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Morelia, Michoacán a 25 de mayo de 2017
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Foto: Internet. México fue el segundo país latinoamericano en poner un satélite en órbita como el Morelos I Y Morelos II.

Falta tecnología satelital

4 de julio, 2015

admin/La Voz de Michoacán

– Cuando era niño dibujó un mapa de la Luna, empezando con las observaciones detalladas que hacía desde su telescopio y terminando con lo que su imaginación le dictaba. Para el escritor y científico británico Arthur C. Clarke, bien conocido por su novela y posterior adaptación cinematográfica 2001: “Odisea del espacio”, la ciencia y la ficción siempre caminaron de la mano.

Con el artículo “Retransmisión extraterrestre”, publicado en 1945, este icono de la divulgación científica sentó las bases del funcionamiento de los satélites artificiales en la órbita geoestacionaria. Unos 70 años después de esta publicación, el funcionamiento de estos objetos sigue planteando desafíos.

Según la definición de José Luís García, del departamento de Telecomunicaciones de la facultad de Ingeniería de la UNAM, un satélite artificial es un “aparato fabricado por el hombre y lanzado al espacio para girar de forma útil alrededor de la Tierra o de algún otro cuerpo celeste. Los satélites son como los autos, aparentemente son distintos, pero todos tienen los mismos subsistemas, según su aplicación tienen sus variaciones, pero poseen los mismos elementos”.

El Sputnik 1, lanzado en octubre de 1957, por la Unión Soviética fue el primer satélite artificial de la historia. “Pesaba 84 kilogramos y tenía una esfera de diámetro de 60 centímetros. Era básicamente una prueba para saber si se podía poner un objeto en el espacio y enviar señales”. El especialista señala que las primeras comunicaciones con satélite eran a través de órbita baja, (LEO), cuyos límites no están específicamente determinados, pero se considera que se encuentran de 500 a mil 500 kilómetros sobre la superficie de la Tierra.

“Mientras más cercano esté el objeto que gira en torno a la Tierra, tendrá que girar más rápido para que no sea atraído por la fuerza de gravedad. Necesita una velocidad que genere una fuerza centrífuga suficiente”. Los satélites de órbita baja siguen siendo empleados principalmente para aplicaciones de detección meteorológica e inteligencia, pero también pueden ser empleados en las comunicaciones.

García explica que para este último fin se emplean las llamadas constelaciones de satélites, varios objetos del género trabajando al mismo tiempo para garantizar una comunicación permanente. “Se mueven rápido para cubrir una franja de cobertura amplia en la superficie de la Tierra, de tal forma que cuandoentrauno, pueda salir el siguiente y así sucesivamente”.

Este es el caso utilizado por empresas de comunicaciones de cobertura mundial como Global Start e Iridium. “Cuando se colocan satélites en este tipode órbitas, se utilizan comúnmente frecuencias que estén destinadas para ese uso y no causen interferencia enotros países”, apunta el experto.

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