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Foto: El Universal. Situado en el centro histórico de Ciénaga, Colombia, se dice que el dueño de este inmueble tenía pacto con satanás.

En ruinas y con encanto la “Casa del Diablo”

28 de abril, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Ciénaga, Colombia.– La “Casa del Diablo” está en ruinas pero aún así conserva su encanto, el mismo que desde que se inició su construcción, en 1916, fascina a los habitantes de Ciénaga, ciudad colombiana frente al mar Caribe que vivió la bonanza y la tragedia de la multinacional bananera United Fruit Company.

Situada en el centro histórico, la “Casa del Diablo” es una mansión esquinera de dos plantas y estilo republicano, fachada blanca con 14 columnas romanas y coronada por un frontón con formas de cítara, construida por Manuel Varela, hombre de negocios cuya prosperidad fue atribuida por la leyenda a un pacto con el diablo.

Cuentan en Ciénaga que “Don Manuel” cada año sacrificaba a un trabajador de su plantación bananera a satanás como pago por la prosperidad concedida, y así surgió el mito que en parte es el responsable de que su residencia, originalmente llamada Mansión Manuelita, esté hoy en ruinas.

Sus puertas y ventanas están tapiadas, el blanco de su fachada tomó un color amarillento y la vegetación tropical que devora su interior se desliza por los tableros calados hacia afuera, o se escurre desde el techo hacia el frente, por donde todavía algunos pasan con recelo.

“Todo no pasa de especulación, de leyendas, mitos”, afirma escéptico Reinaldo Russo, que vive en frente de la “Casa del Diablo”, pero una vecina suya, Miriam Pérez Briceño, de 77 años, asegura que cuando era joven a un enamorado suyo se le apareció el maligno en la esquina de la casa, “bailando agachado” delante de él cuando regresaba de una parranda.

Russo afirma que Varela no podía ser tan desalmado si donó los terrenos donde fue construido el Colegio San Juan del Córdoba, aunque el imaginario popular atribuye al supuesto pacto con el diablo la muerte de un estudiante de ese centro educativo en 1959, ocho años antes del fallecimiento del benefactor.

Según el director de Patrimonio del Ministerio de Cultura, Alberto Escobar, el inmueble puede salvarse si la Alcaldía llega a un acuerdo con la familia propietaria para comprar la antigua mansión y de esta forma el Gobierno nacional podría apoyar su restauración.

“El Ministerio está elaborando el plan de manejo y protección del centro histórico de Ciénaga, y por supuesto uno de los inmuebles puestos en la mira es la ‘Casa del Diablo'”, afirma Escobar.

Y es que esta antigua mansión es uno de los más de diez edificios o monumentos que hacen que Ciénaga, en el departamento del Magdalena, sea uno de los 17 Pueblos Patrimonio de Colombia y que su centro histórico haya sido declarado Patrimonio Arquitectónico de la Nación.

Edificaciones como la Logia Masónica, un palacete de dos plantas y fachada amarilla, perfectamente conservado y aún en uso; el Palacio Azul, la Casa Morelli, el Palacio Municipal o el Cementerio de San Miguel, que en su mayoría datan de la segunda década del siglo XX, enriquecen este patrimonio.

Fueron esos los años en que Ciénaga, entonces principal productor de banano del país, alcanzó su esplendor por el auge de la United Fruit Company, multinacional estadounidense que dominó el comercio de este producto en el Caribe e impuso su ley a los Gobiernos de la época.

“El de Ciénaga es el único centro histórico de Colombia que tiene una plaza radial, cuyas calles llegan en forma de estrella, un modelo urbano que implementó en Francia el Barón Haussmann con Napoleón III”, explica Escobar.

Ese trazado arranca del Templete Municipal, en el Parque Centenario, con una forma similar al que confluye en el Arco del Triunfo de París, “guardadas las proporciones”, aclara.

Pero el esplendor de Ciénaga empezó a extinguirse entre el 5 y 6 de diciembre de 1928 cuando el Ejército abrió fuego contra trabajadores de la United Fruit Company en huelga que se habían concentrado cerca de la estación de tren, con un número indeterminado de muertos que el Gobierno de entonces calculó en poco más de una decena.

Sin embargo, otras versiones hablan de unos 300 muertos y algunas calculan que fueron miles, tragedia que quedó en la historia de Colombia como “La masacre de las bananeras” y que marcó al nobel Gabriel García Márquez, cuyas referencias a la “compañía bananera” son constantes en Cien años de soledad.

En memoria de aquellos caídos, la estatua “El Prometeo de la libertad” se levanta en la plaza donde ocurrió la matanza, que al igual que la “Casa del Diablo” necesita con urgencia una restauración.

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