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Desigualdad insoportable

22 de julio, 2015

admin/La Voz de Michoacán

No me cabe duda que todos estaremos de acuerdo, en que las cosas en México andan mal, y decir que simplemente que andan mal, es tan solo una manera de expresar un sentimiento, aun cuando la realidad es que andan terriblemente mal.

Y las cosas andan terriblemente mal, en todos los temas. La inseguridad y la violencia, junto con la economía que va aunada a la baja del peso frente a otras monedas; el desaire a la Ronda Uno con la que se licitaron 14 bloques que no animaron a las empresas, con lo cual el tan esperado acto para el que habían  aguardado 57 años, resultó un fracaso.

Esta ha sido la respuesta a la repudiada y entreguista Reforma Energética; la corrupción que ha venido a desfondarse con la escapatoria de uno de los delincuentes más peligrosos de los últimos tiempos, de un penal de supuesta “máxima seguridad”, que hace que este gobierno, con su Presidente a la cabeza, haga el mayor de los ridículos; los excesos en los gastos presidenciales que, tan solo en publicidad personal, durante los dos años de gobierno, ascienden a 10 mil millones de pesos; el avión presidencial de altísimo precio; sus viajes con una cauda de invitados que no van sino a pasearse con cargo al erario.

El gobierno aplicó un fuerte aumento de impuestos en 2014; los ingresos tributarios crecieron 11.3% en términos reales en 2014, y el impuesto especial por servicios, distintos de la gasolina y diesel, subió nada menos que al 52.3%.  Esto, ha provocado una fuerte desaceleración económica, que ha causado que en lugar de crecer al 4% anual, el país crezca a menos del 2%.

Las cifras sobre el crecimiento del producto interno bruto, son desalentadoras; en el primer trimestre del año en curso, fue de tan solo 0.4%, que si se mantiene en este nivel, anualizado daría apenas un 1.6%, y ya vimos que no será la Reforma Energética la que impulse el desarrollo de México.

Este panorama tan siniestro me lleva a pensar que el problema, visto desde su raíz, radica en el sistema político mismo. Un sistema que ve todo como negocio, de suerte que lo que mueve a este gobierno, es el incremento de impuestos, la venta de concesiones, la venta de hidrocarburos y otros renglones susceptibles de hacerse de dinero; sin embargo, lo que está ausente, es el mejoramiento de la gente, la reducción de la pobreza, mediante acciones y políticas efectivas, que vayan más allá de la caridad con propósitos partidistas y electorales, como los que lleva a cabo la SEDESOL, con la traidora a la cabeza.

Hace poco, Oxfam publicó un estudio de la mayor importancia, al que por razones fáciles de comprender, no se le dio la debida difusión. Se trata de un documento titulado “Desigualdad extrema en México”, que resulta fundamental si se quiere revisar el rumbo de la economía y la política en nuestro país.

La novedad de este trabajo no radica en que se diga que en nuestro país hay una gran desigualdad, pues todos saben la enorme cantidad de mexicanos que viven en la pobreza y en la pobreza extrema. El mérito está en dar a conocer las grandes diferencias entre los muy ricos y “los de abajo”, como ya el escritor Mariano Azuela se refirió a los que menos tienen.

Aquí en México, el 1% de la población más rica, que corresponde, más o menos, a 1 millón 250 personas, dispone del 21% de los ingresos totales del país. Y el estudio va más allá, para señalas que aun dentro de este pequeño grupo de un poco más de i millón de personas, hay gran desigualdad. Veamos: los cuatro mexicanos más ricos, Carlos Slim, Germán Larrea, Alberto Bailleres y Ricardo Salinas Pliego, ha ido en aumento, ya que en 2002 la riqueza del estos cuatro personajes representaba el 2% del PIB; pero el año pasado se elevó al 9%, lo que significó un aumento del 450% en tan solo doce años. El caso de Slim es verdaderamente sorprendente, pues tiene una fortuna de más de un millón de millones de pesos, que si se le compara con el crecimiento global del PIB per cápita mexicano, de los últimos veinte años, apenas se mueve dentro del 1%. Cifras estas que resultan apabullantes, injustas, insoportables.

Y ¿como explicar el problema? ¿Acaso se trata de mentes privilegiadas, de mentes brillantes que son capaces de hacer sorprendentes negocios, lo que les ha permitido acumular estas fortunas fabulosas? Pues no. Este cuarteto se ha enriquecido de manera exponencial, gracias al carácter monopólico de sus actividades y por sus ligas con el poder, a través de la privatización, la concesión o la regulación a modo. Y como si esto fuera poco, hay que agregar la existencia de una política  fiscal orientada a gravar más al consumo general que al ingreso personal o empresarial. México tiene una de las tasas más bajas de los 34 países miembros de la OCDE, sobre los ingresos por dividendos.

Otra de las cifras duras de la desigualdad la encontramos en los porcentajes del Producto Interno Bruto, en donde apenas el 27% va a dar a los asalariados, mientras al capital le corresponde el 73%. Pero lo peor del asunto, es que la tendencia de la brecha, entre capital y trabajo, va en aumento, de suerte que trabajar por un salario no tendrá sentido en este país, si tomamos en cuenta el poder adquisitivo y el salario mínimo que al día de hoy es apenas 25% de lo que era en 1976. Las consecuencias son devastadoras, pues quienes aun ganan el salario mínimo, en la actualidad se encuentran por debajo del umbral de pobreza.

Todo esto da como resultado que 10% de mexicanos vivan en condiciones de pobreza extrema; 35% viven en condiciones de pobreza moderada y otro 35% caen en lo que se le llama vulnerabilidad por carencias e ingresos. Tan solo uno de cada cinco mexicanos puede clasificarse como “no pobre y no vulnerable”.

Todo esto nos debe llevar a una conclusión: el modelo económico y social es un fracaso, a la luz de una nación democrática, en la que el Estado tiene como obligaciones esenciales que le impone el Derecho, el velar por la Seguridad, entendida como la seguridad a las personas y sus propiedades, así como a la seguridad jurídica que ofrece la protección y aplicación de la ley a todos por igual; procurar el Bien Común, de suerte que mejoren las condiciones de vida para todos, pero especialmente para los que menos tienen.

No obstante lo anterior, como señala Lorenzo Meyer, México podría ser definido como una estructura de poder destinada para extraer mucho para los muy pocos y dejar muy poco para los muchos. De aquí la enorme desigualdad que hace que no haya Justicia.

 

 

 

 

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