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Curiosos observan uno de los inmuebles de avenida Juárez dañados por el sismo del 19 de septiembre de 1985. Foto: Archivo Agencia EL UNIVERSAL

A 30 años de la tragedia

19 de septiembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

México, DF.- Eran casi las 7:19 de la mañana de un jueves como cualquier otro. Alberto Bolívar regresaba de su jornada laboral en El Tropicana, uno de los bares más populares de la plaza Garibaldi, sitio conocido por ser el centro de los mariachis en la ciudad de México. Apenas llevaba unos minutos de sueño cuando el caliche del techo de su cuarto comenzó a caerle encima y escuchó los gritos de su mujer que lo apresuraba para que saliera de la habitación.

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“Así como bajábamos las escaleras, se iba desmoronando todo”, recuerda Alberto. Era el 19 de septiembre de 1985 y cada rincón de la capital mexicana se estaba estremeciendo.

Este hombre de más de 50 años es uno de los pocos sobrevivientes del derrumbe de los departamentos conocidos como “San Camilito”, ubicados a unos pasos de Garibaldi. La mayoría de la gente que vivía en ese conjunto de tres edificios eran mariachis o empleados de centros nocturnos de la zona. A la hora del terremoto muchos dormían profundamente. Pocos lograron salir corriendo. Otros, envueltos en la desesperación, se lanzaron por las ventanas. Nadie sabe cuántos quedaron entre los escombros.

Durante poco más de dos minutos los habitantes de la ciudad de México fueron testigos de cómo cientos de edificios se colapsaron totalmente. Eran las 7:30 de la mañana y calles de la colonia Tabacalera, avenida Juárez y Paseo de la Reforma, entre otras, se parecían a las imágenes de zonas de desastre de una película de acción. Lo único visible eran los escombros. De aquellos grandes hoteles, edificios y hasta escuelas, ya no quedaba nada.

El terremoto de 8.1 grados en la escala de Richter de ese día y la réplica del 20 de septiembre, de 7.9 grados, ocasionaron daños estructurales en cientos de inmuebles que, en caso de haber sobrevivido al temblor, tuvieron que ser demolidos tiempo después del siniestro.

De acuerdo con datos obtenidos, a través de solicitudes de información, la Secretaría de Protección Civil del Distrito Federal tiene un registro de 263 edificios que sufrieron colapsos parciales o totales durante esa mañana soleada de jueves. La mayoría de las secuelas fueron visibles en el primer cuadro de la ciudad de México.

Tres de cada 10 de estas edificaciones estaban identificadas como conjuntos habitacionales. De estos 91 registros, 25 sufrieron el colapso total de su estructura y en 65 casos los daños fueron parciales. Familias enteras quedaron atrapadas en algunos de estos departamentos.

Los espacios que eran usados para oficinas tampoco salieron bien librados. Un total de 37 edificios de este tipo se vinieron abajo total o parcialmente. Además, 23 cines y 21 hoteles también sufrieron daños potenciales. Sitios como el teatro El Roble y la escuela Conalep, ubicada en la calle de Iturbide y avenida Juárez, desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos.

De las casi 300 edificaciones que registró Protección Civil, en 81 casos sólo quedaron escombros y en 182 los daños fueron lo suficientemente severos para dejarlos inhabilitados por un tiempo, algunos permanecen y otros fueron demolidos. El rostro de la capital se modificó drásticamente en 120 segundos.

La Secretaría de Protección Civil elaboró este diagnóstico junto con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en el proyecto denominado “Actualización de los mapas de riesgos por sismos, hundimientos, fracturas y procesos de remoción en masa y asentamiento en las delegaciones del Distrito Federal 2014”.

Pero estudios del Instituto de Física de la UNAM muestran otra realidad, una que supera la reportada en las cifras gubernamentales. De acuerdo al estudio “La Física del temblor defeño”, publicado por esa institución, “se cayeron casi 500 edificios, la mayoría entre siete y 12 pisos de altura y construidos de manera similar”. Además, el documento añade un punto relevante: “los edificios que se colapsaron, sin excepción, estaban construidos sobre lo que era el antiguo lago de Tenochtitlan”.
Después del terremoto de 1985, la normatividad en cuanto a la edificación debió cambiar. Algunas de las medidas tomadas por las autoridades fueron los cambios en las normas de construcción y la elaboración de dictámenes de riesgo estructural, con lo que lograrían determinar los peligros existentes en las edificaciones. Gabriela Martínez Ruelas, estudiante mexicana de maestría en ingeniería estructural y especializada en desastres naturales de la Universidad de la Bauhaus, en Alemania, solicitó a la
Secretaría de Protección Civil del Gobierno del Distrito Federal información sobre estos dictámenes.

“Actualmente estoy realizando una investigación para mi tesis sobre el desarrollo urbano de la ciudad de México, después de terremotos devastadores. Requiero consultar los planes de desarrollo urbano antiguos y actuales existentes para la capital, ya que necesito realizar un análisis de cómo han impactado los terremotos a través del tiempo, en las estrategias y políticas de
planeación urbana”, detalla la experta en su petición.

La investigadora preguntó a Protección Civil y le respondieron que debía ser la Secretaría de Desarrollo Urbano y de Vivienda (Seduvi) la que debía darle una repuesta a su requerimiento.

En contraste, Protección Civil fue la que entregó los datos sobre los inmuebles con daños estructurales. Las consecuencias reales y devastadoras del terremoto de 1985 continúan siendo un misterio para muchos de los capitalinos.

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