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El papa Francisco: una humanidad nueva

13 de octubre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

El Papa Francisco alienta continuamente a todos para que nos decidamos a construir una humanidad nueva que solo se descubre con la luz de la fe- fuerza que conforta en medio de los sufrimientos y problemas, que todos tenemos hoy día. La luz de la propia fe nos lleva a olvidarnos de los sufrimientos del mundo.

¡Cuántos hombres y mujeres han recibido de la fe la luz de tantas personas que sufren! San Francisco de Asís, del leproso; la Madre Teresa de Calcuta, de los pobres. Han captado muy bien el misterio que se esconde en ellos. Al hombre que sufre Dios no le da un razonamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que le acompaña y nos abre un desquicio de luz para descubrir a Cristo. Es el que ha sufrido el dolor y el que completa nuestra fe.

Solo en Cristo podemos integrar todas nuestras preocupaciones de todos los hombres en nuestro andar hacia la casa de nuestro padre Dios. La esperanza nos proyecta hacia un futuro cierto y nos impulsa a caminar con seguridad por los caminos de la justicia hacia la paz. Hoy día no hay persona que no quiera vivir y gozar la vida en paz. Es el fruto más evidente de la grandeza de la fe. En el centro de la fe se encuentra la confesión de Jesús, hijo de Dios vivo nacido de una mujer que se llama María. Ella principalmente ayuda al hombre a dejarse tocar por el amor y sembrar en nuestro corazón la alegría del resucitado. Solo mirando al mundo con los ojos de Cristo podemos renovarlo.

Además la fe nos hace respetar la naturaleza y reconocer en ella que es una morada que nos ha confiado Dios para cuidarla y sobreprotegerla porque la creación es un don del que todos somos deudores y nos pide identificar las formas de gobierno justas, reconociendo que la autoridad viene de Dios para estar al servicio del bien común.

Cuando la fe se apaga, se corre el riesgo de que los fundamentos de la vida de fe, se debiliten y así la confianza entre nosotros mismos pues quedamos unidos solo por el miedo y la estabilidad queda comprometida.

¡Qué tristeza! Comprobar que no somos capaces de pronunciar a Dios en nuestra vida pública, de no pregonar la grandeza de la vida en común que solo la hace posible la fe  que nos ofrece esa luz creativa en cada momento de la historia. El que verdaderamente desee hacer un cambio importante no puede prescindir de los planes de Dios sobre el hombre y la creación.

Dios quiso hacer al hombre participe abiertamente de la belleza de la naturaleza y especialmente quiere insistir a nuestros gobernantes que la bendición de Dios está en Cristo, Redentor del mundo. La luz del rostro de Dios nos ilumina a través del Rostro de los hombres y así descubrimos la dignidad de cada persona, que no era tan evidente en el mundo antiguo, cuando el hombre se atribuye un poder de manipulación, de buscar solo la utilidad y el provecho. El primer anhelo que la fe ilumina en la sociedad de los hombres es la unión estable entre el hombre y la mujer, capaces de engendrar una vida nueva – signo evidente de la sabiduría de Dios y de su designo de amor.

Prometer un amor para siempre es posible como se descubre claramente en el plan de Dios que subraya muy claramente los proyectos, una entrega permanente y total a la persona amada. En la familia está presente la fe en todas las etapas de la vida, comenzando por la infancia. Los niños aprenden a fiarse del amor y manifestar su fe como miembros de una sola familia. Indudablemente los hijos sienten y viven esa cercanía de la familia. De ahí el compromiso de vivir una fe más sólida y generosa que abre el horizonte de la existencia y siempre está llamando hacia el amor verdadero y pleno. La fe jamás será un refugio de gente pusilánime, que confía poco en el amor de Dios.

El Papa Francisco nos invita a tomar muy enserio nuestra propia profesión. Volvemos al problema fundamental de la humanidad la FAMILIA. Estamos deshumanizados. La familia no puede estar construida en una casa de cartón ni sobre arena; sino en la verdadera roca que es Cristo. Hoy día constatamos a personas que quieren hacer muy fácil la vida y son las más exigentes con los demás; pero muy indulgentes consigo mismos. Desgraciadamente quieren vivir sin dolor y sin trabajo.

Cuando vivimos cuesta abajo rebajamos el alma, recortamos la vida, asesinamos el tiempo no puede la persona vivir imitando a una sociedad falsa y de trapo ni dejar a un lado la sangre por el delito de estar demasiado vivos.

La vida no puede ser un cántaro roto que sustituya todo lo que es fuego, luz, amor, alegría. Constatamos que estamos verdaderamente vivos cuando caminamos a la cumbre y no al abismo.

El Papa Francisco cada vez que nos habla nos pone el dedo en la llaga; pero al mismo tiempo nos llena de esperanza  el desea una humanidad nueva construida por el trabajo y la responsabilidad mirando siempre hacia el objetivo supremo que es descubrir el rostro vivo de Dios. Descubrir ese Cristo vivo en el rostro de los hombres. Es ese amor eterno que desde la infancia descubrimos en ratos maravillosos de la presencia de un Dios que jamás se arrepentirá de amarnos.

Estamos llamados a construir una humanidad verdaderamente feliz en la que todos podemos poner un granito de arena: la esperanza de subir y subir hasta llegar a la cumbre. Solo unidos por el verdadero amor podremos lograr esa humanidad que todos deseamos compartir en todas las circunstancias y momentos de nuestra vida.

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