IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 26 de marzo de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

18.13

18.90

Una llave para acceder a una familia feliz

16 de octubre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Javier Avila Hernández

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

El gran autor ruso León Tolstói comienza su novela Anna Karenina con estas palabras: “Todas las familias felices se parecen; pero cada familia infeliz tiene un motivo particular para sentirse desgraciada”. Aun cuando no tengo la misma certeza de Tolstói en cuanto a que todas las familias felices sean similares, he descubierto un elemento común en la mayoría de ellas: tienen la actitud de perdonar y olvidar las imperfecciones de los demás y de buscar lo bueno en ellos.

Por otra parte, las personas de una familia que no es feliz con frecuencia buscan defectos, guardan rencor y no parecen poder olvidar las ofensas del pasado.

“Sí, pero…”, dicen los que no son felices. “Sí, pero no sabes hasta qué punto ella me ofendió”, dice uno. “Sí, pero no sabes lo terrible que él es”, dice otro.

Quizás ambos tengan razón; o quizás ninguno la tenga.

Hay muchos grados de ofensa y hay muchos niveles de agravio, pero lo que he notado es que con frecuencia justificamos nuestro enojo y acallamos nuestra conciencia imaginando historias sobre los motivos de las otras personas para calificar sus acciones como imperdonables y egoístas mientras que, al mismo tiempo, elevamos nuestros propios motivos considerándolos puros e inocentes.

El perro del príncipe

Hay una vieja historia galesa del siglo trece acerca de un príncipe que regresó a su casa y encontró a su perro con la cara ensangrentada. Se apresuró a entrar en la casa y con horror halló que la cuna de su bebé estaba volcada y el niño había desaparecido. Furioso, el príncipe desenvainó la espada y mató al perro. Poco después oyó el llanto de su hijito, ¡estaba vivo! Junto al niño había un lobo muerto; en realidad, lo que había hecho el perro era defender a su hijo del lobo asesino.

Aun cuando este relato es dramático, demuestra un punto importante; plantea la posibilidad de que la explicación que nos damos a nosotros mismos sobre el motivo por el que otras personas se comportan de cierta manera no siempre esté de acuerdo con la realidad. A veces, ni siquiera queremos saber la realidad; preferimos autojustificar nuestra ira aferrándonos a la amargura y al resentimiento. A veces, esos rencores suelen durar meses e incluso años; hay casos en que se prolongan por toda la vida.

Ninguna familia es perfecta

Ninguno de nosotros está libre de pecado; todos cometemos errores, incluso ustedes y yo. Todos hemos sido heridos y todos hemos herido a otras personas. Es gracias al sacrificio de nuestro Salvador que podemos obtener la Exaltación y la Vida Eterna. Al aceptar Sus vías y vencer el orgullo por medio de ablandar el corazón, traemos reconciliación y perdón al seno de nuestra familia y a nuestra vida personal. Dios nos ayudará a estar más dispuestos a perdonar, a caminar la segunda milla, a ser los primeros en disculparnos aun cuando no hayamos tenido la culpa, a dejar de lado viejos rencores y a no alimentarlos más. Demos gracias a Dios, que dio a Su Hijo Unigénito; y al Hijo, que dio Su vida por nosotros.

Todos los días sentimos el amor de Dios por nosotros. ? El Señor nos ha abierto la puerta para que seamos perdonados. ¿No sería justo que hiciéramos a un lado nuestro egotismo y orgullo y empezáramos a abrir esa puerta bendita del perdón a aquellos con quienes discrepamos, especialmente a todos los de nuestra familia?

Al fin y al cabo, la felicidad no proviene de la perfección sino de aplicar los principios divinos, aun cuando sea en pequeños pasos. La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles han declarado: “La felicidad en la vida familiar tiene mayor probabilidad de lograrse cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo. Los matrimonios y las familias que logran tener éxito se establecen y se mantienen sobre los principios de la fe, de la oración, del arrepentimiento, del perdón, del respeto, del amor, de la compasión, del trabajo y de las actividades recreativas edificantes”.

El perdón está situado en el medio de estas verdades sencillas, que se basan en el plan de felicidad de nuestro Padre Celestial. Debido a que el perdón conecta principios, también conecta a la gente; es una llave, abre puertas cerradas; es el principio de una senda honrada y es una de nuestras mayores esperanzas para tener una familia feliz.

Que Dios nos ayude a estar más dispuestos a perdonar en el seno de nuestra familia, a perdonarnos más los unos a los otros y, tal vez, a perdonarnos más incluso a nosotros mismos. Ruego que practiquemos el perdón como una maravillosa característica en la cual se asemejan la mayoría de las familias felices.

 

Comparte la nota

Publica un comentario