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Foto: Notimex. En la ceremonia se entregó el primer lugar a “Lotería con la piñata”, de Esteban Enrique Guzmán Cervantes, del Estado de México.

Premian a ganadores de 9° Concurso de Piñatas

7 de noviembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Jesús Alejo Santiago, periodista, escritor, promotor cultural y presidente del jurado del 9° Concurso de Piñatas Mexicanas, compartió el deseo de mantener vivas las tradiciones del país, manufactura e innovación, para así otorgar tres premios principales y 10 menciones honoríficas a las piezas más creativas de este año.

En la ceremonia se entregó el primer lugar a “Lotería con la piñata”, de Esteban Enrique Guzmán Cervantes, del Estado de México; el segundo a “Tlapalli”, de Macarena Ruiz, de la Ciudad de México, y el tercero a “Cabeza de Venado”, de Luis Fernando Lovera Gamero, también del Estado de México.

Los premios de 15 mil, 10 mil y 5 mil pesos para el primero, segundo y tercer lugar respectivamente, fueron entregados al tiempo que se inauguró la exposición de las piñatas concursantes en el patio del Museo de Arte Popular (MAP), donde niños y adultos podrán disfrutar de su colorido hasta el 13 de diciembre entrante, se informó durante el acto.

Ahí se destacó que la piñata, además de haberse convertido en una tradición popular a lo largo de varios siglos es la protagonista central del Concurso-Exposición de Piñatas Mexicanas, certamen que organiza el MAP desde 2007 con la finalidad de rescatar la esencia del arte popular.

Las menciones honoríficas, con un estímulo económico de mil pesos a cada una fueron para “Canto al pie de tu ventana catrina”, del Colectivo Adictos a las Manualidades F y G; “Dentro del ombligo de la luna”, del Colectivo Familia Rivera Rojas; “Ketsalkayotl” (“Belleza” en náhuatl), de Gerardo Antonio Rivera Ocaña, y “La dualidad del cosmos. Renacimiento”, del Colectivo Pranganautas.

También, “Mezcolanza de la vida”, de Laura Viridiana González Almaraz; “Carrusel de caballitos”, de Silvia Azucena Nájera Barajas; “Viva el Toro”, de Martha Dalia Ramírez Reyes”, “El duelo”, de David Cortina Ocaña; “Itzayana” (nombre que en maya quiere decir “Regalo de Dios”), de Patricia Angélica Rodríguez Arana, y “Mis noche buenas”, de Agustín Solano Medina.

Cabe señalar que en esta edición participaron artesanos del Distrito Federal, Estado de México, Aguascalientes, Guanajuato y Puebla, quienes, haciendo gala de su imaginación y destreza, ayudan a mantener viva una tradición que ha perdurado en México a lo largo de varios siglos. El patio del MAP estuvo lleno de curiosos y amantes de las tradiciones.

Las fiestas navideñas son parte del mundo occidental y en México se encuentran permeadas por rasgos característicos, fruto del sincretismo de fiestas prehispánicas, cristianas y populares. La Nochebuena y la Navidad salieron de los recintos eclesiásticos para celebrarse en los hogares, donde se convertirían en fiestas familiares y comunitarias.

Antes de la Nochebuena existe un conjunto de festejos como las pastorelas, la instalación del Nacimiento y por supuesto las posadas (del 16 al 24 de diciembre), las cuales se celebran con procesiones, cánticos, velas, ponche de granada o frutas y piñatas. Figuras, estas últimas, colmadas de colorido y creatividad, sinónimo de diversión y alegría.

Hoy en día, en los atrios de las iglesias, en patios de las casas e incluso en las calles, se cuelgan piñatas de barro o cartón que tradicionalmente tienen una forma de estrella de siete picos brillantes, para después ser golpeadas con un palo o madero que representa la virtud y la esperanza de aquel que va a romper la piñata. Cada entidad federativa del país tiene sus propias costumbres al respecto.

En Oaxaca, hasta los palos se preparan de manera especial, los piñateros los hacen de yegualán, árbol del matorral que se encuentra en zonas de cactus candelabro y se forran de crespón y hojas del mismo color que el de la piñata. En algunos lugares de Veracruz, Chiapas y el Istmo de Tehuantepec, también se acostumbra hacer las “ramas”.

Sobre lo anterior, se informó que se adorna la rama de un árbol en cuyo centro colocan un pequeño nacimiento, con esto los peregrinos recorren las calles para entonar en las puertas de las casas los cánticos también llamados “ramas”, acompañándose con unas sonajas o un pequeño tamboril, o en otros casos con jaranas veracruzanas y un requinto jarocho.

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