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Morelia, Michoacán a 23 de enero de 2017
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Foto: La Voz de Michoacán. "Perdón y gracias. Mensaje de año nuevo. Soy el doctor José Manuel Mireles Valverde, recluido en el Cefereso Número 11 de Hermosillo, Sonora, expediente 55/57.

Pide perdón Mireles por luchar contra el crimen organizado

9 de enero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Desde la prisión federal de Hermosillo, Sonora y al aprovechar una llamada telefónica hecha a sus seres queridos, el doctor José Manuel Mireles Valverde, exvocero del extinto Consejo de Autodefensas de Michoacán envió un mensaje al pueblo de México y a la clase política, donde le pide perdón al Gobierno Federal por haber emprendido una lucha contra el crimen organizado en una obligación que únicamente le competía a la misma autoridad.

Se disculpa con sus hermanos, con su familia y en especial con su padre por ponerlos en peligro por su decisión de pelear contra la delincuencia al tiempo de que solicita a “los señores del poder” dejen en libertad a los autodefensas presos, ya que ellos son el único sustento de sus humildes familias.

El mensaje textual del médico que en 2013 se levantó en armas contra el fragmentado cártel de Los Templarios es: “Perdón y gracias. Mensaje de año nuevo. Soy el doctor José Manuel Mireles Valverde, recluido en el Cefereso Número 11 de Hermosillo, Sonora, expediente 55/57.

“Por medio de este conducto quiero desearle a toda la Nación Mexicana un maravilloso y prospero año nuevo 2016, además aprovecho este mensaje para pedirle perdón al Gobierno de México y a sus instituciones oficiales y no oficiales y a su estructura esparcida por todo el territorio nacional, por haberles faltado el respeto con las palabras o acciones, por haberlos ofendido con mis omisiones y desobediencia civil, por haber abusado de mi pensamiento liberal y por haber alterado el orden político y social de mi estado, que es Michoacán y de mi patria que es México porque he tomado la firme determinación de estar en paz con Dios, con mis gobernantes, con todos mis hermanos los autodefensas de la Nación, con mi pueblo y con mi familia o con lo que me quede de ella”.

“Perdonen pues las sinrazones de mi razón, señores del poder ejecutivo federal, perdonen pues mi desobediencia civil señores del Poder Judicial de la Federación, perdonen por mi interpretación de la Constitución y sus leyes, pues no sé leer ni escribir sólo sé deletrear.

Señores del Poder Legislativo, a todos ustedes les ruego humildemente y desde el fondo de mi corazón me perdonen por todo el daño que les haya causado o por el motivo o los motivos que hayan sido, les pido perdón a mis hijos, por haberlos abandonado a la deriva tratando de resolver un problema que sólo le compete hacerlo a los órganos del gobierno estructurados y armados para ello”.

Amé y fui amado, dijo el poeta, por los pueblos en lo general y por algunas personitas en lo particular, viví intensamente cada día como si fuera el último de mi existir. Tanto, que el cariño de los pueblos embarneció mi orgullo y pequé de ególatra contra Dios, por eso le pido perdón.

También a mi venerable padre le pido perdón por haberlo dejado sólo a sus 83 años, perdón padre mío por haberlo hecho en el último tramo de tu existencia, por irme a luchar para que ya nos dejaran vivir en santa paz y con dignidad, perdón padre mío  por haberte desobedecido cuando fueron a pedirnos ayuda para levantar el pueblo en armas y diste tus buenas razones: Ya perdí a la esposa, ya perdí el ganado, no quiero perder a ninguno de mis hijos. Perdón por haberte desobedecido y ahora estar solo.

También les pido perdón a mis hermanos, por poner en riesgo sus vidas y su seguridad con mi decisión y que Dios los llene de bendiciones, paz y tranquilidad, dondequiera que se encuentren.

A todos los hermanos autodefensas y sus familias les deseo paz, tranquilidad y bienestar, ahora y siempre y les pido perdón por haberlos involucrado en un sentimiento onírico para alcanzar la justicia que nuestros pueblos necesitan para la paz, la autosuficiencia y la prosperidad. También les pido perdón a todos los líderes sociales de la República Mexicana que en su momento dieron un paso al frente para constituir oficialmente el Frente Nacional de Autodefensas para la justicia, la paz, la prosperidad y la dignidad de México, pero sin armas, como dijera mi amigo Javier Sicilia. Lo mismo al padre Solalinde, al obispo Vera, al general Gallardo, a la señora Isabel Miranda, al señor Manuel Luna y a sus Yakis de Sonora, a mi amigo El Bronco, a los senadores Rufo y Correa y otros, y a los diputados y a todos  los grandes autodefensas que están constituidos a lo largo de la República Mexicana.

Con lo anteriormente expuesto señores del gobierno, asumo la responsabilidad histórica de nuestra lucha social y les pido, les ruego humildemente que liberen a todos los autodefensas presos, que ninguno de ellos tiene la culpa de lo que se les acusa, ya que todo se debió a nuestra interpretación de la Constitución y sus leyes, pues no sabemos leer ni escribir sólo silabear, así que asumiré la responsabilidad de los daños morales, políticos y sociales que nuestro movimiento ocasionó, les reiteró mis súplicas de clemencia a los señores de la Ley y la justicia por la pronta libertad de todos mis hermanos autodefensas de Michoacán, Guerrero y demás estados, que hayan sido detenidos por creer en nosotros y en nuestro movimiento social.

 

Quiero aprovechar este mensaje para enviar un saludo de paz y prosperidad y para dar las gracias a todos los mexicanos de noble corazón y buena voluntad que siempre han estado al pendiente de las necesidades de mi familia y los que han ayudado en su momento económicamente para sus gastos personales. Y a los abogados, que con buenas intenciones ofrecen su ayuda para tratar de ganar mi caso, a todos ellos muchas gracias. También quiero expresar mi más humilde gratitud a todas aquellas familias de México y del mundo que oran y rezan todos los días por la libertad de los autodefensas.

“Por último, quiero dar las gracias a toda la fraternidad masónica por no haberme dejado solo en mi situación y que el gran arquitecto del universo lleve a sus hogares la abundancia de bienes para satisfacer las necesidades de toda su familia y para que ayuden un poco a los hermanos caídos en desgracia o que menos tienen. Y el poeta terminó diciendo: Vida nada me debes, vida estamos en paz, Manuel Mireles”.

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