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Católicos a la carta

1 de diciembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

En mi pueblo había una notable exigente limosnera que llegaba con un bastón a la casa y golpeaba fuertemente la puerta gritando: “una caridad pero pronto y que no sea un taco de frijoles”.

Era una persona que veía muy poco y preguntaba a las personas que encontraba en su camino: ¿voy bien por dónde voy? Solo ella sabía a dónde iba. Era una pobre mujer muy conocida en todo el pueblo y además la molestaban por su manera de ser. Hay personas que en la vida no van bien por el camino y se sienten desconcertadas porque no pueden realizar lo que quieren. Esas personas que retrata el evangelio de Cristo, como el ciego de nacimiento que gritaba: “Jesús, hijo de David ten compasión de mí” o como el leproso que gritaba desde muy lejos “Señor danos la salud” y de aquellos diez leprosos solo volvió el samaritano a dar gracias. Que importante es en la vida saber ser muy agradecido con aquella persona que nos ha hecho un bien grande o pequeño.

También Jesús agradeció al samaritano preguntándole “¿y dónde están los otros nueve?” Aunque es cierto que no tenemos que hacer una obra de misericordia pensando en el reconocimiento a aquella bondad. Sin embargo es de buen corazón y dice mucho el ser grandemente agradecido hasta por un vaso de agua dado, en nombre de Cristo.

Ciertamente Cristo vino a dar salud espiritual y corporal a todos los seres que se acercaron a Él para recibir del hijo de Dios, enviado por su padre celestial para mostrar el grande amor a toda la humanidad.

Hoy día constatamos una fe endeble en las personas que creen en Cristo, en la iglesia, en el evangelio, han perdido el sentido de la gratitud con Dios a quien debemos buscar con toda la sinceridad para pedirle en todo momento nos acompañe siempre y no solo en los momentos difíciles y en las circunstancias ingratas de la vida.

Solo nos acordamos del poder de Dios y de su misericordia en una necesidad urgente como en un problema difícil que se nos presenta y entonces si recurrimos con grande fe porque sabemos que Dios es amor y no nos puede dejar solos en las adversidades de la vida.

Pero que pronto olvidamos esa necesidad de acercarse a Dios tengamos o no problemas para alabarlo, glorificarlo, darle gracias cada amanecer por el regalo de la vida, por todos los favores, visibles e invisibles que recibimos constantemente de un Dios que nunca nos deja de su mano.

Ciertamente sabemos que somos pecadores y que no hay nadie sin defectos. Hombre sin perro no hay dos, hubo uno y solo es Dios. Efectivamente si descubrimos a Cristo, todo hombre o mujer tiene un montoncito de defectos. Los perciban o no los perciban quienes los rodean o no lo importante de todo es aceptar las limitaciones y deficiencias y una de las más grandes es que no perciben la continua presencia de Dios en sus vidas y solo lo reconocen a Él cuando necesitan de la caricia de su amor misericordioso y le exigimos que nos dé una caridad pero pronto y como nosotros deseamos, como la persona que se siente en un restaurante y pide el platillo que más le gusta.

Todo ser humano tiene que ser un feliz amigo de sí mismo. Reconocer sus propios defectos y reconocerse tal como es. Para esto es necesaria la humildad. Son importantes unas buenas rebanadas de tolerancia para lograr aceptarnos y así conservar el verdadero amor y la amistad.

Quizá a veces hemos descubierto que el mundo no es un campeonato de cariño que a muchos nos han enseñado durante nuestros primeros años. Yo he tenido que ir descubriendo y dirigiendo – en otros y en mí- el egoísmo que en mi casa era mínimo. Me sorprendí muchísimo al enterarme que en el mundo se mentía y aún no he terminado de resignarme que haya matrimonios que se odien o con el odio grande, o con ese otro, aún más grande del desamor y la frialdad.

Sin duda que Dios siente ese desamor del hombre cuando no lo tiene en cuenta aun en los más insignificantes momentos de su vida. Un católico a la carta quiere decir que desea un Dios que haga los favores que él quiere, cuando quiere y como quiere. Y a pesar de todo Dios nos sigue amando con su infinita misericordia y Él no nos olvida y desea que en aquel hogar cristiano haya felicidad, paz y presencia infinita de Cristo aún en los momentos más insignificantes de su vida.

Tenemos momentos de intransigencia y nos creemos justos porque vamos a misa tan solo los domingos y como haciéndole un favor a Dios. No hay cosa más grata que conocer el corazón bondadoso de la persona que de una manera natural y sencilla que busca a Dios en la mesa, en el trabajo, en los problemas y que nunca se olvida de ser agradecido por los muchos beneficios que ha recibido de su misericordia.

Por algo el Papa Francisco ha querido abrir este 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, el jubileo de la misericordia, precisamente ese día en que se venera la inmaculada concepción de María, Madre de la misericordia.

Hablaremos después de lo que significa verdaderamente para el mundo el vivir y actuar con obras de misericordia.

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