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Rinconcito de amor

9 de noviembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Así canta inspirado Tito Guizar al Lago de Chapala -medalla de plata donde esta esculpida la Virgen de Zapopan en la bella Guadalajara.

Dos palabras: -Amor y diálogo-  algo vital en la vida familiar. Es decir, tener en cuenta a Dios en los momentos de alegría, de tristeza, hablar con sencillez y verdad y con la serenidad y confianza ilimitada en Dios y por consiguiente en la familia que tendrá siempre su rinconcito de amor. Cuando se siente más cercano a Cristo, tan humano y tan divino que nos ofrece en el cielo de cada amanecer su gracia de luz y de amor.

Pero hay que ponerle atención, hay que escucharlo, hay que hablar cara a cara con él; hay que sentirlo cada día más cerca: los esposos, los hijos la familia toda donde funciona la fe y el amor para ser felices. Ese sacramento de amor puede expresarse en una choza humilde. Un día me invito en un lejano pueblito del Estado de México una persona para auxiliar a su madre enferma. Ya atardecía y al llegar a la puerta de su choza me dijo: “pase usted a mi humilde sombra” Me encantó la poética descripción de su hogar donde apenas tenían lo indispensable para resguardarse del sol, de la lluvia y del frío. Pero ahí en aquel rinconcito había fe y amor. Al fondo estaba encendida una hoguera pues hacía frío. Cuando se enfría el amor hay que atizar la hoguera continuamente con manifestaciones auténticas de cariño y saber escuchar y hablar con la verdad y seguir adelante a pesar de todo.

No hay cosa más triste que ver un hogar deshecho muchas veces por pequeñeces o mal entendidos. Por no saber escuchar porque falta la luz del amor que se enciende tan solo cuando somos tocados con el corazón por Dios, quien nos hace ver la hermosura interior del amado que nos permite conocer ese gran misterio del amor divino. Porque la fe también es tocar, es sentir una caricia inesperada, una palabra de agradecimiento, una sonrisa de complacencia. Es esa felicidad de las pequeñas cosas de todos los días que tanto nos dice.

Jesús con su venida al mundo nos ha tocado a nosotros, con la fe podemos tocarlo y recibir la fuerza de su gracia. Tocar con el corazón es creer cuando estamos configurados con Jesús, dice el Papa Francisco recibimos ojos adecuados para verlo. Los discípulos vieron a Jesús con sus propios ojos y creyeron. Es decir, pudieron confesar al hijo de Dios vivo.

Para poder descubrir la presencia en nuestro prójimo cualquiera que sea, necesitamos una fe que ve para poder tocar el corazón.

La fe cristiana llega al centro más profundo de la existencia humana dice Juan Pablo II en su Carta Encíclica, Fides et Ratio; ha mostrado cómo la fe y la razón se refuerzan mutuamente.

Cuando encontramos la luz plena de Cristo, nos damos cuenta de que en cualquier amor nuestro existe ya un tenue reflejo de aquella luz y percibimos cuál es su meta última y al mismo tiempo, el hecho de que en nuestros amores hay una luz que nos ayuda a descubrir el camino del amor hasta la Donación plena y total del hijo de Dios por nosotros.

Por eso la luz de la fe ilumina todas nuestras relaciones humanas que pueden ser vividas en unión con el amor y la ternura de Cristo. La luz será siempre símbolo de Dios.

San Agustín tuvo su sacramento de amor cuando leyó en San Pablo en la carta a los Corintios que Dios es capaz de comunicarse con el hombre acompañando su camino. El camino personal de la historia de cada uno y entonces aprendemos a escuchar y a hablar a solas con Dios. San Agustín amó profundamente a Cristo porque entendió que el amor de Dios se revelaba en Jesús – Palabra que resplandece en el hombre. Es la luz de un rostro personal  que al alumbrarnos, podemos responder a todas los interrogantes de nuestro tiempo.

Fe, Verda, Amor que nos dicen todo lo que anhelamos y deseamos para cumplir todo lo que nos pide Dios cuando hablamos personalmente con Él. Porque un amor verdadero no puede ser otra cosa que una entrega apasionante por buscar la felicidad de la persona  a la que se quiere de todo corazón. El amor tiene que ser don sin que se pida nada a cambio.

Acabo de leer un artículo de mi gran amigo Mac quien desarrolla con un estilo muy personal su pensamiento y dice: “amemos sin medida y sin esperar recompensa”. Esa afirmación va en la línea de lo que dice Michel Quoist: “el amor es un camino con dirección única, parte siempre de ti para ir a los demás”.

Mario, aprovecho estas líneas para felicitar tu calidad humana, espiritual y periodística.

El verdadero amor es el que nos saca de nosotros mismos, nos lanza hacia fuera y nos enriquece. El alma se estira cuando se abre, se vuelve fecunda por el hecho de abrirse. Debemos detener conciencia de que lo que somos y de lo que hemos recibido es obra de tanta gente. Pues solo se obra, se crece por amor y la fe es una llama que nos arde en el corazón cuando Dios está en nuestra humilde morada. Como diría Peguy: “el cristiano es el que da la mano”. ¿Qué haríamos sin esos momentitos de amor cristiano donde se vive la fe y se transmite con amor y generosidad? No podemos ser felices nosotros solos. El esposo y la esposa en la familia son dos llamas fundidas en una sola llama. Hombre y mujer que se aman de todo corazón son los que dan calor y vida al hogar ya sea dentro de cuatro paredes o bajo la humilde sombra del hogar más necesitado. Los esposos tienen que saborear el pastel que partieron juntos el día de la boda.

¡Cómo debemos estar agradecidos con nuestros padres y apreciar los valores que incrustaron en nuestra alma para siempre para encontrar el camino de la felicidad, llevando a Dios en el corazón para poder bendecir, servir y perdonar!

Vivir bien es encantador pero me parece más estupendo el simple hecho de vivir amando.

Qué bonito es un lugar abierto para decirle al mundo con su presencia que todos podemos hacer la vida hermosa si queremos.

Tenía mucha razón Tito Guízar al cantarle al Lago de Chapala donde en su superficie de plata está retratada la Virgen de Zapopan, patrona y generala de la bella Guadalajara: “rinconcito de amor donde las almas pueden hablarse de tú con Dios”.

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