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El cuento de la democracia I

16 de noviembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Vidal Mendoza

Cada uno conoce su propia situación mucho mejor que los demás, pero creo que esta cuestión de la democracia es hoy una cuestión general, planetaria. Cómo las fuerzas políticas progresistas, cualesquiera que sean, van a lograr imponer su propia concepción de la democracia, que no tenga nada que ver con la oposición democracia/totalitarismo. No pretenderán asustarnos durante siglos con esta historia, como si uno tuviera que temblar indefinidamente delante de Stalin, que hace ya mucho tiempo que murió. ¿Durante cuánto tiempo nos van a estar espantando con el ogro? Parecemos niños en esta cuestión de la democracia, nos cuentan cuentos cuyo objetivo verdadero es completamente diferente, ¿quién puede creer que el jefe de los poderes financieros se hace problemas por nuestro bienestar democrático? Nadie va a creer en semejante cuento. Así que hay que denunciar esta impostura democrática y tiene que suceder que la palabra democracia vuelva hacia nuestro lado. Es un debate que tiene que producirse, quizás sea un debate muy duro, muy difícil. La política siempre pasa por este tipo de discusiones. Nuestra discusión de hoy, la que está a la orden del día, es la discusión sobre la democracia. O le dejamos esta palabra a nuestros amos actuales y nuestro espacio va a ser muy limitado. O, de la manera más amplia, redefinimos esta palabra, volvemos a traerla del lado del pueblo trabajador y la oponemos, tenemos el valor de oponerla, a las formas democráticas dominantes y entonces vamos a abrir otras posibilidades. Por supuesto, estamos en un período de transición. Sabemos bien que hay todo una serie de ideas políticas que ya no pueden repetirse. Sobre la democracia tenemos que inventar, a cualquier precio. Debemos inventar y convencer. Convencer de que la democracia acontecimiento es otra cosa que el hecho de que se nos convoque cada seis años para saber cómo un esclavo del capital va a reemplazar a otro esclavo del capital.

De todos modos, la cuestión del voto no puede verse aislada del contexto general de la política. Hay circunstancias en las cuales el voto puede ser significativo, en particular en períodos de grandes cambios, en circunstancias que con el voto se participa de lo que está sucediendo, junto a muchas otras cosas, y hay momentos en los que el voto manifiestamente no tiene ninguna significación.

El panorama de la puesta en escena eleccionaria es así generalmente: uno ve al candidato – alguno más simpático que otro– muy triste de que las cosas sean cómo son, una especie de personaje melancólico, un capitalista resignado, que haría grandes cosas por su pueblo, si se pudiera, pero desgraciadamente no se puede. Entonces, tristemente, seguirá su camino haciendo las reformas que el anterior no quería hacer, porque se cuenta con él para que estas reformas se hagan. Estas personas, que son especialistas en hacernos tragar el mercado con la democracia, y aquellos cansados votantes, se juntan, y bueno… como estamos hartos, terminamos votándolos y hasta tenemos un poco de esperanza, porque a veces nos cansamos de no tener esperanza y después nos decepcionamos, y hasta la decepción es cansadora.

En el fondo, para nosotros, el gran problema es saber qué igualdad podemos llegar a construir. Los verdaderos derechos del hombre se refieren al derecho a la igualdad, es la condición de que sólo puede soportarse un mundo en que un hombre es igual a cualquier otro. No sólo en el derecho, en la constitución, sino en la realidad, en la relación real de las conciencias, en la situación concreta. La capacidad de producir igualdad, esa capacidad de inventar igualdad, ahí donde podamos hacerlo, es la gran capacidad política y eso es una creación. La igualdad no es natural, no hay igualdad en las manadas de animales y entonces cuando el capitalismo nos dice que la igualdad es imposible, considera que somos todos animales. Hay que tener muy claro este punto, el mundo de hoy habla de los derechos humanos pero como sigue aceptando que siempre gana el más fuerte, como se rehúsa a producir igualdad y como considera normal la lucha, la competencia, el aplastarse los unos a los otros, entonces nos está proponiendo un mundo de animales. La “humanidad” es producir igualdad, es la única digna del hombre, es la única que crea verdaderos derechos humanos y entonces diremos que los derechos humanos son una especie de derecho infinito. El derecho infinito del trabajador común, el derecho infinito del excluido de la sociedad, el derecho infinito de aquel que está siempre al margen, el derecho de aquel al que se le dice que toda igualdad es imposible. Ahí está la verdadera fuente de los derechos humanos, que son finalmente los derechos infinitos de los desheredados, para quienes debemos, tantas veces como podamos, producir la mayor cantidad de igualdad posible. La cuestión de las palabras es importante. ¿Siguen valiendo en política palabras tales como obrero, trabajador, campesino, pobre, desposeído? Durante un largo período fueron palabras importantes en política. ¿Se acuerdan de aquella época en la que se hablaba de la clase obrera, de la alianza de los obreros y los campesinos, del derecho de los pobres en la política? Ahora bien, ¿tienen que desaparecer esas palabras? ¿Tiene que reducirse la política a estadísticas de importación y exportación? ¿La dolarización es entonces nuestro porvenir eterno? Sería una vida de animales.

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