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Morelia, Michoacán a 4 de diciembre de 2016
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Ciudad, historia y cultura

23 de noviembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Raúl Castellano

Cuando escribo estas líneas, se deberá estar develando el busto de mi abuelo materno, el Dr. Manuel Martínez Solórzano. La efigie del Doctor fue restituida en el mismo pedestal que ocupara la primera que fue develada en mayo de 1940, en una ceremonia a la que asistí en compañía de mis padres; aquella que fue robada, no hace mucho, por ladrones o personas empobrecidas, para ser vendida por unos cuantos pesos y ser fundida. La gran desigualdad que existe en nuestra devaluada sociedad, así como la carencia de principios y falta de valores, unidos a la ignorancia que no conocen de historia patria ni de su ciudad, llevan a que ocurran estos actos vandálicos. Mucho de abandono e indolencia acompañan a este tipo de actos, como la nula vigilancia policiaca.

Veo desde luego, con gran satisfacción, el interés de la Universidad Michoacana, así como el Ayuntamiento de Morelia, para volver las cosas al estado en que se encontraban. Debo mencionar que esto fue posible, desde el punto de vista artístico, al magnífico Escultor y Maestro Fundidor, Francisco Ramírez Corona.

Más allá de los lazos de sangre que me unen al Dr. Manuel Martínez Solórzano, que lógicamente me enorgullecen, puedo decir que el Doctor Martínez Solórzano reúne méritos para que sea uno de los monumentos que adornan nuestra ciudad y es necesario decirlo: no todos aquellos que se erigen a lo ancho y a lo largo de nuestro país, merecen estar ahí. Baste recordar la de Miguel Alemán en Ciudad Universitaria, o la estatua ecuestre de López Portillo, que me recuerda la de Carlos IV, toda proporción guardada, por el trabajo artístico tan extraordinario, como la del Escultor español Luis Sanguino, pero los personajes son impresentables.

El personaje a quien hoy recordamos y celebramos, bueno es decirlo, fue el único Diputado al Congreso Constituyente de Querétaro, egresado del Colegio de San Nicolás, Universidad de la que después sería Rector; pero quizá debemos recordarle como Médico, Científico e Investigador eminente, que hace que podamos decir que era un sabio.

Si de destacar quizá una de sus virtudes principales, hay que hablar de su probidad. Por los cargos que ocupó y que nunca buscó, como la Presidencia Municipal de Morelia, dos veces, podría pensarse que debió haber hecho fortuna; sin embargo, nunca llegó a tener casa propia y tampoco tuvo carruaje.

Don Manuel vivió una vida digna y de manera modesta.

Un episodio que lo muestra en todo su humanismo y solidaridad con su pueblo, ocurrió cuando en Morelia cundió la viruela negra. Mi abuelo tenía la vacuna y sabía la manera de aplicarla. Entonces, se dedicó a aplicar la vacuna a quienes la necesitaban. Hizo todo su trabajo en forma gratuita. Hechos como este, hizo que la gente lo quisiera y respetara. Fue un hombre distinguido de esta ciudad, que merece ser recordado con ese hermoso busto y en ese lugar, y formar parte de su historia.

Las ciudades se van formando poco a poco; y en el caso de Morelia, partió de la traza cuadriculada, a la manera de las ciudades españolas; así, numerosos alarifes construyeron magníficos palacios y construcciones de gran mérito, con la ayuda de la mano de obra indígena, siguiendo al gran arquitecto. Asimismo, se hicieron calzadas, plazas, fuentes, jardines y, desde luego el gran acueducto que conducía el agua desde los manantiales hasta la ciudad para que luego, la gente llenara los cántaros para sus casas. Cada construcción, cada lugar de la ciudad, se convierte en un punto de referencia, en sitios icónicos de la ciudad Por esto, ciudades como el Centro Histórico, deben ser preservadas para las siguientes generaciones. Celosos debemos de ser con nuestro patrimonio.

El busto del Dr. Martínez Solórzano que fue develado el lunes, está hecho de bronce, como el primero, y ambos con una pátina hermosa de color café claro, que la hace lucir en todo su esplendor. Al respecto, es conveniente decir que el bronce fue la primera aleación importante, obtenida por el hombre. Por este metal se le puso el nombre de Edad de Bronce, a una época remota de la humanidad. Al cobre, en proporción del 88%, se le alea con el estaño en proporción del 3 al 20%, para que nos de el bronce, o con cinc, para que nos de latón. La pátina se obtiene mediante la aplicación de distintos ácidos  y calentamiento con soplete para agilizar la oxidación. Las aleaciones más antiguas datan del cuarto milenio a. C. en Susa, hoy Irán.

Los bronces, aunque desarrollan pátina, no se oxidan bajo la superficie. Resiste la corrosión, incluso de origen marino. A los monumentos artísticos de bronce, hay que permitirles que por sí solos se oxiden y así podremos ver como va cambiando su pátina.

Con gran preocupación he observado que a los bronces existentes en Morelia, en el afán de conservarlos “limpios”, se les embadurna una grasa negra que constituye una agresión a las obras artísticas de bronce y contradice lo que acabo de consignar. Dejen la pátina original, no la destruyan. Si la obra estuviera sucia por que las aves defequen sobre ellas, u otra clase de basura, límpienlas con agua y si se quiere, pónganles un poco de cera, del tipo que se les pone a los metales o autos.

Háganlo así, y las esculturas lucirán hermosos y no horrendas como muchas que las han ensuciado de negro. Desde aquí, mando un S.O.S. al Presidente Municipal de Morelia, para hermosear, aun más, nuestra ciudad.

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