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La Voz de la fe

18 de octubre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

La agradable palabra de Dios nos muestra la necesidad de arrepentirnos continuamente a fin de mantener la influencia del Espíritu Santo.

A lo largo de la vida, aprendemos que el gozo en este mundo no es completo, pero en Jesucristo se cumple nuestro gozo (véase D. y C. 101:36). Él nos dará fortaleza a fin de que no tengamos que padecer ningún género de aflicciones que no sean consumidas en Su gozo (véase Alma 31:38).

Nuestro corazón se puede llenar de angustia cuando vemos a un ser querido sufrir los dolores de una terrible enfermedad. La muerte de alguien a quien amamos puede dejar un lugar vacío en nuestra alma. Cuando algunos de nuestros hijos se desvían del sendero del Evangelio, tal vez sintamos culpa e incertidumbre acerca de su destino eterno. La esperanza de lograr un matrimonio eterno y establecer una familia en esta vida se puede empezar a esfumar con el paso del tiempo. El maltrato de personas que se supone que deben amarnos puede dejar marcas profundamente dolorosas en nuestra alma. La infidelidad de un cónyuge puede destruir una relación que esperábamos que fuese eterna. Estas y muchas otras aflicciones que son parte de este estado de probación a veces hacen que nos preguntemos lo mismo que preguntó el profeta José Smith: “Oh Dios, ¿en dónde estás?” (D. y C. 121:1).

En esos difíciles momentos de la vida, la agradable palabra de Dios, que sana el alma herida, brinda a nuestro corazón y a nuestra mente el siguiente mensaje de consuelo: “… paz a tu alma; tu adversidad y tus aflicciones no serán más que por un breve momento; “y entonces, si lo sobrellevas bien, Dios te exaltará” (D. y C. 121:7–8).

La agradable palabra de Dios nos llena de esperanza porque sabemos que aquellos que son fieles en la tribulación tendrán la mayor recompensa en el reino de los cielos y que “tras mucha tribulación vienen las bendiciones.

Ahora bien, es importante comprender que algo de sufrimiento y aflicción también pueden llegar a nuestra vida si no nos arrepentimos verdaderamente de nuestros pecados. El presidente Marion G. Romney enseñó: “La mayor parte del sufrimiento y la aflicción que soporta la gente de esta tierra es el resultado de pecados por los cuales no se han arrepentido ni recibido remisión… Así como el sufrimiento y el pesar acompañan el pecado, así también la felicidad y el gozo acompañan el perdón de los pecados” Si tratamos de apaciguar nuestra conciencia “… [excusándonos] en lo más mínimo a causa de [nuestros] pecados” (véase Alma 42:30) o tratando de ocultarlos, lo único que lograremos es ofender al Espíritu (véase D. y C. 121:37) y demorar nuestro arrepentimiento. Ese tipo de alivio, además de ser temporal, al final nos acarreará más dolor y angustia, y disminuirá la posibilidad de recibir la remisión de nuestros pecados.

Para ese tipo de sufrimiento, la agradable palabra de Dios también brinda consuelo y esperanza, y nos afirma que existe alivio del dolor causado por los efectos del pecado. Ese alivio proviene del sacrificio expiatorio de Jesucristo y entra en vigor si ejercemos fe en Él, nos arrepentimos y somos obedientes a Sus mandamientos. La agradable palabra de Dios nos invita a hacer uso del poder de la expiación de Cristo para aplicarla a nosotros mismos y ser reconciliados con Su voluntad —y no con la voluntad del diablo y de la carne— a fin de que seamos salvos mediante Su gracia (véase 2 Nefi 10:24–25). La agradable palabra de Dios que compartimos hoy nos muestra la necesidad de arrepentirnos continuamente a fin de mantener la influencia del Espíritu Santo el mayor tiempo posible.

El tener la compañía del Espíritu nos convertirá en mejores personas. “… Él susurrará paz y gozo a [nuestra] alma… quitará del corazón toda malicia, odio, envidia, contiendas y maldad; y todo [nuestro] deseo será hacer el bien, fomentar la rectitud y edificar el reino de Dios (véase Enseñanzas: José Smith, pág. 103).

Con la influencia del Espíritu Santo, no nos ofenderemos ni ofenderemos a los demás; nos sentiremos más felices y nuestra mente será más pura. Nuestro amor por los demás aumentará y estaremos más dispuestos a perdonar y esparcir felicidad a las personas que nos rodean. Nos sentiremos agradecidos al ver el progreso de otras personas y procuraremos ver lo bueno en los demás.

Mi ruego es que podamos experimentar el gozo que resulta de esforzarnos por vivir en rectitud y que podamos conservar con nosotros la compañía del Espíritu Santo mediante el arrepentimiento sincero y continuo. Llegaremos a ser personas mejores y nuestra familia será bendecida.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Hno. Javier Ávila Hernández

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