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Morelia, Michoacán a 23 de julio de 2017
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Foto: Wendy Rufino. El Bosque Cuauhtémoc es hoy en día un importante espacio de recreación para los morelianos.

De Barrio de San Pedro a Bosque Cuauhtémoc

27 de diciembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

El Bosque Cuauhtémoc ha sido una zona de escaparate social para morelianos desde la época colonial y en siglo XXI siegue dotando de tranquilidad el sur oriente de la capital michoacana.
En 1541, a la zona arbolada que hoy ocupa el Bosque Cuauhtémoc se le llamaba “Barrio de San Pedro” y fue entregada a los indígenas lugareños, quienes desde un década anterior; se asentaron al oriente de la primaria capilla franciscana de Buenaventura, asentamiento llamado como “La Aldea”, lugar que hoy es ocupado por las calles Juan José de Lejarza y Vicente Santa María, llegando por el sur a la hoy calle de Ortega y Montañes. Esto según lo indicado por José Fabián Ruiz en su obra “Morelia y sus Antiguos Paseos”.
Tres siglos más tarde, para 1852, el entonces gobernador de Michoacán, EpitacioHuerta, lanzó un proyecto para crear un bosque “en forma” a similitud de la Alameda Central de la Ciudad de México.
7 años después, el ingeniero WillermoWodon de Sorianne presentó su proyecto para el Paseo de San Pedro que incluía también la edificación de la Calzada Fray Antonio de San Miguel.
Para 1867, derivado del triunfo de la República Restaurada, se comenzaron a edificar algunas casonas en los alrededores del Paseo de San Pedro, construyéndose 4 casas que en la actualidad son ocupadas por el Museo de Arte Contemporáneo “Alfredo Zalce”, el Museo de Historia Natural, el DIF Estatal y la Comisión Forestal del Estado de Michoacán.
Según la obra de Fabián Ruiz para 1915, el antiguo “Paseo de San Pedro” fue rebautizado como “Bosque Cuauhtémoc”, zona clave en la ciudad para el relajamiento de morelianos, que hasta la fecha sirve para el esparcimiento familiar e infantil para los morelianos.
El bosque Cuauhtémoc sirvió de inspiración para que “El Duque de Job” (Manuel Gutiérrez Nájera) escribiera algunas líneas alusivas a la zona arbolada que dejaremos a continuación para deleite de nuestros lectores:
“Más que paseo, se me figura aquél un monasterio de árboles. También esto es un sitio de meditación y de quietud, no sé qué aspecto cenobítico. Cuando el viento agita sus hojas se oye como un colosal murmullo de oración, como un salmo cantado a media voz por un sinnúmero de monjes en algún coro gigantesco, cuya sillería nos imaginamos que es de ébano. Qué felices son los morelianos, puesto que tienen la soledad cerca de ellos. Todo en ese bosque es intrincado, enmarañado, y todo en él está oculto. He pasado allí las ultimas horas de la tarde, y llegué a creer que la noche no bajaba a aquel sitio agreste, sino que salía de él, como una hamadriada sale de la hendida encina, para ir a la ciudad. Algunas de sus grandes calles, de sus grandes bóvedas, parecen túneles de hojas, en el fondo se ve un pequeño arco azul, es la luz que se va, y antes de irse se asoma para ver quién se queda dentro del bosque”.

Para leer el reportaje completo consulta la edición impresa de este 27 de diciembre.

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