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Morelia, Michoacán a 26 de mayo de 2017
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Foto: Samuel Herrera Jr. Entre mesones y hoteles.

Entre mesones y hoteles de Morelia

11 de septiembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Paola Franco/ La Voz de Michoacán.

Morelia, Michoacán.- Por su posición geográfica privilegiada, la capital michoacana ha sido utilizada entre la zona del Bajío como una importante vía de comunicación para las relaciones comerciales, y para ello fue indispensable que contara con lugares específicos donde pudieran descansar aquellas personas que recorrían largos trayectos para trasladar mercancía, únicamente acompañados de una mula o un burro.

Por ello y desde sus orígenes, Morelia sirvió para que en ella pudieran instalarse mesones, que hasta nuestros días se han transformado en grandes y antiguos hoteles, muchos de ellos con historias que remontan a la época en la que turistas de todo el mundo deseaban conocer la ciudad de la cantera rosa.

El historiador michoacano Ricardo Aguilera Soria, relata que desde el Siglo XVII uno de los mesones más afamados fue el mesón de San Agustín, también conocido como San Juan de Dios, que se localizaba en el edificio donde actualmente la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) presta sus servicios en la calle Abasolo del Centro Histórico.

La calle Corregidora también albergaba otro mesón, este era llamado “El mesón chico de San Agustín”. Pero estos sitios de descanso no solo daban atención para los viajeros, sino que también existía la posibilidad de que las mulas y recuas se repusieran de los largos trayectos recorridos bebiendo un poco de agua mientras alguien los vigilaba.

Los inmuebles tenían empotrados e sus muros unos aros que servirán para amarrar las bestias de carga. Uno de las casonas que aún conservan en sus patios estos artefactos es el Museo del Estado donde también era posible observar árboles frutales.

En el Siglo XVIII ya estaba muy bien afianzado este tipo de establecimientos y uno de los que marcó la pauta en este comercio fue el mesón de Eulate, nombre que adquirió por su propietario José Antonio Álvarez de Eulate. A su muerte el negocio fue adquirido por otras personas y los nuevos propietarios lo nombraron “El mesón de la Soledad”, para honrar a la virgen de la Soledad de la cual eran devotos. Resulta interesante que 250 años después el lugar continúa manteniendo el nombre y uso original.

Para más información consulta la edición impresa de La Voz de Michoacán del 11 de septiembre de 2016.

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