La Voz de Michoacan

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Jueves 21 de Marzo del 2019

Morelia

Jaime Darío Oseguera Méndez.

Ser diputado no es una tarea sencilla. Dicen que dura tres años el cargo y toda la vida el desprestigio. Con la variante de que ahora se pueden reelegir. En todo caso lo que prevalece es el descrédito.

En el fondo no deja de ser jocoso y al mismo tiempo preocupante lo que pasa en la Cámara de los Diputados del Estado.

Lo que se proyectó en los medios derivados de la sesión es que se impusieron las ocurrencias, la falta de claridad, los señalamientos personales, rencillas partidistas, el espectáculo por encima de lo que debería prevalecer en un paquete económico: los criterios de política pública.
¿Para qué quiere el gobierno el presupuesto? ¿Por qué debería aprobarlo en los mismos términos el cuerpo legislativo? ¿Con qué criterios modificarlo?

Se habla poco de las facultades genéricas que tiene una legislatura. Se pueden agrupar en tres tipos: las legislativas en general que se refieren por supuesto a la creación, modificación, derogación o abrogación de todo tipo de ordenamientos. La facultad presupuestaria permite establecer criterios, objetivos, límites y alcances al manejo de la hacienda pública. Finalmente está la facultad fiscalizadora que acaso termina siendo en estos tiempos la más importante y ejercida de la manera menos adecuada.  En el legislativo están todas las voces. Es el reflejo de nuestra pluralidad y al renovarse periódicamente se revitaliza para reconocer la realidad política de un estado. Participan las minorías que reconoce el sistema de partidos y, como tal, tienen el derecho de opinar para construir una idea colectiva. Es el reflejo de nuestra pluralidad. En el viejo régimen, el partido hegemónico preparaba sus presupuestos, los enviaba al legislativo y estos raras veces cambiaban. La mayoría complacía al gobierno y la minoría no tenía el peso suficiente para cambiar decisiones.  Hoy hay debate y en ese ejercicio siempre deberían resultar cosas positivas. Sin embargo es un debate fatuo. Vacío. Superficial. Tan malo el antes cómo el después. Antes no había debate. El gobierno ordenaba con sus propios criterios. Hoy lo que no hay son criterios y se impone la víscera y el lanzamiento de señalamientos e improperios que van desde acusaciones de corrupción por cooptación, hasta movimientos en el presupuesto con ajustes de último momento sólo atendiendo a agendas personalísimas. Lo grave en todo caso es el resultado.
En el presupuesto de este año prácticamente todos los rubros quedaron igual. Eso perfila que no esperemos resultados diferentes. Parece bien y suena razonable que ganen los rubros de educación, seguridad pública y salud (incluido el seguro popular). Cuando hablo de definiciones me refiero a conocer por ejemplo cómo piensa el ejecutivo y los diputados hacer crecer a Michoacán. El fundamento de todas las decisiones políticas es que la gente viva mejor y para eso tiene que haber crecimiento económico.

¿Hay criterios para promover la productividad aprovechando el aumento nacional en el salario mínimo?

Al crear nuevos impuestos lo que se percibe es sólo un afán recaudatorio. Salvo que demuestren lo contrario, a nadie beneficia un nuevo impuesto en las actividades que realizamos los Notarios respecto de las sociedades mercantiles. Ni siquiera aumentará en alto grado la recaudación porque en general las sociedades mercantiles no se liquidan y menos si para hacerlo tienen que pagar más.

Lo mismo sucede con el impuesto al hospedaje y a la nómina que va directo a gravar a quienes producen más en el estado. Ahora resulta que van a gravar también servicios profesionales. Subyace la ignorancia de los legisladores al aprobar un impuesto que en lugar de formalizar la economía, va a promover más la informalidad tanto de empresas, hoteles y profesionistas.
No hay criterios de política económica en los nuevos impuestos. Solo está presente la voracidad por recaudar. Ni hay atención a los criterios de austeridad. El gobierno seguirá gastando a manos llenas.

Peor aún. El legislativo no bajó sustantivamente en sus percepciones. No. Hay que cargarles a todos menos a nosotros los diputados, porque sí. Porque queremos. Bien valdría que digan en realidad cuánto ganan y cuánto se gasta en cosas absurdas en el poder legislativo. Pero no. La austeridad es una pieza de todos los discursos pero solo aplica en los bueyes de mi compadre.
En teoría, tendría que haber criterios de política donde se proyecte cuantos puntos porcentuales aumenta el PIB (Producto Interno Bruto) del estado con ese presupuesto para el campo que se encuentra entre los estados que aportan a las cuentas nacionales en ese rubro.
El colegio de economistas exhibió un estudio en el que se muestra la disminución en los niveles de empleo pero el presupuesto grava a los creadores, profesionistas y empresarios.
En el fondo no hay contrasentido, sino ignorancia. Más aún insensibilidad. Está claro que los partidos políticos tradicionales no han entendido lo que sucedió en la pasada elección donde la gente rechazó que los políticos piensen que pueden vivir en una burbuja de opulencia, discrecionalidad y displicencia. Diferente, totalmente opuesto al de la gran mayoría. En el fondo son como artistas. Puro espectáculo.

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