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¿Votar?

27 de mayo, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Creo que nunca, o por lo menos hasta donde alcanza mi memoria, la ciudadanía se había encontrado en una situación tan complicada para emitir su voto en esta elección para la que faltan apenas unos días.

Pero también creo que tampoco hubo una descomposición de los factores o elementos esenciales que deben funcionar en una democracia representativa. Tiene razón el Presidente del Senado, Miguel Barbosa, cuando dijo que la Reforma Política no ha funcionado; dicho de otro modo, puedo decir que la Reforma sí ha funcionado, pero en sentido inverso, pues todo está dispuesto para apuntalar, no a la democracia, sino a la “partidocracia”, que resulta ser una perversión de la democracia representativa, como lo debiera ser la nuestra, si funcionara adecuadamente.

Al determinarse que los partidos políticos serían financiados con dinero de nuestros impuestos, con cifras multimillonarias, estos se volvieron el gran negocio y, sus dirigentes, se aferraron al cargo que ninguno está dispuesto a dejar. Se nos dijo en su momento, que al financiarlos se evitaría que dineros provenientes de grupos delincuenciales pudieran imponer candidatos y llevarlos al triunfo. Esto no fue así. Dinero negro llegó a las campañas electorales y ahí tenemos, como ejemplo, el atroz suceso de Iguala.

Los partidos políticos tienen secuestrada a la democracia, tan esperada y que, por un momento, creíamos que habría de presidir la vida política de México. Los partidos tienen el monopolio para postular candidatos.

Apenas ahora se abrió un resquicio para que participen candidatos independientes, solo que estos tienen que contender en condiciones muy desventajosas.

Existe un divorcio total entre la ciudadanía y los supuestos “representantes populares”, ya que estos solo tienen que hacer méritos con su respectivo partido. La ciudadanía, los electores no les merecen el que les rindan cuentas de su actuación como legisladores. No les hace falta y por ello los ignoran. Luego, con gran cinismo, volverán para pedirles el voto. La elección en puerta será el 7 de junio y, estoy seguro que muchísimos de los electores no saben bien a bien quienes son los contendientes.

La descomposición social se ha deteriorado hasta el grado de que se pierdan los valores que habían marcado el camino para conducirse en la vida. Los jóvenes viven desorientados, sin oportunidades, confundidos en un mundo revuelto y violento. La amenaza de las drogas se cierne permanentemente sobre ellos o son víctimas de ese mal que destruye las mentes. La violencia ha cambiado nuestra forma de vivir. La gente vive atemorizada y la baja calidad de la educación no les permite que adquieran los conocimientos básicos que les permitan abrirse paso en la vida.

Las ideologías que dirigieran siempre la conducta de los políticos, ahora han desaparecido, para producir una forma perversa de la política, que consiste en preferir un cínico pragmatismo, por medio del cual saltan de un lado al otro; incluso, se cambian a partidos que en su esencia son opuestos al anterior, y los propios partidos reciben en su seno a individuos que son la basofia de aquel al que dejan.

Todo esto coloca al elector en una situación muy complicada, especialmente cuando el votar no es solo un derecho, sino también una obligación. Pero que, ¿van a ir a legitimar con su voto a un individuo que es un desconocido? O peor que eso, ¿van a votar por uno que tenga ligas con el narco o la delincuencia organizada, o que es su protector, o que es un corrupto? Los ciudadanos están hartos del saqueo que llevan a cabo muchos políticos, sabedores de la impunidad que el cargo mismo les brinda. Presidentes Municipales, Diputados, Senadores y Gobernadores están, en general, muy desprestigiados y la confianza ciudadana ha desaparecido.

Votar ha perdido el sentido que debe tener en una democracia. En 1997, el IFE fue dirigido por José Woldemberg, un hombre ejemplar, que llevó a cabo una elección impecable. Desafortunadamente, esto no convino a los partidos políticos y se encargaron de revertir el avance que había logrado nuestra democracia: tener elecciones confiables. De pronto nos dimos cuenta que la actividad político electoral había cobrado una dinámica autónoma, que marginó a la gente. Los legisladores se protegieron a sí mismos, para estar en condiciones de hacer “negocios”, y amarres, al amparo del fuero y la opacidad o falsedad en sus declaraciones patrimoniales. Esto les permite hacer todo tipo de trapacerías, seguros de que si son descubiertos, e incluso se hubiera formado un escándalo, saben que la impunidad es para ellos su manto protector.

Vivimos una pseudo democracia sin vigilancia y sin posibilidades de sanciones ciudadanas. Se han asegurado de que la voluntad popular no pueda imponerse.

La ciudadanía ha pedido a los candidatos que siguiendo las prácticos internacionales, los candidatos se sujeten a la llamada de Candidato Transparente, 3 de 3, esto es, que presenten su declaración patrimonial; así como que hagan su declaración de conflicto de intereses y, finalmente, que presenten su declaración fiscal. Si no lo hacen, deben ser eliminados por elector, ya que aunque en México no es obligatorio hacer las tres cosas, negarse significa que algo quieren esconder, y la gente ya está harta de candidatos y luego funcionarios o legisladores, e inclusive gobernadores, pasen a formar la larga lista de corruptos.

Tenemos delante de nosotros el derecho de votar, sin embargo, también estamos ante la zozobra de no encontrar un destinatario de nuestro voto.

En esta circunstancia, surge la pregunta ¿qué hacer? Pienso que debemos acudir a las urnas y, salvo que hubiera un candidato de la confianza del elector, de alguien al que conozca verdaderamente, lo que procede es anular nuestro voto. No es conveniente abstenernos de acudir a las urnas. Hay para votar en la única condición a la que me he referido, o bien, anular el voto.

Esta situación no aguanta más, México requiere, con urgencia, una verdadera Reforma Política, ante el fracaso de la actual que resultó insuficiente y tramposa.

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