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Detalles de la vida

25 de agosto, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Un detalle dice tanto. El verdadero amor no se expresa con grandes gestos, con actos heroicos o sacrificios espectaculares sino con esa pequeña ternura que se llama un encantador “detalle” así lo calificamos en nuestra lengua castellana.

Me viene a la mente una película famosa de Cantinflas donde insiste y resume actitudes acertadas con “ahí está el detalle”.

Es preocupante cuando una mujer se queja de que el marido no tiene nunca un “detalle” con ella, pero qué distinto cuando siempre está pensando en ella como un amigo ejemplar que me acompañó a un centro comercial y vi con mucho gusto que al pasar donde había muchas flores y macetitas originales con plantas preciosas, comentó: “voy a llevarle a Rosy- su esposa- estas flores que tanto le gustan” y tomó en sus manos un arreglo, porque estas flores son sus preferidas.

Esa actitud manifiesta el grande amor que tiene a su esposa y que al regalarle no precisamente un collar de perlas sino sencillamente unas flores se le va a romper el corazón porque el más esplendido de los regalos es manifestar el amor de una manera sencilla e inteligente.

Todos hemos experimentado la alegría y el gozo que sentimos por esos pequeños detalles más que por recibir una admirable obra de arte, que puede ser muy valiosa económicamente pero no tiene el encanto de lo inesperado y de lo sencillo.

Todos hemos sentido en carne viva esas expresiones de gente sencilla de las que a veces casi no esperamos nada y nos lo da todo, como la mujer del evangelio que dio todo lo que tenía para vivir sin pensar si le haría falta o no, porque el amor generoso así es. Lo da todo sin esperar recompensa y aquella mujer salió del templo viendo que muchos daban lo que les sobra y ella dio todo lo que tenía.

Que encanto debe ser para un matrimonio vivir siempre con esa caricia delicada del mutuo amor y seguir adelante con grande entusiasmo a pesar de los grandes problemas y carencias que no faltan en la vida. El motivo es el mismo. El amor.

Es el amor que se cultiva y crece atizando continuamente la hoguera con los pequeños trozos de carbón que hacen crecer la llama del espíritu. Es el cariño inapreciable que Dios ha sembrado en el alma de cada ser humano y a veces no nos damos cuenta o malgastamos el dinero tan solo para satisfacciones propias.

Nacimos del amor y para amar y ser amados por Dios y por aquellos seres que hemos encontrado en el camino de la vida y prodigiosamente ha nacido ese amor que llamamos eterno.

Podemos así añadir nuestras pequeñas cosas en que descubrimos la hondura y lo entrañable de lo que significa amar de todo corazón.

Las atenciones y regalos que hacemos no significan tanto por lo que valen, sino por lo que manifiestan y más cuando se hacen con toda la exquisitez y finura del mundo.

Si todos los hombres pudiéramos hacer lo mismo, estaríamos viviendo en un hogar maravilloso, en donde cada uno está dispuesto a llevar felicidad a los que más necesitan de nuestras atenciones y de nuestro cariño que son los niños.

Porque cuando llega un niño y le da un beso a su mamá y a su papá y le dan una rosa en la mano que le dieron en el colegio por haberse portado bien, los vuelven felices y les dan un abrazo y un beso que no olvidarán nunca. Y después se sientan a comer a la mesa muy contentos y el niño de cinco o seis años que ya ha aprendido a bendecir la mesa les dice:“Ahora yo voy a bendecir la mesa, el niño que nació en Belén bendice nuestra mesa también”. A Dios también lo encontramos no sólo en las maravillas que hace en nosotros, sino también en esos insignificantes detalles que a veces no apreciamos porque estamos acostumbrados a recibir las caricias de su amor por tanta gente buena que existe en el mundo.

A Dios también le agradan los pequeños detalles de parte de nosotros. Pedirle su bendición al salir de casa; pero lo que más le agrada a Él es tener fe en su Eucaristía y alimentarnos con su cuerpo y su sangre. A todos nos invita diariamente a su banquete; pero a veces estamos muy ocupados en otras cosas y no atendemos a esa invitación tan importante que nos hace el Rey del mundo.

Me decía una vez un importante empresario: “Dios me ha bendecido mucho porque empiezo el día participando de la santa misa que me da fortaleza física y espiritual para actuar en mis negocios con justicia y buscando el progreso”. Así serán inútiles nuestros esfuerzos para lograr el éxito y la plenitud de vivir.

Que importante es una palabrita, una sonrisa cordial, una mirada serena y luminosa, un apretón de manos para saludar al amigo. Todo eso significa tanto. Especialmente como aprecian las personas que se sienten solas o están enfermas estas atenciones que ofrecen con tanta generosidad y en silencio tanta gente de fe que se goza en darle felicidad y compartir su alegría de vivir.

Sabemos que la familia perfecta no existe. Tenemos que amarla como es. Así nos la ha dado Dios y no fijarnos tanto en sus errores sino más bien en ese cumulo de atenciones que han tenido a lo largo de la vida con sus hijos, con sus nietos y hasta con sus bisnietos.

Un detalle muy importante en la familia es siempre manifestar nuestro agradecimiento y darles gracias por lo que hacen y siguen haciendo por nosotros sin merecerlo. Dios ha querido que tengamos una veneración y respeto a nuestros padres y a nuestros hermanos y muy especialmente también a nuestros amigos y apreciar cada día más la humildad y la sencillez para manifestar nuestro aprecio con las pequeñas cosas de cada día.

Dios comparte con nosotros su grandeza y la maravilla de ser con Él creadores en esa apasionante tarea de buscar la armonía con Dios, consigo mismo, con la familia y la armonía con toda la tierra y la creación entera.

Ser hombre y compartir la tierra y el amor a la familia es crear verdaderamente un mundo mejor. La solución de los problemas de hoy no está en mendigar amor, sino en manifestarlo con verdad y generosidad porque Dios nos presta sus manos para conjugar su omnipotencia con nuestra debilidad y así podemos dar siempre felicidad porque vivimos de la armonía de la paz.

El tiempo, la oportunidad, la manera de hacer las cosas, cuenta mucho. La tarea del hombre definitivamente sobre la tierra es darle un contenido a su vida y cumplir lo mejor que pueda la tarea que Dios le ha designado no solo para bien personal sino para bien de toda la comunidad humana. Cuántas cosas hemos recibido de gente ni conocemos pero que han influido notablemente en nuestra vida por ese impulso que nos dieron cuando niños, que nos motivaron a vivir con alegría y gozo. Lo menos que podemos hacer es tratar con amabilidad a todas las personas a pesar de los errores y las deficiencias que podemos encontrar.

Pero para vivir así el hombre tiene que ser siempre fiel a sus convicciones y saber que todos los tiempos son igualmente importantes. No dejar apagar jamás el fuego del espíritu y no echarle el agua al vino de nuestro espíritu sino que se convierta en un vino que conforte y no emborrache. ¡AHÍ ESTA EL DETALLE!

Todo esto lo entendemos pero nos falta humildad para practicarlo por miedo al qué dirán en las circunstancias deshumanizantes del mundo actual en el que vivimos. Hay que volver al camino y llegar a la cumbre aunque nos fatiguemos de dar todo lo que pudimos a nuestro paso por la vida para manifestar nuestro amor a las personas que Dios ha puesto hoy día en nuestro camino.

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