter político-electoral, dado que las intervenciones del jefe de la curia romana, en todos los casos, son de carácter general, sin dirección particular hacia alguna persona, candidato, jefe de gobierno o partido político; máxime porque no implican invitación alguna a ejercer el sufragio en favor o dejar de votar en perjuicio de persona, candidato o partido político alguno o impliquen critica abierta y directa a las acciones de algún gobierno en particular, emanado de las huestes partidarias, sino más bien las sentencias son de contenido ético, moral, filosófico y humanista.

Esperamos de corazón que los colores del Vaticano no sean utilizados como instrumento de golpeteo mediático y político, con el pretexto de que representan a alguna fuerza política; primero, porque los colores no son cuotas de exclusividad de los partidos políticos, y en segundo porque el significado de los colores del Vaticano, su raíz y contenido, es distinto al manejado en el sistema político mexicano, máxime que el pantone y combinaciones son completamente diferentes.

Lo que sí está generando un golpeteo político y mediático son las declaraciones de algunos conductores de medios de comunicación, quienes de manera abierta han manifestado su inconformidad por transmitir en la casa mediática que los patrocina los spots oficiales de medios de comunicación que ordena el Instituto Nacional Electoral, en ejercicio de su facultad legal, constitucional y ordinaria; al parecer existe la inconformidad de diversos institutos políticos, quienes amagan con iniciar un procedimiento administrativo, y de hacerlo tienen grandes posibilidades de vencer en la contienda.

Otro aspecto que hay que considerar es la prohibición que tienen los funcionarios y servidores públicos en general que hayan tenido relación directa o indirecta con la visita del máximo jerarca de la iglesia católica, de beneficiarse de la imagen y del evento para sí, o para los propios aspirantes a candidatos y a sus partidos políticos, sobre todo en los estados en donde se lleva a cabo un proceso electoral, dado que está prohibida la difusión de imagen personalizada, con recursos públicos y la utilización de personalidades, imágenes y símbolos religiosos, que entremezclados denoten una finalidad meramente electorera. En este caso podrían poner en riesgo su participación en la contienda y una multa muy severa a los partidos políticos que los postulen.

Por último, un reconocimiento a nuestro Cardenal Suárez Inda, quien con cariño, esfuerzo y dedicación ha generado las condiciones necesarias para la visita papal, hecho sin precedentes en la historia de la Iglesia Católica en Michoacán; y también a las diversas autoridades de los distintos niveles, encabezadas por el Ejecutivo Estatal y el Ayuntamiento de Morelia, así como a los diversos senadores, diputados federales y locales, los delegados del Gobierno Federal, cuerpos de seguridad municipal y estatal, la sociedad civil, las universidades, los grupos empresariales, sindicatos, y la sociedad en general, sobre todo a los medios de comunicación, quienes han trabajado de manera conjunta y armoniosa, demostrando que los michoacanos cuando queremos podemos hacer bien las cosas. Muestra de ello la estupenda organización para la realización del evento y la redacción del manifiesto con motivo de la visita papal, recientemente publicado.

 

Usted, ¿qué opina?

Ramón Hernández R.

[email protected]

@HernandezRRamon

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