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Morelia, Michoacán a 21 de enero de 2017
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Foto: Wendy Rufino. Los cruceros de calles de Morelia, son sitios estratégicos donde personas sin hogar buscan “ganarse” el pan de cada día.

Caridad de la gente, su única esperanza

6 de mayo, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Fátima Miranda/ La Voz de Michoacán
Morelia, Michoacán.-
“Ahora permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y la caridad: pero de las tres, la caridad es la mas excelente de todas”. I Cor 13, 13.

Diego Leopoldo Cuevas Muñoz, escucha una estación de radio a todo volumen, con ella ameniza las horas que dedica a pedir apoyo a la ciudadanía en la avenida Madero de Morelia, pues está discapacitado por diabetes, le fue amputada una pierna y no puede moverse por los estragos de esa enfermedad en su cuerpo, sus brazos y su espina dorsal no responden y sus riñones se encuentran severamente dañados.

Muy cerca de la plaza de armas de Morelia, en la esquina de Avenida Madero y Abasolo, se despoja de su vergüenza y sobre su silla de ruedas apela a la solidaridad de los transeúntes para allegarse recursos y apoyar así a su mamá que se encarga de su cuidado. A sus 65 años, depende totalmente de las demás personas, él como muchos otros, se encuentra en condición de vulnerabilidad y día con día sale a la calle en busca de recursos.

Explicó que su problema se derivó después de que trabajó como copiloto de un chofer de tráiler, las desveladas, la falta de hidratación y el constante café con azúcar, descompensaron su organismo, hoy la mendicidad se ha convertido en su forma de subsistir. Diego tiene una hija que vive en Oaxaca “pero ella es muy pobre y no puede ayudarme”. Muchos cambios ha habido en su vida pues por su condición, ha perdido incluso a sus amistades y de sus hermanos dice, “parece que no tuviera, sólo una de ellas paga a un joven para que me bañe y me dé de comer”.

Martha Virginia tiene 32 años de edad, vive en la colonia Buena Vista de Zinapécuaro y cada que puede viene a Morelia, acompañada de su hija de 9 años, ella padeció diabetes gestacional y quedó enferma, “me cuesta 950 pesos cada frasquito de insulina, me dura de 10 a 12 días”. Su familia cayó en desgracia por un préstamo que obtuvo su esposo a rédito para atender su salud, “sacó primero 14 mil pesos y le cobraron 28; luego sacó 25 mil y le están cobrando 50 mil, trabaja sólo para pagar y nosotros no comemos bien, eso me obliga a pedir, la gente a veces juzga y me dice, trabaja, estás joven”.

Agregó que en ocasiones no duerme porque cose servilletas o vende nopales que su esposo corta en el cerro, “a veces no tenemos ni para las tortillas”, asegura. De acuerdo a la Junta de Asistencia Privada, 5 mil personas al menos, están en condición de vulnerabilidad, sin embargo éstas son las que reciben algún apoyo por parte de las instituciones, pero aún falta contabilizar a quienes no tienen este privilegio y deambulan en las calles sin un lugar propio para dormir.

Para más información consulte la edición impresa de este 6 de mayo

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