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La Voz de la Fe

20 de diciembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

 

Este es tiempo de Navidad y ojalá nos acordemos todos del significado verdadero de la Navidad.  Hace más de 2 mil años, Jesús el Cristo nació en un pesebre en un pequeño pueblo en Israel llamado Belén y debido a ese suceso singular todo el mundo cambió.

Nuestro calendario se divide en dos partes: “antes de Cristo” y “después de Cristo”.  De ningún otro personaje histórico se han escrito tantos libros.  De nadie se han escrito tantas canciones, himnos y canticos. Tú y yo reconocemos que nunca ha habido y nunca habrá alguien como Jesús. Él fue profetizado con lujo de detalle muchos siglos antes de nacer. Nadie nació como él. Tú puedes leer toda la interesantísima historia del nacimiento de Jesús en la Biblia, en San Mateo capítulos 1 y 2 y también en San Lucas capítulos 1 y 2. No existe otra historia como esta.

La Biblia dice en el Evangelio de San Juan, “De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”.  Padre Dios envió a su hijo Jesús para dar su vida por todos nosotros y así redimirnos del pecado y darnos vida eterna.

Podemos decir entonces que la razón de “la cuna” de Jesús fue “la cruz” de Jesús. Nació con un gran propósito, el de ir un día a la cruz y dar su vida en sacrificio por nosotros.  Prácticamente todo el mundo sabe de la cuna de Jesús (navidad) así como de la cruz de Jesús (semana santa). Esos dos objetos, una “cuna” y una “cruz”, son conocidos mucho más que el resto de la vida y las enseñanzas de Jesús. Por todas partes vemos nacimientos y cruces.

Esto a mí me dice que Jesús conoció y realizó el propósito de su vida, la razón por la cual nació. Una gran verdad es que donde hay vida, hay propósito. Las vidas de todos nosotros tienen un gran propósito también. Esto obedece a una cosa: el inmenso amor de Dios. La vida de Jesús demostró con gran poder el amor incondicional de Dios por toda una humanidad desesperadamente necesitada.

Él hablaba como ningún otro hombre había hablado. Predicaba buenas nuevas a los pobres, sanaba a los enfermos, libertaba a los cautivos y lo maravilloso es que la Biblia dice que él es el mismo ayer, hoy y por los siglos.  Todo aquel que en él cree nacerá de nuevo y podrá gozar de vida abundante en este mundo, así como en la vida después de la muerte.

Lo más importante que podemos aprender de los héroes del pasado esta concentrado en la persona de Cristo Jesús, el héroe de todos los héroes. Nadie cambió al mundo como él lo cambió. Nadie nació como él, nadie vivió como él, nadie sirvió como él, nadie enseñó como él, nadie murió como él, nadie resucitó como él, nadie sigue viviendo como él, nadie nos ama como él.

No es sabio el que lo ignora, no es sabio el que no desea aprender de él, no es sabio el que no reconoce su papel en la historia de la humanidad de este planeta tierra, y no sólo en la historia, sino en el pensamiento moderno, en la filosofía, en centenares de miles de libros que se han escrito y en la transformación profunda de millones de personas que han vivido en los últimos 2,000 años.

Nadie me impresiona más que él, nadie me conmueve más que él, nadie me entusiasma más que él, nadie me desafía más que él, nadie me instruye más que él, nadie me ama con él, por esto y por mucho más es que creo en él. Me consideraría un completo insensato si no creyera en él.

Conoce su vida amigo, conoce sus obras, conoce sus enseñanzas, su realidad, conoce su poder, conoce su sabiduría. Piensa por un rato en su amor, en su amor mostrado hacia todos los que él trató estando en su humanidad, piensa por un rato en su autoridad, en su seguridad, piensa en la manera en que atraía a las multitudes y sigue atrayendo a millones el día de hoy. Piensa en Jesús. Piensa en el héroe de todos los héroes. Piensa en mi héroe Jesús. Esta Navidad, como todas, existe por él y para él.

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