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Teresa Lozano de Neri

12 de enero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Teresa Lozano de Neri es una zacatecana y ahora ya michoacana sin olvidar nunca las raíces de su tierra Juchipila donde aprendió a vivir ese gran misterio del amor que ha realizado siempre en su vida de esposa y madre llena de luz y de paz para formar un hogar con tres hijos que son el encanto de su vida.

Es una persona que se leyó un libro sobre Santa Teresa de Jesús de 631 páginas de José María Javierre, quien con un estilo transparente y lleno de sorpresas nos vaya llenando de esa simpatía por una de las Santas más grandes del siglo XVI.

Lo sorpresivo para mí fue charlar con ella una buena tarde sobre esta Santa Teresa de Jesús que le ha llenado el alma de la verdad del evangelio y la sorpresiva manifestación de lo que puede hacer una mujer que gozó de su hogar familiar y del hogar conventual donde ella plantó el árbol de la alegría para que vinieran las palomas del cielo a repetir el nombre de Teresa como una expresión de que su nombre es historia, pasión y alegría de vivir.

Mujer de carácter. Amorosa y cordial. Austera y comprensiva. La mujer siempre ha sido importante en todos los sectores de la vida. En el siglo de Teresa, Isabel la católica influyó más en la vida de España que el mismo Rey Fernando. Los reyes católicos gobernaban con una fórmula de igualdad y realmente se atribuye a Isabel las últimas decisiones.

Lo que más le sorprendió del libro a Teresa Lozano fue que Teresa de Jesús es una mujer que pasaba sin traumas de la oración a la cocina, del éxtasis a las deudas pendientes. Sus escritos magistrales utilizan imágenes campestres. Alaban el agua, goza de gracia de las “fuentesicas” aprovechaba el tiempo con inteligencia y todo lo hacía bien. Ojala que esto se pudiera decir de todas las mujeres que viven de la fe que ponen en sus manos un libro que las marcan para siempre, como amas de casa, como la expresión viviente de un Cristo amigo con quien se han desposado expresando el contenido maravilloso del cantar de los cantares.

Teresa de Jesús fue grande en el siglo XVI. Hija del Yermo Frio, fugitiva del tiempo, ama la piedra gris, escritura de pluma de ave, candil y aceite mientras el agua sonámbula del río inmoviliza el vuelo de las cosas tan altas que pensaba y escribía. Teresa de Jesús fue el polvo humilde de castilla, la apertura del mesón castellano, la mula mansa y torda de lento caminar; fue la carta espontanea, el diario del alma escrito con las manecillas del tiempo. Pluma teresiana de doctora fiel a la iglesia, de alto saber histórico y gracia literaria, clásica en su decir y en su actuar y con un paso firme y decidido aceleró en cierto modo a la historia e hizo el viaje al cielo en un sólo suspiro de once días instantáneos.

Ávila es la hoguera espiritual de Castilla. Tierra de cosechas del espíritu casi infinita y desnuda en la Sierra de Gredos y su paisaje abrupto cargado de olivos, de vides y de flores. En Ávila se respira el aroma de un alma enamorada. Se vive el silencio del castillo interior y suave que nos habla de la profundidad de la vida humana. Se sabe andar con alegría el camino hacia el encuentro a la amistad. Y ella definía la amistad como esa comunión de amor: “Tratar de amistad estando muchas veces hablando a solas con quien sabemos que nos ama”. Buscó el amor por todos los caminos y llegó a convencernos de que hay un sólo camino para entrar definitivamente en la historia: el del amor que cruza todas las fronteras y allana todas las dificultades.

Ávila abraza con sus murallas al peregrino que llega por los caminos de Castilla al mirar la celda donde Teresa escribió gran parte de sus obras, que hoy van de mano en mano y a pesar de todo, son poco conocidas. Ahí nos habla de su historia íntima, de la importancia que tiene vivir entregándose a una misión mirando siempre hacia el futuro con la dulce mirada y una paz interior que nace de lo más hondo del espíritu. Ávila, nieve y muralla, paz y sueño. Torres, yermo frio. Voz centenaria de una época.

La devoción especial de Madre Teresa a la Santa Iglesia incluye matices conmovedores en esta época de frivolidad. Pero es sorprendente la respuesta que da Teresa de Jesús y Juan Pablo II a los problemas fundamentales de su época. Esa visión global de nuestra historia de salvación está incluida en tres círculos, el misterio de Dios, el misterio de Cristo y el misterio del Hombre.

Teresa de Jesús fue una mujer profundamente humana. De ahí brota su comprensión, su entrega, su alegría de ser una mujer nacida para amar profundamente al esposo y que invita a todas las mujeres del mundo a la fidelidad del amor a pesar de los caminos difíciles que anduvo de posada en posada.

La monja mística y el Papa catequista coinciden pues “en la humildad de Jesucristo, en ese misterio eje de nuestra historia de salvación que empalma el circulo misterioso de Dios con el circulo misterioso del hombre. Ella cumple su misión histórica agarrándose fuertemente a la túnica de su Jesús para caminar a las estancias más interiores del castillo. Él sale con Jesús hacia los campos abiertos donde los hombres viven su aventura personal y colectiva.

Sobre la etapa fascinante de su tiempo está la figura de Teresa de Jesús enamorada de la verdad y caminara miles y miles de kilómetros a pie, a lomos de mula y en carreta, sembrando de conventos el mapa de España. Y además escribió media docena de libros en lenguaje plateresco y ocurrieron fenómenos sorprendentes de éxtasis y arrobos y levitaciones que fuera, en fin, una mujer graciosa, vivísima, seductora…

Teresa de Jesús eres eterna por tu palabra santa y castellana desde la infinita catedra de tus cielos interiores.

Esta Santa andariega desanduvo un largo itinerario que ella llama “camino de perfección”, tratando de servir a Dios y al hombre en la hondura de un auténtico humanismo. Andariega fiel como Juan Pablo por caminos difíciles sembrando la alegría. La recuerdan los pueblos de Castilla la Vieja done crecen los trigales y madura la vid bajo el ardiente sol y con la vitalidad de un frio que penetra fuertemente el surco de la tierra para hacerlo más fecundo. Monja andariega inquieta en medio de las aceleraciones de la historia. El mismos día que moría Teresa de Jesús se reforma el calendario gregoriano y el 4 de octubre pasó a ser el día 15, día en que se conmemora lo que Teresa de Jesús llamaba “su paso a vivir con el esposo eterno”. Siglo de los acelerones fue el de Teresa de Jesús, cuando Magallanes dio la vuelta al mundo y Copérnico anunciaba en 1543 que la tierra daba vueltas alrededor del sol y que no había cielos de cristal. Miguel Ángel esculpía su moisés y dibujaba su Juicio Final en la Sixtina y en alguna venta, quizá, encontró Teresa de Jesús la primera edición de la Galatea de Cervantes. Las sombras de Lutero, Calvino y Enrique VIII se proyectaban sobre las luces de Loyola, Javier, Juan Ávila, Juan de la Cruz. En herejía y santidades andaba bien el siglo del concilio de Trento. Juan Pablo II y Teresa de Jesús hermanados en la gloria de haber dejado en su vida un surco abierto a la verdad, a la justicia y a la paz.

Agradezco mucho el que me haya hecho releer este libro ejemplar de mi gran amigo Javier, uno de los más grandes escritores junto con Martín Descalzo que han abordado con su pluma exquisita la historia y el misterio de Cristo y el encanto de saberse fieles a la verdad, al evangelio y a la verdadera historia del hombre o la mujer que han dejado una huella indeleble para aprender a vivir amando.

Todos estamos llamados a la santidad. Teresa Lozano de Neri tu puedes llegar a las alturas que quieras siempre y cuando vivas en amistad y en comunión con todos los seres que amas. Tu familia ha dejado en ti una semilla y nacerá algún día en Juchipila esa familia a la que tu perteneces y sigues amando con todo el corazón.

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