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Foto: Internet. En algunos países se utilizan estaciones de tren, casas o iglesias abandonadas y jardines escondidos.

Aquí las tendencias para sorprender con una cena

1 de agosto, 2015

admin/La Voz de Michoacán

De repente, en las redes sociales hay una invitación para cenar, pero no dice lugar, ni horario, sólo algunos aspectos del menú y un mail. Por supuesto, tu curiosidad se despierta, quieres saber más. Envías el correo para solicitar detalles; pronto llega la respuesta con un día y una hora. Se trata de un evento secreto para sólo 10 ó 20 personas y hasta que hagas la reservación, te dirán el sitio en el que se realizará. Ya no hay marcha atrás, tienes que llegar al final de esta investigación de convivencia y vivir una experiencia diferente.

El nombre de este tipo de eventos es ‘pop up’, la traducción literal es aparecer inesperadamente. Y es que el factor sorpresa es parte de la esencia de este concepto, así como la itinerancia, la clandestinidad y el arte. En algunos países se utilizan estaciones de tren, casas o iglesias abandonadas y jardines escondidos. No obstante, cualquier escenario puede adaptarse, ya sea una galería, el estudio de un diseñador o una terraza.

Hay varios objetivos, el principal es dar a conocer la propuesta y el talento de un cocinero; después, ofrecer espacios alternativos y relajados, para compartir, convivir e interactuar con gente desconocida. En el caso Rodrigo Curiel, organizador y chef de Supper Friends & Co., también la intención es provocar un acercamiento con el arte y la cultura. “Es como una curaduría emergente, algunas veces incluyo performances, algo de teatro o instalaciones”, explica.

Para Niki Nakazawa, socia fundadora de Pichón, “los ‘pop ups’ surgen en ciudades donde se vuelve caro y difícil poner un restaurante, pero al mismo tiempo son una plataforma para juntar amigos, probar comida y para que los chefs muestren sus propuestas. En muchos casos los más exitosos llegan a convertirse en restaurantes”.

Espacios de expresión

Esta tendencia gastronómica surgió hace algunos años en Londres y Nueva York. “Nace de una necesidad de nuevos lugares, diferentes opciones y de expandir el proceso creativo de los happe – nings que hay en una ciudad. Primero llegó el llamado Súper Club, que son cenas organizadas por un grupo de amigos que se reúnen a convivir en diferentes casas, ahí la idea es básicamente sentarte a cenar, generar enlaces y experiencias”, asegura Rodrigo.

Los primeros eventos de este tipo se realizaron en East London, también conocido como East End, en Londres, donde se encuentra el origen del underground. Ahí se creó Gingerline, la empresa que se considera pionera en el concepto, ya que llevó a cabo cenas en lugares inesperados, por ejemplo, escondites secretos en la línea del metro, azoteas y edificios abandonados, entre otros.

Una de sus características de estos ‘pop ups’ es que se mantiene la intriga guardando en secreto el lugar, hasta una hora antes de la cita. Además, generalmente invita a artistas contemporáneos para que muestren sus creaciones; los invitados, después las pueden comprar.

Otro exponente destacado ha sido el chef portugués Nuno Mendes, de El Viajante, que durante casi tres años realizó The Loft Project. Él convocaba a la gente para cenar en el patio o en el comedor de su casa e invitaba a un joven cocinero cada mes para que mostrara su trabajo.

Nacionales y extranjeros
En México existen varios grupos que hacen este tipo de eventos, hay que buscarlos en las redes sociales e inscribirse para empezar a recibir las invitaciones. Supper Friends & Co. tiene eventos desde 2013. Su creador, Rodrigo, es cocinero y artista plástico, vivió en Londres varios años, así que vivió el concepto y ahora lo replica en el país.

“La sociedad mexicana está evolucionando, creciendo y expandiéndose, en parte, gracias a los extranjeros que viven acá y que están haciendo cosas o se atreven más. El movimiento empezó un poco tímido, no aventurado, nos cuesta trabajo salirnos de nuestra zona de confort para ir a un lugar desconocido con gente que no conocemos. Hacerlo en la noche es un poco para expandir el mundo social, aventurarse a conocer nuevas personas y a ampliar el paladar de una manera sorprendente”, asegura.

El menú que prepara va cambiando, normalmente son platillos poco usuales, “me gusta experimentar con ingredientes, texturas y colores,para mí cada plato es una pieza artística. Me gusta que sea saludable, orgánico, uso muchos ingredientes super foods con mucho sabor y nutrientes. Mi filosofía es mantenerme lo más sano y ético posible”, expresa Rodrigo.

Pichón hizo su primer evento en mayo de 2012 en una fonda de la colonia Roma. “Después de casi un año de buscar un local y hablar con diferentes inversionistas, los socios Kenny Curran, Emma Rosenbush, PJ Rountree y yo estábamos cansados de tanta planeación, queríamos dar a conocer nuestra propuesta y arrancamos con un pop up”, platica Niki.

Además conocieron un proyecto de rescate de la agricultura chinampera en Xochimilco, “nos emocionamos porque podíamos conseguir ingredientes frescos, locales, sin químicos, dentro de la ciudad y nos inspiró para empezar usando ese tipo de productos. Empezamos con brunch estilo americano como un año, hicimos un almuerzos dominical en Cafetero, en la San Miguel Chapultepec y al mismo tiempos realizamos los pop ups”, agrega el organizador.

Sus menús siempre son orgánicos, su propia interpretación de la cocina mexicana, “las cenas son más elaboradas, de tiempos, más como fine dining; también hacemos eventos de sólo chilaquiles y brunchs. Ahora empezamos una nueva etapa, nuestro próximo evento será hasta septiembre”,comenta.
Los expertos de estos eventos coinciden en que todas las cenas, comidas o brunchs son memorables y únicas, ya que los invitados disfrutan compartir, conocer, vivir la experiencia y, por supuesto, comer. Siempre hay sorpresas, así que por lo menos alguna vez en la vida hay que atreverse y asistir a este tipo de eventos.

Paladares al vuelo
Uno de los ejemplos de este tipo de restaurantes fue la experiencia de Dinner in the Sky, desempacada en México en el 2013, para elevar a los comensales en Santa Fe. Se trataba de una mesa perfectamente montada para 22 personas que se eleva sostenida por una potente grúa, y durante una hora permitía que los pies tuvieran un coqueteo con el aire, mientras se degustaba un menú sofisticado y un poquito de pan para el susto.

Al centro de la mesa te acompañaba un chef y dos asistentes que se olvidaban del piso y en un horno especial hacían que los sabores llegarán a su temperatura. Un sommelier servia el vino.El formato permitía que pudieras reservar una comida, desayuno o cena para pedir la mano o escuchar un concierto privado con la mágia del entorno que te rodea.

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