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Indignación

1 de abril, 2015

admin/La Voz de Michoacán

La indignación es tanta, a todo lo largo del país, que llega a extremos delirantes. Esto responde a la idea de millones de mexicanos que creen que el país va directo a una catástrofe colosal.

La violencia y la corrupción combinadas, han dado como resultado, la formación de una bomba de tiempo a punto de explotar. El gobierno y los políticos, de todos los partidos, son el blanco de esta furia que recorre la nación, y la silueta preferida es la de Enrique Peña Nieto.

El gobierno se ha desdibujado; nadie atiende los problemas más urgentes de la gente; la autoridad ha desaparecido. Como ejemplo citaré las expresiones de dos mexicanos talentosos que trabajan en el extranjero con una perspectiva crítica mucho mejor de la de la mayoría de la gente. Ellos han dicho, abiertamente, como lo hizo Alejandro González Iñárritu, el director de cine ganador de varias estatuillas del llamado “Oscar”, que “Los gobiernos ya no son parte de la corrupción. El Estado es la corrupción” y el otro destacado cineasta, Guillermo del Toro, dijo: “Me encantaría sentarme con la clase política y prenderles fuego para que hubiera voluntad histórica, no nomás voluntad de robar”, así como “Fernando del Paso, escritor laureado, autor del libro “Noticias del Imperio” y que por su propio quehacer, tanto él como Iñárritu y del Toro, son observadores acuciosos de la historia y discurrir de la patria mexicana, ha dicho recientemente que “Nuestra patria parece desmoronarse, algo se está quebrando en todas partes”.

Eso han dicho algunos de los notables del arte en México, y no les falta razón; pero no solo este tipo de hombres son capaces de darse cuenta de que algo muy malo está ocurriendo. Seguramente no lo expresan de manera tan concreta, tan precisa, pero su descontento es un clamor que no puede ser acallado. Se trata de los ciudadanos comunes y corrientes.

Esto mismo es lo que piensan esos millones de personas, divorciadas de la vida democrática y el quehacer político del país, al haber sido excluidos ex profeso, marginados totalmente, y substituidos por una partidocracia, ese sistema corrupto que se ha enseñoreado en México y que tiene secuestrada a nuestra democracia.

Peña Nieto comienza a acumular problemas pues llega a la manera de producto televisivo, sin cercanía a la gente, y heredero de un gobernador acusado de haber sido uno de los más rapaces que ha tenido este país, y una falta de legitimidad, ante las acusaciones de haber inyectado mucho dinero de orígenes desconocidos, a su campaña y por la utilización de las tarjetas de Monex de las que aún producen efectos negativos, por haber aparecido dinero derivado de ellas, en una de las cuentas secretas del director de su campaña, en el Banco HSBC, en Suiza.

El caso de Ayotzinapa le revienta en las manos al Presidente, y aun cuando él no generó el problema, el mal manejo de la cuestión, principalmente por quien fuera el Procurador de la República y el silencio de Los Pinos, cuyo huésped es tan dado a salir en Televisa casi a diario, hacen crecer este ignominioso crimen, que al no poder ser resuelto, sigue dentro de los temas de mayor descontento, aún pasado medio año de los acontecimientos.

La Casa Blanca, como se le ha llamado a una mansión de 8 millones de dólares de la que se hizo el Presidente por medios tortuosos, y para salir del paso involucró a su esposa, y salió a defender lo indefendible e hizo más obvio el llamado conflicto de intereses con el dueño de la constructora HIGA, que más que eso corresponde al delito de enriquecimiento ilícito. Y casi de inmediato se destapa que su esposa es dueña de otra residencia contigua a la Casa Blanca y frente con el Paseo de las Palmas, en las Lomas de Chapultepec. Pero la cuestión no para aquí, ya que poco después sale a la luz el hecho de que el Presidente tiene una residencia de descanso en Ixtapan de la Sal, que le “vendió” otro contratista, que hasta hace poco no lo era, que resulta que es su amigo y compadre, el señor San Román.

Cuando la gente pensó que el escándalo era suficientemente grande como para que Peña Nieto renunciara, el periódico Wall Street Journal, da a conocer la noticia de que Luis Videgaray, nada menos que Secretario de Hacienda del Presidente Peña, tiene una residencia de descanso en un conocido Club de Golf, de la que se hizo a través de HIGA, el mismo constructor de la Casa Blanca, y consentido de Peña Nieto desde el gobierno del Estado de México, que ha ejecutado obra pública por muchos miles de millones de pesos.

La burla al haber revivido a la agonizante Secretaría de la Función Pública y encargarle a Virgilio Andrade la investigación del escándalo de las casas, aun cuando no tiene facultades para ello.

El proyecto multimillonario para abastecer a la ciudad de Monterrey, de agua llevada de otros estados, que sus críticos dicen no ser necesario.

La orden dada por EPN, para comprar el más sofisticado avión, para su uso, con un costo de varios miles de millones de pesos y la construcción de un nuevo hangar, por parte de HIGA, pues en el anterior no cabía.

El asalto al Poder Judicial, al haber propuesto a uno de sus incondicionales, Eduardo Medina Mora, con un negro historial para ser Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y operar con un Senado obsecuente, su designación. Y por si fuera poco, designar a Arely Gómez como Procuradora General de la República, ligada como Medina Mora a Televisa. Ambas designaciones son aberrantes.

La censura empleada para callar a Carmen Aristegui, una voz crítica indispensable en el periodismo mexicano, en represalia por haber difundido el escándalo de la Casa Blanca.

Todos estos son algunos de los agravios en contra de la ciudadanía que ya está harta e indignada, por todos estos excesos que, además, son cubiertos por un manto de impunidad.

Y todo esto ocurre en medio de la desconfianza y la incertidumbre. El país navega sin rumbo. No existe un proyecto de Nación. La Constitución General de la República, ha sido desfigurada, al extremo de que nuestro Contrato Social ya no responde a lo que la mayoría de los mexicanos quiere. Por esto, es preciso darnos una nueva Ley Fundamental para salvar al país del caos.

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