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La Juárez vive en fervor el Vía Crusis

3 de abril, 2015

admin/La Voz de Michoacán

viacrucisverooEl Mesías fue entregado y crucificado tal y como lo decían las escrituras. Cientos de personas se congregaron ayer en la Colonia Juárez para la representación de la Pasión y Muerte de Jesús, la tradición sigue vive y aglutina a decenas de familias de la grey católica.

Por 45 años consecutivos, los nazarenos de la Parroquia El Salvador del Mundo, en la Colonia Juárez no se predispusieron a ver como actuación el tormento de Jesús en la cruz, para ellos el castigo ss real.

Alrededor del medio día, apareció Julio Ferrer Fonseca apresado por un ejército de fariseos que entre gritos, insultos, empujones y golpes lo expusieron ante los espectadores como un blasfemo y, por alrededor de media hora fue enjuiciado por Poncio Pilato y Herodes, quienes finalmente lo pusieron en manos de los fariseos.

Los fariseos prefirieron dejar libre a Barrabás en lugar de Jesús, por lo cual fue sentenciado a ser crucificado al lado de Dimas y Gestas.

Con el sol a plomo, el joven que ha participado en esta representación durante 23 años, en diferentes papeles, salió escoltado por los romanos, acompañado por niños y mujeres.con goles, escupitajos y latigasos Alanís fue condenado a la Cruz.

Bajo un calor que azotaba en la región durante más de una hora, el joven cargó la Cruz. Caras de asombro y penitencia eran lo que los habitantes y visitantes reflejaban.

Los vendedores y puestos ambulantes hacían su agosto en pleno abril, las bebidas y las garbanzas no se hacían esperar mientras que los espectadores miraban cómo cargaba Jesús la cruz.

Jesús se dolía cada vez que los látigos caían sobre su cuerpo, con la Cruz a cuesta. Las lágrimas asomaron en los ojos de mujeres y niños que seguían el Vía Crusis, que a pesar de ser una actuación,  muchos conmovidos pedían por el Nazareno.

La experiencia para los más pequeños de las familias, los niños, era frustrante, ya que al ver simbolizado el azote macabro de un hombre sólo atinaban a llorar, mientras los padres con  simplicidad les consolaban diciendo “no pasa nada”, “no es verdad”, pero la desagradable escena de ver a un hombre ensangrentado no era de los mejores recuerdos.

Jesús, el Mesías, al ser crucificado y antes de expirar, inhala hondo y mira al cioo para inquietar “¿Padre, por qué me has abandonado?, y posteriormente exclamar sus últimas palabras: “Perdónalos padre, no saben lo que hacen”.

Así se vivió el fervor católico en la Colonia Juárez, lugar que en el cual, por 45 años consecutivos, se sigue con esta tradición que envuelve a todas las generaciones, desde los más pequeños hasta los más grandes

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