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Morelia, Michoacán a 8 de diciembre de 2016
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La Voz de la Fe

6 de noviembre, 2016

Paola Franco/La Voz de Michoacán

En estos días, 31 de octubre y 1 de noviembre, el Papa Francisco ha realizado un viaje muy especial, por varios motivos, a Suecia. Ha participado en una celebración ecuménica con motivo de los 500 años de la Reforma Luterana. Ha estado en medio de una de las sociedades más secularizadas donde un alto porcentaje de la población es agnóstico o ateo. Ha celebrado la Misa con la pequeña minoría católica, menos del 1%, formada por migrantes y refugiados llegados de diversas partes del mundo.

No han faltado críticas acusando al Papa de poner en riesgo o traicionar la fe católica. Sin embargo, es preciso comprender el verdadero significado del ecumenismo que, ya desde San Juan XXIII y el Beato Pablo VI, inspiró los documentos del Concilio Vaticano II. El acercamiento y el diálogo respetuoso no significan ni renunciar ni debilitar la identidad católica.

Hay puntos en los que ha insistido el Papa Francisco y que es necesario valorar en el ejemplo de nuestros hermanos protestantes. La Reforma siempre será una exigencia para los discípulos de Jesús que nos llama a una conversión constante. No podemos pretender que ya somos perfectos, que comprendemos toda la verdad, que vivimos de manera intachable, que nadie puede venir a enseñarnos y corregirnos. Fuera de los confines de nuestra Iglesia también hay elementos de verdad y santidad. Dentro de la Iglesia cometemos errores y, como pecadores, estamos siempre necesitados de la gracia y del perdón.

El Papa recalca la necesidad de la apertura y del diálogo, porque el encerramiento enferma a la Iglesia y es fuente de mayores conflictos internos. Con humildad y respeto podemos ofrecer a todo el mundo la riqueza de nuestra doctrina y principalmente el testimonio de nuestra vida. Los teólogos han avanzado y es muy importante la declaración conjunta sobre “la justificación”, tema central en la discusión entre luteranos y católicos; se van compartiendo verdades comunes sobre la doctrina del pecado y de la gracia.

Por mucho tiempo la Iglesia católica, por una cierta reacción y algún miedo infundado, no le dio la importancia suficiente a la Biblia, siendo primordial la Palabra de Dios para todo cristiano. El movimiento bíblico y la espiritualidad basada en los libros santos son esenciales y todos han tener acceso a los tesoros de la Sagrada Escritura.

Las experiencias vividas por el Papa Francisco en Argentina desde su juventud, siendo sacerdote jesuita y luego Arzobispo de Buenos Aires, le han hecho valorar la  cercanía, el diálogo y colaboración con las comunidades no católicas, así como con los judíos. Ya San Juan Pablo II había mostrado al mundo su intuición y valentía en los encuentros interreligiosos de Asís buscando que todas las creencias se orientaran a la paz y a la fraternidad.

Todos podemos y debemos orar por la unidad de los cristianos, apreciar y respetar a quienes comparten con nosotros la fe cristiana perteneciendo a diferentes confesiones, colaborar conjuntamente en las obras de misericordia y de acción social, en actividades a favor del matrimonio y la familia, en el cuidado del medio ambiente, en programas de educación integral y en las causas de la justicia y la paz.

+Alberto Cardenal Suárez Inda

Arzobispo de Morelia

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