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Nuevo proyecto de nación

7 de septiembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Raúl Castellano
Ya han pasado más de dos años, desde que publiqué, en este mismo espacio, un artículo al que llamé “Constitución Desvirtuada”, en dos entregas. Entonces señalé, entre otras cosas, que la Constitución de 1917 que nos rige, no es la misma que la que el Constituyente de Querétaro promulgó. Desde entonces, hasta el 15 de enero de 2014, ha sido reformada 573 veces, a través de 214 decretos de reforma; hoy, es tres veces más larga que el texto original, pues pasó de 22,000 palabras a unas 60,000, aunque el aumento no la hizo mejor, tan sólo más voluminosa; en su redacción está ausente la técnica legislativa; el mayor problema es que no está hecha en lo fundamental para cumplirse; se asemeja más a un proyecto, hecho para que ciudadanos y gobierno lo vayan llevando a cabo, poco a poco, y como se vaya pudiendo; el texto ha quedado como una serie de necesidades políticas inmediatas y sueños nacionales incumplibles. Los defectos son innumerables: irresponsabilidad presupuestal, inobservancia tolerada, oportunismo político y cinismo judicial.

Por si esto fuera poco, para acabar de desfigurar el espíritu y propósitos con que fue creada, ocurrió lo impensable, con las reformas de 2013, por las cuales cambiaron dos cuestiones esenciales, dos pilares del Proyecto de Nación, que se plasmó en nuestra Carta Fundamental en 1917: no reelección y el monopolio energético.

Esto confirma, por si alguien tuviera dudas, que hemos llegado al tramo más efervescente del neoliberalismo, iniciado por Miguel de la Madrid y elevado al cubo por Carlos Salinas y, ahora, robustecido por Peña Nieto.

Como lo he señalado con anterioridad, este es el proyecto de los pocos, para los muchos. Es el proyecto por el cual, tan sólo el 1% de los mexicanos se lleva el 22% del ingreso total. Es el proyecto de aquellos que están en la cúpula del poder político y económico, y que tienen a México en vilo: Violencia, derechos humanos violados por doquier; corrupción rampante, como nunca antes, cubierta por un manto de impunidad, que cobija, al Presidente, miembros de su gabinete, gobernadores y todo tipo de negociantes; la economía en su peor momento, sufre una desaceleración, el crecimiento del país reducido al 2% y que podría llegar al 1.7%; las reformas estructurales que no funcionan; una deuda enorme, que superará el 50% del PIB al finalizar el año, lo que rebasa el límite de lo razonable. Por todo esto. es necesario revertir la tendencia de los últimos 10 años; una política fiscal equivocada; pérdida de producción petrolera del 16%; el peso devaluado, es la peor moneda emergente, con una reducción del 9.5%; promesas incumplidas, como lo relativo al precio de la gasolina que no subiría, gracias a la reforma energética y nos acaban de endilgar otro gasolinazo.

A todo lo anterior podemos agregar que tenemos un Presidente indigno que ha devaluado la institución presidencial, con sus constantes escándalos, donde destaca lo de las Casas Blancas y, ahora, su invitación absurda a un individuo despreciable que ha pretendido denigrar a los mexicanos. Peña, se ha  entrometido en la campaña presidencial del país vecino, y mostró su ignorancia en materia de relaciones diplomáticas.

Día de furia y de tristeza, incredulidad, asombro, pasmo, desazón, impotencia, tristeza, indignación y rabia. Así calificaron, la mayoría de los mexicanos, la visita de Trump, un hombre despreciable, por donde quiera que se le mire, al que se le recibió como jefe de Estado, y en lo “oscurito” tuvieron una reunión privada. En redes sociales, a toro pasado, dijo que México no pagaría el muro que Trump levantará en la frontera, con lo que provocó, el enojo de Donald. Así, al invitarlo le salió el tiro por la culata e impulsó la campaña de Trump.

En este tema, los mexicanos fuimos agraviados por partida doble. Primero, por todos los insultos que ha vertido contra nuestro país, utilizando la mentira, y luego, por la recepción de alfombra roja, a un tipejo que solo merece nuestro desprecio.

Ante todo esto, resulta evidente la necesidad de que los mexicanos se den un Nuevo Proyecto de Nación, y desde luego no será el gobierno, o la cleptocracia que padecemos, quienes busquen el cambio, como tampoco la partidocracia que tiene secuestrada a nuestra incipiente democracia. Unos y otros se complementan y ocupan sus lugares de confort. El cambio lo debe operar una acción ciudadana. Deberán participar los ciudadanos quienes escojan el camino por el que debemos transitar en el futuro.

Nuestra Ley Fundamental, cumplirá en febrero del próximo año, 100 años de vigencia. Sus desvíos e inoperancia obligarán a redactar una nueva, a partir de ese Proyecto de Nación que establezca la ciudadanía. Hubiera sido bueno que tuviéramos una nueva Constitución para el próximo 5 de febrero, sin embargo, esto no resulta ser importante, y si lo será, el que se sumen todos aquellos que entiendan la necesidad del cambio.

Desde finales de noviembre de 2014, la Fundación para la Democracia presentó un documento al que llamó Por México, hoy, que preside Cuauhtémoc Cárdenas, en el que, por el cúmulo de problemas que el país enfrenta y por la obsolescencia de la Constitución que nos rige, se plantea la necesidad de hacer cambios de gran calado, que hace necesario que se tenga, en primer lugar, un Nuevo Proyecto de Nación, que una vez formulado y aceptado, nos lleve a formular un nuevo contrato social, una nueva Ley Fundamental, que tenga como base, el bien común.

El 21 de marzo del año pasado, el grupo que impulsa esta iniciativa, se volvió a reunir para delinear los pasos a seguir, que se reproducen a continuación:

  • tener claro un proyecto de nación,
  • tener igualmente claros los cambios o contenidos constitucionales que demandaría el marco constitucional de un nuevo proyecto,
  • precisar los cómos, las estrategias, los caminos para llegar a la discusión y aprobación de un nuevo proyecto de constitución,
  • presentar el proyecto a la nación y, lo más difícil,
  • construir una fuerza política mayoritaria que impulse el proyecto y logre su aprobación mediante procedimientos democráticos.

Quien quiera obtener detalles de esta información y sumarse a esta tarea fundamental para el bien de México, deberá conectarse con la Fundación, a través de su correo electrónico:  [email protected]

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