Posada y su catrina siguen vivos

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Imagen: Larissa Vieyra. José Guadalupe Posada, grabador que ha dejado huella en el arte mexicano.

Astrid del Ángel/ La Voz de Michoacán

Morelia, Michoacán. El mismo hombre que hacía las imágenes para ilustrar las cajetillas de cigarros y estampas religiosas, impulsó notables cambios en las obras de los artistas plásticos mexicanos y en su función como críticos sociales. José Guadalupe Posada Aguilar supo retratar la esencia del mexicano más allá de las apariencias; encontró sus miedos y anhelos, lo desnudó tanto que lo dejó en los huesos.
El descubrimiento del grabador nacido el 2 de febrero de 1851 en Aguascalientes influyó en artistas como Diego Rivera y Clemente Orozco, una herencia visual que ha llegado hasta nuestros días en formatos tan diversos como los que trabajó Posada, como la publicidad, el grabado y la caricatura política. Su influencia fue más lejos y forma parte de la identidad mexicana, como lo han apuntado intelectuales como Carlos Monsiváis y Diego Rivera, a quien se le atribuye el haber puesto la obra de Posada en la estima de la sociedad.

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Posada era lo que hoy se denomina un ‘freelance’, así pudo desarrollar una obra vasta y diversa, que fue impulsada en su etapa de madurez profesional por el editor Vanegas Arroyo. Lo mismo hacía logotipos, que dibujos para las cajas de cerillos, carteles e ilustraciones para la nota roja de las gacetas y demás notas de periódicos de la época, como La Patria, El Ahuizote, El Hijo de Ahuizote, Fray Gerundio, El Fandango y Gil Blas.
“El grabador José Guadalupe Posada convierte los crímenes más notorios en expresión artística y ve en los hechos de sangre  los cuentos de hadas de las mayorías (…) En las Gacetas Callejeras, Posada transforma los hechos de la naturaleza social en ‘sensaciones’, en aquello ‘tan real’ que es inverosímil, tan cercano que sólo si el arte o el escándalo lo transfiguran se advierte su definitiva lejanía”, escribió Monsiváis.
Su genio artístico, su postura contra la dictadura porfirista y su capacidad para expresar el sentir de las clases oprimidas son los ejes del estudio que debe tener la obra de José Guadalupe Posada, considera Féliz Báez-Jorge en su ensayo Simbólica mexicana de la muerte.
No obstante, el dibujante Eduardo del Río “Rius” cuestiona en sus libros la afiliación política de Posada, al mostrar algunos grabados donde se ensalza la figura de Porfirio Díaz y se critica a Zapata y Madero, descubrimiento que atribuye a Rafael Barajas “El Fisgón” y al también grabador y dibujante Leopoldo Méndez.
Pero no intentaba dar lecciones o regaños, Monsiváis afirmó que “Posada es fidedigno y es creativo: dialoga desde sus grabados con su público y deja de lado las moralejas, lo fundamental es la imagen ‘diabólica’, el instante de una muerte o de un arrepentimiento”.
El artista francés Jean Charlot escribió y publicó el artículo “Un Precursor del Movimiento de Arte Mexicano: el grabador Posada”, en 1925, “(Posada) creó el grabado genuinamente mexicano, y lo creó con rasgos tan fuertes, tan raciales que puede parangonarse con el sentimiento estético de lo gótico o lo bizantino, pongamos por caso. Por eso mismo, por su alcance universal de obra no subjetiva, permaneció anónima”, expuso, debido a que Posada murió a penas rodeado de algunos conocidos, y su carácter de artista no fue creado hasta después de su muerte.
La obra de Posada fue además inspiración para el cineasta Serguei Eisenstein, para la sección “Día de los muertos” de la película Que Viva Mexico (1929).
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