IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 20 de julio de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

16.35

17.85

La elocuencia del dolor

6 de septiembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Samuel Bernardo Lemus

 

Hace algunos días una persona me hacia la siguiente pregunta: ¿qué se le puede decir a unos padres que han perdido tan lamentablemente a una hijita mientras jugaba en la alberca de casa?

Desde luego estas personas son de fe profunda aman la vida y son conscientes de que el dueño de la vida es Dios; pero no por eso dejan de sentir un dolor inmenso en las entretelas del corazón. Las palabras en estos casos salen sobrando. En los momentos de grandes sufrimientos y dolores siempre se encontrará Dios. Hay que contemplar el dolor desde adentro. Descubrir que Cristo dijo alguna vez: “me muero de tristeza”. Él sintió en cada momento de dolor todo el peso del mundo. El dolor de Cristo es tan sagrado y un gran misterio.

Un misterio y un sacramento, cuando nosotros sufrimos más sentimos el amor de Dios y un sacramento porque está unido todo dolor humano al dolor infinito de Cristo que sufrió por el hombre hasta dar la vida por el ser amado.

¿Cómo saber encontrar el sentido de las cosas adversas?  Cuando pienso que no he encontrado una respuesta a tantas preguntas que afloran en esos momentos de inmensa tristeza en que se llora con lágrimas del alma a uno de los seres más queridos.

Tengo que confesar con sinceridad que a mí como persona tampoco me han faltado dolores, choques, incomprensiones, traiciones como a todo hijo de vecino. El dolor las tribulaciones nunca me han hecho daño. Ciertamente me han hecho sufrir pero no han causado daño en mi alma y no han cambiado la dirección de mi vida. Al contrario; he de reconocer que la mayoría de las cosas menos malas que pase, al dolor y a las dificultades se las debo. El sufrimiento nos purifica, nos hace más humildes e indudablemente a todos nos acerca más a Dios.

La mayoría de los escritores que han afrontado este problema del dolor han dicho que: “La adversidad no es una desgracia. Al contrario el sufrir con grandeza de alma es una dicha”.  “Ser siempre feliz y pasar la vida sin que el dolor muerda el alma es ignorar la otra cara de la naturaleza”. El hombre es un aprendiz, el dolor es un eterno maestro. Los golpes de la adversidad son siempre amargos pero nunca estériles. El que no ha sufrido no sabe nada. No conoce el bien ni el mal ni a los hombres. El dolor aguza la inteligencia y fortifica el alma.

En cambio la alegría a veces nos vuelve frívolos y egoístas. Las gentes dichosas no conocen gran cosa de la vida. No existe nada más infortunado que un hombre que no haya tenido que sufrir. La trilla que aparta la paja del grano, la lima áspera que quita el orín y limpia el hierro, el crisol que afina y apura el oro, la librea de los hijos de Dios. Podríamos añadir una lista interminable de los diferentes casos de dolores que puede sufrir el hombre. Ciertamente no podemos elogiar ni tratar de endulzar lo que es malo para que nos resulte soportable.

Por otra parte no podemos ignorar cuántos humanos han sido destruidos por el dolor. He conocido a muchas personas en las que es inútil sembrar la esperanza. Digas lo que digas, siempre encontrara la gota de veneno para mantenerse en su amargura. Son almas dañadas de raíz que tan solo un verdadero milagro de Dios lograría resucitar.

¿Por qué el dolor ha sido tan especialmente intenso que hasta un gigante del espíritu se hubiera sentido resentido?

Lo grave del caso es que, cuando examinas de cerca las causas de esa amargura adoptada descubres muchas veces que no se trata de dolores tan grandes e insuperables, tú conoces a muchas otras personas que han sufrido tanto más y que han sabido sobreponerse y han vivido en la alegría y hasta la reparten.

¿Cuál es entonces la última razón de este contraste? Realmente no lo sé con certeza y que en definitiva cada caso es cada caso. Pero aun así me atrevería en adelantar una idea: el que el dolor se vuelva constructivo o destructor depende mucho más que la cantidad del mismo dolor sufrido, de la “calidad” del alma que lo sufre, de la postura espiritual con la que el dolor es asumido. Hay seres que – por esfuerzo, por educación o por suerte- son seres positivos y personas que – por cobardía, por falta de coraje o por carácter- son seres negativos. Hay quienes cultivan sus dolores y se revuelcan en sus propias tristezas; y quienes – invitando al cedro- saben que cuando se les corta una rama gruesa, en lugar de dedicarse a lamentarse o auto compadecerse, deben dedicar toda su vitalidad a hacer nacer y crecer una nueva rama que ocupe el lugar de la perdida.

Creo que nos va mejor en la vida olvidándonos cuanto antes de los dolores y dedicar todas nuestras energías a la nueva rama que tengo que florecer. Si me cierran una puerta, no me romperé la cabeza contra ella, buscaré otra puerta por la que pasar. Si me llega una ola capaz de derribarme, me agacharé un momento, esperare a que pase y de nuevo me levantaré sin preocupaciones de que detrás puede venir una nueva ola. Si algo me falta, no perderé mi tiempo en lamentarlo, cuando tengo tanta necesidad de tiempo para disfrutar lo que tengo. El dolor ha sido siempre un nuevo reto, un obstáculo que me obliga a salir más lejos. Todo, menos volverme mezquino, rencoroso y resentido. Sé que no ha nacido dolor capaz de derribarme. Tal vez de golpearme; pero no segar mis esperanzas. Necesito que cuando llegue el único dolor que no podre vencer – el de la muerte- me encuentre estando vivo. El que comparte con fe el dolor de Cristo será siempre feliz.

Comparte la nota

Publica un comentario