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Foto: Internet. La migración hacia las américas continentales cubana repuntó en 2015.

Sigue la odisea de cubanos

2 de abril, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Costa Rica.- Aníbal, Javier y Mario son apenas tres de los miles de cubanos que forman parte de una nueva oleada migratoria proveniente de la isla caribeña. Casi al final de su periplo hacia EU, después de haber atravesado ocho países durante casi un mes, se les pudo ver a algunos de ellos en el sur de México.

De Cuba a Estados Unidos, con Ecuador, que no pide visa a los cubanos, como rampa de lanzamiento. Una épica odisea para escaparse de Cuba, un largo rodeo en busca de nuevas oportunidades.

Datos obtenidos detallan que si en 1980 fue el éxodo del Mariel y en 1994 la crisis de los balseros, 2015 fue el año de “los balseros en tierra firme”, miles de cubanos lanzados a cruzar las Américas.

Los tres lo narran mientras esperan en Tapachula, en la frontera sur de México, por un permiso para seguir su viaje al norte.

Avanzan a ciegas

El calor es implacable en Tapachula, por donde la gran mayoría de los 9 mil 100 cubanos que se embarcaron en este periplo en 2015 y tramitaron un oficio de salida para continuar rumbo a Estados Unidos.

Pacientes, hicieron fila para recibir un permiso especial. Saben que ya pasó lo peor.

Los tres, licenciados en Cultura Física y Deporte, se conocen de Ciego de Ávila, en el centro de Cuba. Aníbal de 33 años juega al futbol con Mario de 43 años, Mario es cuñado de Javier de 29 años.

No hacen esto por ellos mismos, tienen algo más grande por quien sacrificarse. Los mueve el amor por otros, dicen, no su propia salvación.

Quieren ayudar a sus familias. Aníbal lo hace por su madre y su hermana, de 15 años.

Javier busca que sus padres se puedan retirar, no anhela lujos ni riqueza, apenas “trabajar y vivir como persona”.

Mario sueña con estar con sus padres en Nueva York a quienes no ve hace 13 años, y asegurarles un futuro a sus hijas adolescentes.

Salieron de la isla frustrados por falta de oportunidades. Un par de ellos habían dejado sus puestos donde ganaban 25 dólares al mes para trabajar por su cuenta.

Los llamados “cuentapropistas”, impulsados a fines de 2010 tras la primera gran reforma del gobierno de Raúl Castro, también perdieron la esperanza ante la “lentitud de los cambios”. Aunque comenzaron a ganar más, Javier, con un centro de fotocopiado y Mario, criando cerdos, el futuro no era prometedor.

Mucho se ha dicho que esta nueva oleada migratoria cubana se debe al deshielo en las relaciones entre EU y La Habana y el temor de que se modifique la Ley de Ajuste Cubano, una normativa que permite la permanencia de los cubanos en EU una vez que pisan su territorio.

“No lo hacemos por eso”, explica Mario, “pero las eventuales mejorías van a demorar, de 5 a diez años. “Cuba va a seguir igual, tenemos un desarrollo intelectual muy bueno pero nos falta dinero para alimentar a nuestros hijos”.

“La apertura”, interviene Aníbal, es un negocio para el gobierno pero no para el pueblo cubano, el pueblo no se beneficia.

“No tengo esperanza de que las cosas cambien, no voy a esperar a ser un anciano para lograr mis sueños y que el sueño de mi familia se haga realidad”.

En la selva y a caballo

En busca de oportunidades para ellos y sus familiares, volaron, atravesaron selvas, montaron a caballo, viajaron en autobús, en camión, en chalupa, en lancha rápida.

La travesía sudamericana empezó con un viaje de 240 kilómetros en auto desde la capital ecuatoriana hasta Tulcán, Colombia, para cruzar el río Carchi y alcanzar Ipiales.

“Era domingo de elecciones, la frontera estaba cerrada. Y tuvieron que buscar alternativas. Los coyotes nos llevaron a unas lomas inmensas, íbamos bordeando y evadiendo los retenes y los controles fronterizos”, explica Mario.

Sin poder salir de la habitación, pasaron escondidos dos días en un hostal de Ipiales, con apenas una comida diaria, a la espera de la luz verde para continuar.

Siguieron, y después los detuvieron en un retén y les pidieron 2 mil dólares a cada uno, “que si no los llevaban con migración, que se bajen, que paguen, que había que dar dinero, que los iban a detener”. Por 15 dólares pudieron seguir el viaje.

Iban a ciegas, forzados a confiar en quien se les apareciera. No sabían qué hacer. “Fue un momento crítico. Empezaron a pensar en un plan B”, dice Aníbal.

Pasaban las horas en Colombia, hasta que apareció un camión y supieron que era para ellos. Allí harían los 400 kilómetros hasta Cali.

Al llegar a Cali los llevaron a una casa en una “zona roja” de la ciudad pero apenas estuvieron un par de horas hasta que en la madrugada les soltaron: “Arriba que nos vamos”.

Camino a Medellín -otros 400 kilómetros-, en un autobús de pasajeros la policía les pidió dinero, 50 dólares a cada uno y terminaron dando 20 dólares y los quiso extorsionar el conductor.

Luego de esa travesía ya no hay coyotes, contactos ni un camino trazado. Pero fueron extorsionados por indígenas, sufrirán un acuerdo entre oficiales de inmigración y hoteleros y contaron con la ayuda de militares para seguir su viaje.

Aníbal, Mario y Javier optaron por evitar un nuevo trámite en Costa Rica y por 80 dólares se dirigieron a la frontera con Nicaragua.

A 20 kilómetros del puesto fronterizo de Peñas Blancas, un retén los forzó a abandonar el autobús y caminar por la selva durante una hora para finalmente pagar una “multa migratoria” de 80 dólares que les permitiría continuar hasta Guasaule, en el límite con Honduras y después seguir hasta México.

Según cifras del gobierno de EU, más de 25 mil cubanos llegaron a su país a través de la frontera sur entre octubre de 2014 y marzo de este año, un incremento de casi el 80% con respecto al anterior periodo.

La vía terrestre para muchos es menos costosa y menos arriesgada que pagar 10 mil para cruzar los 150 kilómetros que separan por mar a Cuba de EU, donde las autoridades, bajo la política de “pies secos-pies mojados” pueden detener a los cubanos en el mar pero no en tierra.

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