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Foto: Cortesía. Benito Cortés Padua, originario de Chinameca, Veracruz, impartió talleres de Jarana y Zapateado en el Centro Cultural UNAM.

El fandango de Benito Cortés

3 de diciembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Magaly Montes/ Colaboradora de La Voz de Michoacán.
Esta tarde llegué un poco antes de la hora de la cita para conocer en plena labor a mi entrevistado: Benito Cortés Padua, originario de Chinameca, Veracruz, impartió talleres de Jarana y Zapateado en el Centro Cultural UNAM. Ganador al lado de su grupo “Los Cojolites” al Oscar como mejor banda sonora en el 2003 con la cinta de “Frida”, protagonizada por Salma Hayek.

La alegría de la música se contagia desde el pasillo, aún antes de entrar al espacio reservado para sus clases, porque el ritmo del son jarocho inunda el ambiente y al ver a los asistentes zapatear encuentro una verdadera fiesta.

¿La vida es una fiesta?, le pregunto para iniciar.
Creo que sí, pero estableciendo líneas de conducta a partir de valores morales y cívicos que te permitan participar en ella de una manera alegre y con orden para que no acabe en catástrofe.

Benito Cortés cuenta con estudios de historia pero se ha centrado en el estudio del Son Jarocho al descubrir que una vivencia tan cotidiana contribuye a desarrollar en las personas la conciencia de quiénes son y cómo deben vivir.

“Estamos en un sistema sociopolítico que te lleva mucho a la individualidad y son pocas cosas que pueden establecerse de manera colectiva, el fandango es una de ellas y debemos de aprovecharla en estos tiempos tan difíciles que vivimos. A través del fandango podemos seguir cuidando lo que tenemos como comunidad”, asegura.

¿Qué particularidad encuentras en el baile tradicional del fandango?
Es una excelente herramienta de integración comunitaria. A partir de esta idea hemos trabajado en Jáltipan con el Centro de Documentación; en Cosoleacaque con el Centro Cultural de Arte Popular; en Chinamecan y otros lugares, en donde utilizamos el pretexto de los fandangos y el son jarocho para que la gente se reconozca como comunidad.

Entonces, a través de un movimiento corporal puedes integrarte a otros, revalorarte a ti mismo y no necesitas palabras, ¿basta con vivirlo?

Sí, por ejemplo nosotros en Veracruz tenemos una fiesta que se llama la mayordomía. En ella un “mayordomo” que representa la celebración recibe durante tres días a toda la gente del pueblo y preparan comida en una acción comunitaria. Este es el inicio del fandango.

Sumar a las personas al vivir lo cotidiano…

Puedes tener ideas distintas pero a través del son jarocho la diversidad arma un universo. El fandango sería la integración, convivencia, expresión del espíritu, despierta el sentido de defensa de la nación. Hay un verso que comienza: “soy de nación campesina”. Todo lo que hacemos y decimos en el fandango es de nuestra vida cotidiana: los instrumentos de madera nosotros los hacemos, hablamos de animales, de un complejo de valores culturales que se mantienen vivos y defendemos.

El son integra también a los jóvenes. En el Centro de Documentación, ya con tres generaciones de trabajo, ha observado que “los chicos se forman como grupo, son creativos, componen sones, arreglan sones, en una dinámica nueva”. El recuerdo de Benito sobre su tío, ahora un hombre de más de 80 años, que reunía a la familia para recibir el año al ritmo del son le impresionó al relacionarlo cuando siendo adolescente llegó a su pueblo y vio a los jóvenes en un fandango.

Para más información, consulta la edición impresa de este 03 de diciembre del 2015.

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