IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 25 de mayo de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

17.60

19.10

Un tributo a la ciudad en donde he forjado mi familia: Morelia

25 de mayo, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

El Corso

A mi esposa Karla María, por los 20 mejores años de mi vida.

Ramón Hernández R.

El 18 de mayo pasado celebramos nada más y nada menos los 475 años de la fundación de la ciudad que por mucho ha sido la más bella de la Nueva España, una de las más antiguas del país y emblemática en Latinoamérica: Morelia.

¿Qué decirle a nuestra querida ex Valladolid para recordar todo su andar durante casi 500 años? ¿Cómo merecerla para que podamos ser llamados dignamente sus hijos? ¿Qué prometerle para que ella siga confiando en nosotros? ¿Cómo demostrarle nuestro orgullo de ser morelianos, apartándonos de las miserias y la mendicidad? ¿Qué sentido debemos darle al gentilicio moreliano, para emular sus conquistas y su grandeza? ¿Cómo entender el enorme compromiso y responsabilidad que tenemos los que en ella vivimos para continuar con su estirpe y su linaje?

Quizá lleve años o décadas dar respuesta a algunas de las muchas preguntas que debemos hacernos para sentirnos dignos de vivir en esta preciosa ciudad. Quizá debemos empezar por quitarnos las ataduras y el anquilosamiento cultural de quienes osamos llamarnos morelianos y entender un poco de la historia de esta nuestra casa.

Osamos llamarnos morelianos cuando desconocemos su historia; nos mal llamamos michoacanos quienes ignoramos a los hijos pródigos que han dado razón de ser al orgullo de sentirse de Morelia; somos mal agradecidos cuando olvidamos y escondemos las cicatrices de nuestra ciudad por los actos vandálicos y sin razón de quienes –sin fundamento y con mezquindad– han venido a reclamar una tierra que no es suya, y sin tiento alguno han desquiciado a este jardín de la Nueva España, y han querido someter a sus ciudadanos al yugo de la inmundicia e inseguridad.

La ciudad de la cantera rosa es llamada así por su originalidad, por darse sólo en esta tierra una piedra especial y espectacular que ha sido en innumerables ocasiones motivo de inspiración y simbolismo en la poesía, el arte, las letras, la arquitectura, la música, las ofrendas, las construcciones, los parques, las plazas, las leyes, los movimientos intelectuales y sociales, la ideología, la verdadera y única educación –la que construye, la que inculca el civismo y amor a la patria, la que nos hace cada día más civilizados y menos neandertales–, la colocación de la primera piedra de una de las catedrales más bellas del mundo, la fundación de una de las universidades de mayor prestigio y renombre en Latinoamérica, la construcción de más de 200 iglesias de distintos estilos y arquitecturas –que simbolizan todas y cada una de las etapas vividas en la ciudad–, en la construcción de la sede del templo ofrendado a la Reina de México y Emperatriz de las Américas.

En esta abnegada ciudad se han forjado las mentes más sublimes y modestas de nuestro país, que han motivado los movimientos de independencia y de su consumación, de la reforma, de la revolución, de la expropiación petrolera, del desarrollo democrático, del combate a la delincuencia, de nuevos partidos políticos; pero también de fe, de amor al prójimo, de cariño, solidaridad y entendimiento a nuestros pueblos y comunidades indígenas.

También se han elaborado los más ricos y suculentos platillos que han nutrido a los grandes músicos, artistas, cómicos, deportistas, médicos, abogados, arquitectos y políticos que han gobernado nuestro estado y país.

Morelia –la bella– ha sido fuente inspiradora para acuñar frases célebres; sus hijos ínclitos, iluminados por la majestuosidad de la ciudad, han desnudado la pureza de sus almas a través de la pluma, que a usted, amable lector, le dejo la tarea de investigar la autoría de las siguientes líneas:

* «El lugar donde nací fue el Jardín de la Nueva España».

* «Es hablando y no matándonos como debemos entendernos».

* «Me propuse hacer independiente a mi patria, porque éste era el voto general de los americanos; voto fundado en un sentimiento natural y en los principios de justicia, y voto que se consideró y era medio único de que prosperasen ambas naciones».

* «Tantos soldados para custodiar a una pobre mujer, pero yo con mi sangre les formaré un patrimonio a mis hijos».

* «Que como la buena Ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro congreso deben ser tales, que obliguen a la constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia; y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto».

* «El gobernante que pretende encauzar a su país hacia la democracia tiene que empezar por ser un verdadero demócrata, y demostrarlo tolerando la oposición, por más cruda que se ejerza en el mitin, en la prensa, en la diatriba personal».

* «La espantosa miseria en que estaban sumidos los indios de la capital mexicana “vendidos, vejados y vagabundos por los mercados, recogiendo las arrebañaduras tiradas por los suelos” ».

Pero lo grande de Morelia y Michoacán es su gente, quien día con día, con actos y sacrificios, enaltecemos nuestro estado. Los michoacanos somos gente servicial, trabajadora, agraciada, modesta y humilde. Las palabras y frases célebres las cambiamos por los actos y sacrificios diarios en beneficio de las generaciones y de la propia entidad. Somos un pueblo grande, porque con nuestra abnegación sacrificamos día con día nuestro beneficio personal, por el colectivo, pero también somos presa del engaño, de las falsas promesas, de la demagogia y la lucha encarnizada por el poder que no nos permite llegar al estadío que tanto anhelamos y, sin embargo, en el que seguimos creyendo y luchando con ahínco por un beneficio colectivo.

Comparada con su majestuosidad hemos sido poco agradecidos con ella –Morelia– porque ni un himno o canción nos ha motivado escribirle; echadores han existido muchos, pero pocos le han dedicado tiempo para redactar por lo menos una melodía. Cardenio lo ha hecho, y bien, desde la sencillez y armonía de sus campos. Ya ni siquiera hablar de un himno a este glorioso estado, pues hemos dejado paulatinamente perder nuestra identidad. Somos de las tres entidades de la República que no cuentan con himno, y esto no es digno de presumirse; por el contrario, es motivo de vergüenza.

La sangre que se ha derramado por quienes han habitado y habitan la ciudad no puede pasar desapercibida. Estamos obligados en conciencia a recordarlos a través de nuestros actos. Tenemos con nuestra capital michoacana un compromiso grande que no podemos eludir; debemos inculcar el orgullo de pertenecer a esta tierra, conducir nuestros actos con civismo y patriotismo, levantándonos cada día inspirados en el legado que nos ha sido dado en esta joya colonial; debemos construir persistentemente un futuro promisorio para nuestras generaciones.

Es cierto que los tiempos son difíciles y exigentes, pero no más de los que enfrentaron Morelos, Ocampo, Iturbide, Josefa Ortiz de Domínguez, Lázaro Cárdenas, Vasco de Quiroga y otros tantos que, con esmero, inspiración y gloria, supieron vencer las vicisitudes para legarnos esta tierra. Nuestra obligación al haber heredado libertad es legar justicia social. La estatua de Morelos, mejor conocida como “El Caballito” tiene su razón de ser; no es un simple adorno de la ciudad: simboliza –como lo dijera don Miguel Silva– nuestro máximo caudillo de la lucha de la independencia don José María Morelos y Pavón, además de la legalidad, la abnegación y la vista al frente con un señorío que refleja la manera de abordar los problemas y solucionarlos, su caballo, la acometividad en la guerra, prontitud, ligereza, imperio y mando.

Los arcos que hacen majestuosa a la ciudad son un simbolismo del trabajo incluyente y en común que debemos hacer los michoacanos en beneficio de nosotros mismos; el acueducto nos sirve para recordar que aún y ante los mayores obstáculos y la falta de recursos ideamos generar un canal que trajera a los morelianos agua viva, que significa pureza, esperanza y vida.

Las Tarascas –el monumento–, que ha sido en innumerables ocasiones cambiado y, pese a ello, no han logrado cambiar su significado. El arte, la cultura y la armonía de los morelianos, pero sobre todo la identidad de nuestra lengua y razas, nos obliga a recordar nuestras raíces purépechas, otomí, mazahua, matlatzinca y náhuatl que conforman este gran estado.

Estas figuras y simbolismos representan la grandeza de nuestro estado y de su capital, pero sirven también para recordarnos el enorme compromiso que tenemos con nuestra tierra y generaciones para que, con nuestros actos, dignifiquemos esta bella y gloriosa tierra que es Michoacán y Morelia.

El reto está ahí, esperándonos. Las preguntas son: ¿qué vas a hacer hoy por Morelia? ¿Qué vas a hacer hoy por Michoacán?

Por lo pronto, usted ¿qué opina?

 

[email protected]

@HernandezRRamon

Comparte la nota

Publica un comentario