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Renovación moral

14 de septiembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Raúl Castellano

 

Como inicio, conviene precisar algunos puntos. Desde la época de la Revolución de 1910, para no ir más atrás en la historia, ya existía la corrupción dentro de los gobiernos. Es claro que, para que haya un corrupto, debe haber un corruptor, de suerte que, junto al funcionario, siempre habrá un particular. Para robustecer mi dicho del surgimiento de la corrupción, recordemos aquello de que: “nadie aguanta un cañonazo de 50 mil pesos”.

Sin embargo, el problema se daba en algunos casos, pero la cuestión no era generalizada. De entre los gobiernos habidos en los años post revolucionarios, hubo presidentes que se vieron inmiscuidos en actos de corrupción, como el caso de Abelardo Rodríguez. Y no fue sino hasta la llegada de Miguel Alemán, cuando se abrió la puerta para que el Presidente y su grupo hiciera todo tipo de “negocios”. Se trató de una acción concertada, para que el Presidente Alemán y su grupo, dentro y fuera del gabinete, se enriquecieran. Fue una especie de asalto en pandilla, a la riqueza nacional. Han pasado muchos años, pero los nombres de Parra Hernández, Carlos I. Serrano, Ramón Beteta,  Fernando Casas Alemán, quedarán gravados por siempre, en la historia del saqueo a México.

Habría de llegar Miguel de la Madrid, para que destacara de manera muy importante, el grave problema de la corrupción, a tal grado, que el lema de su campaña política la concretó en una frase: “Renovación Moral de la Sociedad”, y le dio fuerza con la creación de la Secretaría de la Contraloría General de la Federación, con amplias facultades de auditoría para prevenir, detectar y sancionar las conductas “inmorales” de los servidores públicos.

El caso de José López Portillo, fue todavía más decepcionante, pues siendo un hombre culto, maestro universitario y destacado jurisconsulto, con un gran porte estupendo y voz cautivadora, una vez que fue electo, cayó en una especie de locura que lo llevó, como a Adolfo López Mateos, a dedicar parte de su vida a las mujeres y la otra, a hacer dinero. La “Colina del perro”, como se le puso el pueblo al cerro donde construyó su lujosa casa, las de sus hijos y otras más, fue el marco en que se abrevió todas sus acciones corruptas. Aquello de que los mexicanos debíamos a administrar la abundancia, en relación a la riqueza petrolera, pasó del plural al singular; el nosotros cambió a la primera persona del singular: yo. Esto es, que solo él se acostumbró a administrar la abundancia, con todo el dinero que robó.

Carlos Salinas de Gortari, personaje muy inteligente, sin duda alguna, fue el Presidente que más dinero acumuló, de diversas maneras. Una, muy importante, fue a través de la privatización de empresas, siendo la más destacable, Teléfonos de México, que se vendió a precio de regalo, la que fue a parar a Carlos Slim. Otra conocida, fue la desaparición de la “cuenta secreta” de la Presidencia. En estas lides le ayudó, su hermano Raúl, con gran eficacia, pues se hizo de una gran fortuna, que habiéndosela confiscado, cuando fue a la cárcel; más tarde recuperó la libertad y, hace poco, le fue devuelto todo ese dinero mal habido. El manto de la impunidad lo cubrió.

En términos generales, Zedillo fue un Presidente honesto. No así Fox que se limitó a arreglar su rancho; más bien ahí fueron sus entenados, hijos de Martita, los que se pusieron las botas. Calderón tampoco parece que se hubiera enriquecido; pero es Peña Nieto quien ha batido todos los registros de voracidad y torpeza, al haber provocado el escándalo de la Casa Blanca, el departamento de lujo de su esposa, en los Estados Unidos y la casa que le “regaló” Televisa en el Paseo de las Palmas. A esto, hay que añadir los 100 millones de dólares descubiertos en “los papeles de Panamá”, un paraíso fiscal para ocultar dinero y defraudar al Fisco, que están a nombre de su constructor favorito, el mismo que le construyó la Casa Blanca.

A esto se unieron sus principales colaboradores, Luis Videgaray y Osorio Chong, quienes se hicieron de casas, de manera similar; el primero, tiene su casa de Malinalco y el segundo, dos en las Lomas de Chapultepec, cerca de las de Peña Nieto. La forma irregular con la que Peña se ha hecho de bienes inmuebles, se nota en su declaración de bienes, misma que hizo falseando u omitiendo propiedades, como la casa que tiene en Ixtapa de la Sal, en el Estado de México, “adquirida” en condiciones no aclaradas.

Ante el reclamo de la ciudadanía ante el aumento de la corrupción a la que se une la impunidad, Peña Nieto sacó una iniciativa para constituir el “Sistema Nacional Anticorrupción”. Para empezar, pocos creen en él, porque hay una serie de personajes que han sido verdaderas aves de rapiña, y que siguen tan campantes, como los casos de Arturo Montiel, su tío y padrino político; Humberto Moreira que dejó al Estado de Coahuila con una deuda enorme y sus finanzas quebradas; Mario Marín, exgobernador de Puebla, Padrés de Chihuahua y los de Oaxaca, Chihuahua, Veracruz, Michoacán, Querétaro y otros más.

Nunca como ahora, la cleptocracia en el poder, a nivel federal y estatal, había sido tan avariciosa.  La corrupción es más visible, perniciosa, ostentosa, descarada y generalizada. La energía del país, hasta hace poco intocable, mediante la reforma energética de Peña Nieto, también pasó a formar parte del festín del latrocinio descarado. El petróleo y sus derivados, así como la generación de energía eléctrica se sirvieron como la cereza del pastel del banquete de los funcionarios y empresarios corruptos. Frente a esta pantagruélica comida, se muestra la pobreza y miseria del pueblo, que va en aumento. Se ha derrochado dinero en programas sociales que solo han servido como paliativos al hambre y escasez de la gente, y de manera descarada, para llevar votos a las campañas electorales.

El país no puede continuar así, no puede seguir siendo el botín de unos cuantos que se dedican a acaparar la riqueza nacional. Es preciso que surja un movimiento de auténtica renovación moral, que vaya en contra de la era del vacío y resurjan las ideologías que tengan como propósito fundamental, el bienestar, el bien común, de todos los mexicanos.

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