IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 16 de enero de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

21.65

22.00

Foto: Wendy Rufino. La Voz de Michoacán entrevisto al escritor y analista, en su estancia en Morelia.

Nicolás Alvarado, entre letras e imágenes

30 de noviembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Neftalí Coria/La Voz de Michoacán

A su paso por la ciudad de Morelia, el escritor, crítico y conductor de televisión Nicolás Alvarado (México, D. F. 1975), concedió una entrevista para La Voz de Michoacán.

El autor de “La ley de Lavoisier, Ensayos (errores)” y de la obra de teatro “Cena de Reyes”, caminando por la avenida Madero, conversó con nosotros sobre su visita a Morelia, luego de que él tuviera una ardua sesión de trabajo en la Biblioteca Pública de la Universidad Michoacana, en un café del centro, tuve el gusto de entrevistar a este hombre que ha hecho una exitosa presencia televisiva con temas de cultura, tema que domina como pocos conductores en ese medio.

Nicolás Alvarado, de memoria prodigiosa y claridad en su firme expresión, me cuenta que tiene un especial cariño por Morelia, porque la ha visitado desde su niñez y le tocó estar –con Carlos Loret de Mola– para cubrir aquel triste hecho del “bombazo” del 15 de septiembre de 2008 ; también por parte del Canal 22, viajó a esta ciudad a entrevistar personalidades en uno de los festivales de Cine de Morelia. Y reconoce que en Morelia, ha vivido momentos inolvidables en todos los sentidos.

Su aprecio por estas tierras, también abarca la historia, la arquitectura y su gran cultura; razón de su visita, en la que graba cápsulas televisivas sobre nuestro Estado.

Nicolás, tú has sido una persona muy comprometida con los medios, pero sobre todo con la cultura; los suplementos culturales han quedado rezagados y la cultura en los medios escasea, ¿Qué opinas de esto?

Cuando dices “los suplementos culturales”, qué bueno que podemos usar el plural, porque estamos a un minuto de no poder usarlo, porque ya son muy poquitos los que quedan y eso es muy preocupante.

Yo todavía formo parte de una generación –igual que tú Neftalí– que nos forjamos en las redacciones de las revista y suplementos culturales, que aprendimos a escribir ahí, y aprendimos a escribir haciendo reseñas, y que de alguna manera alimentamos nuestra visión crítica, nuestra visión del mundo, nuestro canon literario a partir de lo que nos enseñaban nuestros mayores en esos suplementos literarios y en esas revistas; ese espacio ya no existe, o está digamos en vías de extinción.

Esa parte me preocupa mucho; me voy a detener en la parte de los medios impresos, porque claro, ahora existe Internet, los blogs, los tuiters y los Facebook, pero eso homologa todas las voces y no todas las voces son iguales. Es decir, un escritor profesional, no es lo mismo que alguien que escribe lo que se le ocurrió esta mañana.

Un crítico profesional de cine, de teatro, de literatura, de arquitectura o de lo que tú quieras, no es lo mismo que alguien que vierte una opinión en el blog, un fotógrafo, no es lo mismo que alguien que sube unas fotos a Instagram. Yo tengo mi teléfono y le tomo una foto a mi perro o ami mujer de vez en cuando, y eso nome haceHenri Cartier–Bresson, eso me hace un señor que tiene un teléfono.

Entonces me preocupa mucho, digamos, que lo que este fenómeno está provocando, es la desprofesionalización de la actividad cultural y de la actividad literaria. Por supuesto ahora hay muchos lugares dónde publicar, aquí mismo – otra vez– yo puedo escribir lo que quiera y subirlo y que lo vea el mundo entero.

Lo que pasa es que eso ya no hace escuela, lo que pasa es que eso ya no construye un canon, lo que pasa es que eso ya no alienta vocaciones literarias, es decir, eso es un poco –por usar una frase políticamente incorrecta– “la cena de negros” o “el coro cacofónico”, es decir, todos estamos hablando al mismo tiempo, a todos los están oyendo uno o dos y en general, no se oye nada, por eso a mí me parece muy importante que pervivan los medios culturales, que pervivan las revistas literarias, que pervivan los suplementos culturales, es decir, que siga existiendo eso que ha hecho escuelas de escritores desde hace siglos.

Ahora quiero preguntarte sobre algo, en lo que tú has participado y de una manera exitosa: la literatura en la televisión.Y para no homologar, como has dicho; todo mundo puede escribir en Facebook un poema todos los días ¿Qué opinas sobre la presencia de la literatura en la televisión y en Facebook?

Yo odio Facebook y me gusta la televisión, pero voy a hablar en contra de la televisión y a favor de Facebook. Facebook es mejor soporte para la poesía que la televisión por una razón muy sencilla; yo me puedo quedar frente a una página de Facebook durante media hora contemplando un poema. Yo no me puedo quedar media hora frente al televisor contemplando un poema; el poema pasa, no puedo reflexionar, no puedo irme tres versos arriba y ver qué decía, no puedo detener un momento la lectura e ir a buscar algo a otro libro.

La televisión es velocidad, es dinamismo. Parecerá irónico que yo diga esto porque yo he trabajado mucho en la televisión con la literatura. Empezaré por decir algo que una vez le dije a Jorge Volpi y le hizo reír mucho, cuando Jorge era el director de Canal 22, me dijo “te quiero invitar a producir un programa de televisión sobre poesía, un programa que después se llamó “Re–verso” y que luego tuvo un hijo más guapo todavía que se llamó “El letrero”.

Entonces yo le dije a Jorge dos cosas. La primera: “A ver Jorge, ¿qué de malo te he hecho yo en la vida para que me hagas este encargo?” Luego le dije: “Yo tengo un problema; a mí la poesía me encanta, la televisión me encanta, pero ellas no se gustan mucho entre sí”. El reto fue extraordinario, pero fue un reto que me hizo comprender muchas cosas.

Me hizo comprender que la televisión es un buen vehículo de divulgación y de promoción de tooodo… de las fajas de Ninel Conde y de los cuatro cuartetos de T. S. Eliot, es decir, yo puedo acercar a alguien a un producto cultural, insisto, de la fajas de Ninel Conde, a los cuatro cuartetos de Eliot a través de la televisión, pero no sirve para conocer el producto. Así como yo viendo la tele, no conozco las fajas de Ninel Conde hasta que las pido y las tengo. Yo viendo la tele no puedo leer a Octavio Paz, a Ezra Pound o a Saint–John Perse, para eso necesito el libro.

Puedo decir “Ah mira, eso se ve interesante, voy a ir a la biblioteca y lo voy a buscar, voy a ir a la librería, voy a ir a internet, lo voy a buscar”. Eso es posible a través del influjo seductor de la televisión; pretender que alguien pueda hacerse culto viendo televisión, pretender que alguien pueda hacer una lectura crítica viendo televisión, eso no es posible. La televisión es un medio de promoción, en ese sentido se puede usar muy bien o muy mal, se puede usar para vender fajas o para vender poesía, pero es sólo un medio de promoción.

Leer edificios y ropa de la gente. Ahora que dices que la televisión es sólo para divulgar, sólo para promocionar un producto cultural y para que vayan por el producto, ¿crees que la mejor manera de difundir la lectura, el acto de leer, la costumbre de leer y que los libros vayan formando parte de la vida de los niños, la televisión lo puede conseguir?

Es que a mí la lectura no me parece un cosa buena en sí misma, es decir, yo creo que si la gente se pone a leer a Carlos Cuauhtémoc Sánchez desde la mañana hasta la tarde, “Harry Potter” o “Crepúsculo” desde la mañana hasta la tarde, vamos a tener un peor país, no un mejor país. Por eso a mí esa campaña del Consejo de Comunicación –que debe tener las mejores intenciones–, me parece muy adversa.

De entrada, salen unas personas a las que no asociamos tradicionalmente con la lectura, leyendo unos “domis”, no está leyendo libros. Están leyendo “domis”, o sea no saben qué están leyendo y luego dice “lee 20 minutos al día”, pues si no es manda. No, es una cosa horrible a la que nos están obligando. Leer, cuando se lee con conocimiento y con entusiasmo, es una cosa placentera , seductora, uno no quiere dejar el libro.

Por supuesto no todos los libros son buenos. me preocupa mucho la gente que dice: “Deja de ver la televisión y ponte a leer un libro”. Pues depende, si deja de ver “La rosa de Guadalupe” y se pone a leer “Ulises” de Joyce, pues sí, pero si es, “deja de ver la transmisión de “Ocho y medio (8 1/2)” de Fellini y ponte a leer “Las perfecciones” de Mariana Osorio, no, pues no.

Es eminentemente variable, son sólo soportes y una cosa que me preocupa es cómo fetichizamos los soportes y entonces nos parece que todo lo que está en una hoja es bueno y todo lo que está en una pantalla es malo. No, no es así. Son meros soportes, hombre, yo tengo fetiches también, pero siempre hago este símil; los fetiches culturales, son como los fetiches sexuales.

A mí me gustan mucho las mujeres con zapatos de tacón, pero sí puedo si no traen zapatos de tacón. Igualito pasa con los libros; a mí me gustan mucho los libros, pero puedo consumir un texto en una tableta sin problema alguno y hay libros queme han marcado y conmovido profundamente en electrónico, entonces una cosa que me preocupa, es la fetichización de los soportes y otro la entronización del libro como algo bueno en sí mismo, depende de qué libro.

¿Qué me gustaría mucho a mí? Que enseñáramos a los niños a leer ¿Y qué es leer? Leer los libros, los edificios y la ropa de la gente, y los parques, y las películas y la televisión y el periódico, es decir, es tener un consumo critico de los estímulos culturales que se nos presentan, es lograr descodificar –diría yo– semiológicamente toda la cantidad de símbolos a los que estamos expuestos y a partir de ahí, producir pensamiento. Eso es enseñar a leer. Eso no se logra regalándoles a los niños, libros de Harry Potter, eso se logra enseñando a los niños a pensar a partir de la gran literatura y del gran cine y de la gran televisión y del gran teatro y la gran danza y los mejores libros, lo más provocadores, los más dignos de ser leídos.

¿Sobre tu trabajo como escritor Nicolás, a dónde vas ahora, qué vas a escribir, qué estás escribiendo?

Al teatro. Me descubrí dramaturgoenel caminoymehevueltodramaturgo. Yo primero publiqué dos libros de ensayos, uno muy malo que se llama “Con M de México”, pero al que le fue muy bien, uno menos malo que se llama “La ley de Lavoisier”, pero al que le fue muy mal, una de esas tragedias de la vida…

‘Ensayos (errores)’ es el subtítulo…

Sí. Es un libro donde yo creo un personaje de ficción, que hace una edición crítica de mis propios ensayos y tengo, digamos un dialogo esquizoide con él; es una novela disfrazada de libro de ensayos y después he escrito dos obras de teatro, la primera se llamó “Cena de Reyes” basada en textos de Alfonso Reyes, me divirtió enormemente escribirla, se estrenó en el Festival Internacional Cervantino, se representó en México y Monterrey.

Después escribí una segunda obra que se llama “Te vuelvo a marcar” basada en textos de Efraín Huerta, de Jorge Ibargüengoitia, de José Revueltas y Octavio Paz; es una serie de monólogos concatenados, es una serpiente que se muerde la cola que habla sobre México en el desarrollo estabilizador, el México de 1963 con personajes que son, una vedette del Ciro’s, la secretaria particular de un diputado, un ministro que está teniendo una crisis moral, un preso político comunista que está saliendo de Lecumberri y que es el padre de la vedette, descubriremos al final.

Se presentó en un formato de teatro de calle, cosa que me divirtió mucho en la ciudad de México dentro de Drama Fest, el festival que produzco y estamos trabajando en reponerla ya en un formato para espacio interior.

Y ahora estoy escribiendo mi próxima, se llama “Un Quijote de ida y vuelta”, es una colaboración entre México y España, con dos extraordinarios directores y amigos, Ignacio García, de España y Aurora Cano, mexicana. Y trata sobre distintos avatares quijotescos de la vida y las relaciones entre Quijotes y Sanchos de este mundo.

Los seis personajes, te cuento, son Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Orson Wells, Marlene Dietrich, Terry Guilliam y el resto de los Monty Python, que son relaciones quijotescas y sanchescas y me va a divertir mucho hacer ese ejercicio de sincretismo cultural y literario, y se va a estrenar el año que entra en el Festival de Almagros, una producción México–España,el festival de teatro clásico más importante de España y luego va a venir aquí al Cervantino con la dirección de Ignacio García y Aurora Cano. Y tengo muchas ganas de publicar mi teatro, además tengo un libro pendiente y firmado que debo entregar pronto, es un librito de ensayos.

Comparte la nota

Publica un comentario