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Grandeza de alma del papa Francisco

29 de marzo, 2016

admin/La Voz de Michoacán

La verdadera grandeza es la del alma. No la vana palabrería que no convence. Las cosas grandes han crecido en el alma de este hombre sencillo, transparente, humilde, que ahí donde pisa deja una profunda huella de lo que lleva en el alma: UN GRANDE AMOR A DIOS Y AL HOMBRE. Es difícil pero no imposible.

La persona que ama de corazón, se expresa con hechos, con vivencias sinceras que nos convencen, con actitudes que brotan de la hondura del amor.

El Papa Francisco ama la vida y su palabra es clara y sencilla como el amanecer de Dios en cada alma cuando se mira con fe al creador de todas las cosas. Todo lo que dice y hace es manifestación muy clara de sus convicciones profundas porque Él es quien vive por Dios. La verdad siempre conducirá al amor, el amor siempre será el agua viva que sacia al hombre del anhelo de ser lo que es y realizar lo que quiere.

A veces me pregunto:¿por qué es odiado el cristianismo? Pienso que hay dos razones. Porque no conocen la persona de Cristo y su palabra es muy dura para muchos. Es claro que hay que tener el corazón en Dios para hablar bien de Él y así vivir en la verdad y la justicia.

El cristiano es una persona que se cultiva a sí mismo.Para dar frutos, es indispensable amarse primero a sí mismo y dar así lo que se lleva en el alma. Si amamos a la iglesia es porque amamos a Cristo.

La mayoría de los cristianos oscilamos entre el orgullo por ser católicos y la vergüenza de demostrarlo.

Quizá a muchos les parezca la publicación de estos articulillos como algo que no lleva nada de novedoso y que nadie va a leer algo que no lleva el contenido periodístico de un acto de terrorismo. La bomba más peligrosa para destruir la fe es el fariseísmo; así como la verdad absoluta es de la expresión que da consistencia y valor más tangible a la persona humana.

¿No será que el amor se ha perdido por el deseo carnal? Pobres de los que no entiendan en que consiste el verdadero amor. Un veneno les ha emponzoñado el alma. Vivimos en un mundo que nos ha enseñado que el vicio es lo normal entre los hombres. Y es que en el fondo no nos vemos como seres humanos, con alma luminosa plena de amor a toda prueba.

Para el cristiano no está el mal en la carne; sino en la carne sin amor. Entonces concluimos que el matrimonio es la expresión de todos los valores armonizados por el verdadero amor. Por algo el matrimonio es una bendición grande de Dios y sobre todo donde comienza a formarse el alma grande de los niños sobre todo educados en el amor. Por algo Cristo instituyo el sacramento del matrimonio para siempre. Solo así hay verdad y amor.

La primera ley de la existencia humana es que nuestra vida sirva para algo o mejor a aun, para alguien. Conozco a personas súper serviciales que actúan con verdadero gusto y satisfacción al hacer bien a una persona. Lo agradezca o no lo agradezca.

Qué grande es dar un poco de luz, unas gotas de alegría, un suspiro de fe, un paso hacia la esperanza. Personas de alma grande que ni siquiera advierten su propia grandeza porque todo lo hacen con ese amor a la vida y al hombre. Podemos encontrar almas maravillosas que con solo verlas nos dicen cosas hermosas. Muchas cosas que nos alientan a vivir contagiando el entusiasmo y el fuego.

Yo no conozco la historia de la vida del Papa Francisco. Pero me gusta oírlo hablar y verlo actuar. Su mirada dice tanto. Su palabra evangélica lo define como EL VICARIO DE CRISTO EN LA TIERRA. Está escribiendo como sus antecesores páginas humanas y divinas. Me gustaría aplicarle ese poema del poeta Antonio Machado:

“Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.
Di, ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nuestra vida
de donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucia
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
colores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacia llorar.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.”

(Antonio Machado nació en Sevilla el 26 de Julio de 1875, en el seno de una familia de la burguesía liberal y culta)

Todo eso define a las almas grandes. Dejar que Dios las posea, las inunde de cariño y humildad. Descubrir al hombre y ver al más necesitado con esa atención y delicadeza con quien lleva a Dios en el alma. Él no quiere publicidad; pero pasará a la historia como el hombre de alma grande que supo servir a la humanidad dejando a cristo resucitado el don de la paz. “MI PAZ LES DOY”.

Cuando se abre el alma a la bondad, entran la paz, el gozo y la verdadera alegría.

Es muy triste andar por el mundo y no encontrar nada en que poner los ojos, nadie en quien poner nuestro corazón, así jamás descubriremos a Cristo en los pobres. Pasaremos a su lado sin reconocerlo. El hombre que vive en este ambiente jamás se desalienta. Nos vuelve a decir. ¡Ánimo! ¡No tengan miedo, Cristo devuelve la esperanza! En la persona de alma grande Dios ha puesto entre sus manos heridas y maltratadas la fe en el hombre. Quizá no hemos entendido que la misericordia es amor y perdón.

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