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Morelia, Michoacán a 28 de abril de 2017
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Foto: Agencias. En ocasiones los padres se aferran a que los niños saquen buenas notas en los exámenes.

No todos los niños deben ser de 10

2 de abril, 2017

Redacción web/La Voz de Michoacán

Erika Conejo / La Voz de Michoacán.
Morelia, Michoacán.- Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos, pero en ocasiones ese deseo de que todo esté bien hace que el comportamiento de los padres no siempre sea el adecuado, en su afán de que los niños cumplan las expectativas académicas que impone la sociedad.

En ocasiones los padres se aferran a que los niños saquen buenas notas en los exámenes, lo que muchas veces conlleva a que ejerzan presión en los pequeños. En general y a menudo los padres no logran asimilar las notas de lo hijos, es decir, “si un niño saca siete en el examen llegan los reclamos y las exigencias para que la próxima vez sea un ocho.

Y si logra el nueve, le reclaman un diez, por lo que se olvidan de motivarlos y además le dan demasiada importancia a la calificación, como si fuera el único objetivo, olvidándose de que sólo es un instrumento”, precisa la psicóloga Olga Calderón. Al respecto la pedagoga Silvia Ochoa Rentería resalta que la mayoría de padres exigentes suelen serlo en todo: en el orden, en las tareas de casa, en los horarios, en el deporte, e incluso en las actividades de ocio. ¿Hasta dónde? Son pocos los padres que no desean grandes cosas para sus hijos.

Pero entre desearlas y fijarlas como objetivo hay una pequeña línea. La mayoría de los padres están convencidos de que sus hijos rendirán más si ellos son muy exigentes, y en lugar de felicitarles por lo ya conseguido remarcan lo que aún tienen pendiente.

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