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Vida ejemplar de Cristi Manjaréz en Lagunillas

1 de junio, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Samuel Bernardo Lemus
Donde quiera podemos encontrar sorpresivamente personas importantes como las que dejan huella donde quiera que se realicen según las cualidades y los dones que les ha regalado el creador. El domingo pasado tuve la oportunidad de visitar la Neoyorquina ciudad de Lagunillas por invitación de mi gran amigo Monseñor Rafael Chávez Ponce de León. Pasamos una tarde muy alegre en convivencia con los hijos de esta persona tan importante por sus actividades culturales que se ha realizado desde hace 50 años. Ella es originaria de la Ciudad de México. Tiene una voz privilegiada y fue alumna del maestro Manuel M. Ponce y estudió también composición musical en la academia de San Carlos.

Ahí en la Ciudad de México encontró al compañero de su vida nacido en esa tierra donde aman el trabajo como a la vida, la familia y sobre todo el servicio ejemplar de todos sus habitantes.

Tierra de grandes tradiciones taurinas que se ha distinguido por importantes ganaderías de toros de Lidia y hoy día podemos contar algunas importantes como son la de Don Maximiano Chávez “La Macarena”, “El Romedal”, “Gustavo Farías”, “Ing. Macías” y “Santa Martha”. Ahí los toros bravos han contagiado de casta y de valentía a los habitantes que aman la vida y tratan de buscar la manera más digna de vivir y compartir entre las familias la unidad y la paz.

Cuando una persona que ama puede siempre hacer un bien al otro, o cuando ve que a otra persona le va bien en la vida lo vive con alegría y de ese modo da gloria a Dios, porque “Dios ama al que da con alegría”. En Lagunillas de Cristo Rey hay fe. Principalmente hemos tenido la dicha de ver a varios miembros de la familia Ponce de León consagrados para el servicio de la comunidad como sacerdotes de Cristo Rey.

Cristo aprecia de manera especial a quien se alegra con la felicidad del otro. Si no alimentamos nuestra capacidad de gozar con el bien del otro y sobre todo nos concentramos en nuestras propias necesidades nos condenamos a vivir con poca alegría, ya que como ha dicho Cristo: “Hay más felicidad en dar que en recibir”. La familia debe ser siempre el lugar donde alguien que logra algo bueno en la vida, sabe que ahí lo van a celebrar con él.

El gran mérito de la Señora Cristina ha sido que ha puesto su voz, sus conocimientos, sus facultades para dirigir y tocar el salterio, o  dirigir una banda de música o fundar estudiantinas que han alegrado caminos con las canciones de la tierra porque México será siempre un pueblo que ame el canto y la alegría de expresar lo que lleva en el alma.

Pero yo quisiera señalar de una manera muy clara que la señora Cristi jamás se sintió defraudada por haberse casado con un campesino que la llevo a vivir a su hermosa tierra natal llamada Lagunillas. El Señor David Rodríguez. Un hombre que también influyo notablemente en el pueblo en labores sociales, trazando caminos y facilitando el agua que da vida a los árboles que entorno a la ciudad han crecido para hacer respirar el aire puro y vivir el encanto de los pajarillos y escuchar el bramido de las reses bravas que allá a lo lejos pastan esperando a sus amos.

Cristina se integró completamente a la comunidad y eso fue algo heroico para una persona que viene de una gran ciudad. Quiero subrayar que sus hijos comentaban, al celebrar sus 50 años entregados a la formación de coros musicales para la parroquia no solo para la de Cristo Rey de Lagunillas sino también en otras parroquias donde se hicieron famosos los coros de Doña Cristina. Por eso al Padre Tito le gusta tanto cantar no solo en el templo sino en el aire libre con gran fe a su Cristo el Rey de Lagunillas.

Pasamos una tarde deliciosa con esa gente sencilla, amable y generosa que no halla que ofrecerle al entrar en su casa. Estábamos sentados en la mesa principal donde sus hijos rodeaban a Doña Cristina que no deja de expresar la pena de haber perdido a un hijo que pasó la frontera por Sonora y a los 10 km lo sorprendió “la migra” y no han sabido de él desde hace tres años. Estaban ahí sus hijos David, María Cristina, Xóchitl “La Pikis”, Estelita y la Manola que yo pienso que quiere decir mandona.

La casa en donde nos encontrábamos es la casa de Pepe, el que se perdió en la frontera y la mamá cada día lo espera con más ansia y le pide a Cristo Rey que vuelva a esta casita hecha con amor donde también se oyen los cantos de gallos de pelea y el ladrido de los perros a lo lejos.

Cantaron las mañanitas y naturalmente el Padre Tito felicitó de todo corazón a esa familia y les dijo que jamás se pierda la fe en esa tierra y que las madres como Doña Cristina son el antídoto de todo egoísmo.

Ahí se respiraba respeto, comunión, alegría y a pesar de las penas brilla la esperanza de volver a ver al hijo querido que no sabemos qué pasaría con él. Una familia bien unida donde quiera progresa y se desarrolla y su ejemplo se transmite en una fe a Cristo Rey y Santa María de Guadalupe.

Doña Cristi, felicidades, chilanga y Neoyorkina, merece un abrazo fuerte de sus hijos que le dicen: “Madre, eres la mujer más bella para todo este pueblo que te ama”.

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