IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 21 de julio de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

16.35

17.85

Seguridad y derecho

5 de octubre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Raúl Castellano

 

Acontecimientos recientes me obligan a ampliar mis comentarios de la semana pasada, sobre Seguridad Pública y, ahora, agrego lo relativo al tantas veces traído y llevado Estado de Derecho, que es una condición indispensable del primero, si de hacer las cosas bien se trata.

El Estado tiene como uno de sus principales deberes, dar seguridad a la ciudadanía, tanto en sus personas como en sus bienes, lo que lleva a conseguir la paz pública, necesaria para la convivencia, el desarrollo y el  progreso de la sociedad. Solo que en este caso hay un pero; en Michoacán no se brinda esa seguridad y, por otro lado, los delitos, de todo tipo, han sobrepasado todos los límites, por lo que la ciudadanía vive con miedo, como nunca antes.

En mi artículo anterior no tuve el espacio para referirme a que, cuando las cosas andan mal, o muy mal, en el combate a la delincuencia, debe aplicarse la Tolerancia Cero, que significa que todos los delitos, aun los menos graves, y faltas a los reglamentos, deben ser obedecidos y, de no ser así, deben perseguirse y consignar a los culpables. Hace ya un buen número de años, la ciudad de Nueva York pasaba por una racha terrible de falta de seguridad y, tenía una policía corrupta. Entonces el Alcalde Giuliani impuso la Tolerancia Cero, empezando por la policía. El resultado de la decisión del alcalde fue espectacular. La Policía Metropolitana se transformó y los delitos disminuyeron de manera notable, y así, los neoyorkinos recobraron su tranquilidad.

Bueno, pues en las ciudades como Morelia, Uruapan, Apatzingán, Lázaro Cárdenas y Zamora, por lo menos, debe imponerse la Tolerancia Cero, y cuando me refiero a ella, se debe incluir a la Policía de Tránsito. Todos sabemos que muchos delitos se cometen utilizando vehículos y lo que ocurre es algo inaceptable: vehículos que circulan sin placas; con placas y sin calcomanía, o dos de ellas con números de placas diferentes; con una sola placa; con placas que no se colocan en el lugar destinado para ellas, en donde colocan una placa extranjera o de otra naturaleza; coches que circulan con una cartulina de alguna organización agraria y otras varias modalidades. Como es fácil comprender, esto abre un campo propicio para la delincuencia, pues no podrá ser identificado. Pero el problema no termina ahí, pues existen los registros de ese Departamento, incluyendo la expedición de licencias de manejo, no son confiables. Es necesario contar con un sistema informático en el que sólo puedan introducir o modificar datos, las personas facultadas para ello, cuya intervención quedará registrada y la intervención del superior que valide la modificación. De esta manera habrá seguridad y de paso se terminará con el papeleo que obliga a que, cada vez que se pague el permiso anual para circular, cambio de placas o tarjeta de circulación, haya que presentar la factura ¡original!

Ahora me quiero referir a sucesos muy graves, que han sido protagonizado por normalistas, quienes han cometido delitos como el robo, asalto en pandilla, daño en propiedad ajena, lesiones, secuestro, amenazas de muerte, ataque a las vías de comunicación y otros. Muy difícil será entender, para alguien que no conozca la realidad en Michoacán, que personas que se llaman normalistas, y por tanto, estudiantes, de manera frecuente, lleven a cabo este tipo hechos; embozados, ocultando sus rostros como lo que sí son: delincuentes.

El robo de autobuses, y secuestro de sus choferes, que culmina con prenderle fuego a la unidad, es algo constante, lo que ocasiona pérdidas millonarias a sus dueños, y no pasa nada. La autoridad parece no existir. La inseguridad es tanta, que varias líneas de autobuses han suspendido sus corridas al interior del Estado.

En esta ocasión han rebasado todos los límites. En Chilchota, secuestraron al Teniente Coronel, Alfredo Lucio, Director de la Policía de aquel lugar; Lucio fue golpeado y lo amenazado con quemarlo vivo. En ese lugar, días antes, habían sido detenidos 49 normalistas que habían obstruido la carretera Uruapan Zamora y retenían vehículos, para exigir que ¡les dieran 1,200 plazas automáticas! En ese operativo fueron recuperados 4 autobuses y cuatro vehículos que habían sido retenidos. El jueves 29, los normalistas volvieron a las andadas, pues retuvieron a cinco policías estatales y le prendieron fuego a dos vehículos, en la comunidad de Arantepacua, en la Meseta Purépecha.

Estudiantes, por llamarles de alguna manera, de la Normal Rural Vasco de Quiroga, de Tiripetío, quemaron una camioneta sobre las vías del tren, obstaculizando su paso. Estos normalistas se han caracterizado por cometer, de manera constante, delitos graves; entre ellos, el secuestro de autobuses, de pipas, incluidas las de gasolina con las que amenazan con hacerlas estallar y otras barbaridades, ocasionando siempre, pérdidas millonarias a los propietarios de vehículos y muchas molestias a quienes transitan por la carretera de Morelia a Pátzcuaro.

Este tema de los normalistas toca otro que es fundamental para el progreso del país, que es la educación y por eso es sumamente grave, y se refiere a la educación que reciben niños y jóvenes que quedan en manos de individuos,  que tienen una mentalidad retrógrada, mentalidad del menor esfuerzo; que no les interesa prepararse; que dejan de impartir clases bajo cualquier pretexto, haciendo nulo el derecho de sus pupilos a recibir educación; que no están capacitados para proporcionar una educación de calidad; “estudiantes” que exigen plazas aunque no sepan y sin siquiera haber terminado los cursos; que se oponen a ser evaluados porque se saben ignorantes. Esta situación es insostenible, pues nuestro país no podrá salir del atraso en que se encuentra, ni reducir los enormes territorios de la desigualdad.

Los michoacanos ya están hartos de tanto abuso y tanta impunidad. La cultura del Derecho es algo que no existe en el Estado, ni priva el Estado de Derecho, por más que se diga lo contrario. A esto, le encuentro como razón: la impunidad, pues si nunca hay consecuencias para quienes violan la ley, entonces todos, o casi todos, tienden a no cumplirla. Por esto, la inmediata aplicación de la ley, sin distinciones para nadie, es indispensable. En esto, la aplicación de la Tolerancia Cero, es fundamental. Urge que las autoridades pongan remedio.

Comparte la nota

Publica un comentario