Castillo de San Felipe, atractivo turístico colombiano

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Bogotá.- El Castillo de San Felipe de Barajas, la fortaleza militar española más grande construida en América para defender la ciudad de Cartagena de los piratas ingleses y franceses, es hoy uno de los sitios de mayor afluencia turística en el Caribe colombiano.

Esta fortaleza fue construida entre 1536 y 1657 por militares españoles y esclavos africanos, encargados de subir las gigantescas piedras y ladrillos.

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La ubicación en esta colina de San Lázaro era estratégica por la elevación del terreno de 40 metros sobre el nivel del mar, lo que permitía divisar a los invasores y reaccionar de manera inmediata.

Este complejo militar de forma triangular, con cuatro garitas estratégicamente ubicadas y ocho cañones, resistió varios asaltos de los piratas y en particular el ataque a Cartagena en 1741 por las tropas inglesas del almirante Edward Vernon.

El jefe militar inglés atacó la ciudad de Cartagena con una tropa de más de 27 mil soldados, 186 buques y dos mil cañones, mientras que el militar español Blas de Lezo, protector de la ciudad, se defendió con tan solo tres mil 600 hombres y seis buques. Sin embargo, Blas de Lezo sometió a Vernón y su tropa.

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La historia cuenta que al alejarse, el inglés exclamó “god damn you, Lezo” (¡Que Dios te maldiga Lezo!). A Lezo le decían “Medio hombre” porque en sus batallas perdió un ojo, un brazo y una pierna.

Por considerarse uno de los baluartes mejor conservados, en 1984 la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) incluyó el centro histórico de la ciudad de Cartagena de Indias, el conjunto de sus fortificaciones y el castillo San Felipe de Barajas dentro de la lista de Patrimonio de la Humanidad.

Las puertas del Castillo de San Felipe de Barajas están abiertas entre las 08:00 y las 18:00 horas locales para los turistas, que llegan en excursiones con sus respectivos guías bilingües que van explicando la historia de esta lugar.

El guía Richard Hurtado llega todos los días con un grupo de turistas de cualquier lugar de Colombia o del mundo, y con su voz fuerte, como si fuera un locutor, advierte que él está certificado para contar la historia del Castillo San Felipe de Barajas.

“La única ocasión que fue tomada esta fortaleza fue en 1697 en un ataque dirigido por el comandante y Barón Francés de Pointis y después del asalto de 1741, los españoles tomaron la decisión de reforzar la defensa del lugar ante las amenazas constantes de los piratas”, narró el guía en una plazoleta en la cima de la fortaleza.

Las reseñas históricas, agregó, indican que el ingeniero militar, Antonio de Arévalo, fue el encargado responsable de convertir el castillo en una fortaleza impenetrable con 63 cañones y unas altas murallas en pendiente que serían imposibles de subir.

La fortaleza fue acondicionada con múltiples túneles, galerías, pendientes y minas para destruirlo en caso de que el enemigo lograra ocupar el complejo militar, que hoy es una de las siete maravillas de Colombia.

La historia relata sucesos de terror en la construcción del castillo, en la que se utilizó sangre de animales y de personas por la consistencia viscosa del líquido, útil para la construcción.

Las paredes exteriores que rodean la formidable estructura de piedra están puestas de manera oblicua con el objetivo de contrarrestar los ataques de los adversarios. Es considerada una de las obras más grandes de América Latina por su maravillosa estructura y su forma geométrica.

El complejo militar conserva sus siete baterías con estilo renacentista, las garitas, el aljibe, plazuelas en varios sitios del castillo, muchos corredores espacios de descanso de la tropa, donde se pueden alojar más de 300 personas y los túneles con más de 600 metros de longitud que fueron utilizados como resguardo de las tropas y municiones.

Las paredes que lo rodean son muy altas y extensas con abundante césped en el exterior que ha copado las almenas que son bloques de piedra en forma de prisma que coronan los muros de la fortaleza y los paramentos o muros exteriores de contención.

El Castillo de San Felipe de Barajas ya no es para defender a Cartagena de los piratas, sino para contemplar en toda su dimensión una ciudad imponente, rodeada por las aguas del Caribe, con sus modernos edificios, con sus residencias coloniales entre las murallas y con su gente mulata, amable y siempre sonriente.