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Foto: Wendy Rufino. Infantes de gran espíritu, ímpetu e inteligencia, a base de las terapias que reciben en los CRIT’S van más allá de la atadura a una silla de ruedas.

Su corazón sobrepasa limitaciones

3 de diciembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

La entrega, fidelidad, lealtad, compromiso y constancia de estas madres eriza la piel. Su tiempo y energía están fijos en un solo objetivo, encontrar la manera de fortalecer la salud de sus pequeños que han sido víctimas de algún tipo de discapacidad. Se les ve enfocadas, determinadas, decididas y confiadas. Acuden cada semana o hasta dos veces por semana al Centro de Rehabilitación Integral (CRIT) Teletón, para que sus hijas e hijos, como otros mil que atienden aquí, reciban la terapia necesaria para alcanzar una buena calidad de vida.

No importa el clima, la distancia, el tráfico, los horarios de trabajo en casa o la inversión económica, porque la mayoría ha tenido que dedicar cada minuto, de cada hora, al bienestar de sus descendientes discapacitados, ya sea por causas congénitas o accidentales que han mermado su capacidad física, motora, mental o cognitiva, porque esta tarea les es pagada con una sonrisa o una mirada de agradecimiento, porque su más valiosa recompensa es verles sanos.

Algunos de los infantes hacen grandes esfuerzos para sostenerse en pie, pero su espíritu, su ímpetu e inteligencia van más allá de la atadura a una silla de ruedas que sostiene un cuerpo que se resiste a funcionar, parecen no sentir sus limitaciones, como Briseida García Linares, quien con 11 años de edad, dice que su escuela le gusta mucho, “no estudio tanto, pero saco puros dieces”, compartió; al tiempo que afirmó que el apoyo que su mamá le da es muy importante para ella; la terapia que más le gusta es la de “Realidad virtual”, donde le encanta tronar globos y se siente libre, es ahí donde se olvida de que sus piernas no le acompañan. Bris no puede caminar porque tiene una discapacidad de los nervios desde bebé.

“Mi lugar favorito es la alberca, juego en el agua y hago ejercicios, me gusta la sensación” dice la pequeña hija de Guillermina Linares Cervantes, proveniente de la comunidad Paso de Morelos en Tacámbaro. “Está como a dos horas de camino, vengo cada 8 días o dos veces a la semana”, señala, quien está esperanzada en que su niña algún día pueda valerse por sí misma. “Me preocupa porque cada vez está más pesada y al rato ya no la voy a poder mover”, compartió.

Ella se considera afortunada porque logró inscribir a la menor en este centro especializado, “desde que la inscribí no hemos dejado de venir”, indicó, mientras que refirió que invierte 300 pesos por viaje, lo que suma mil 200 pesos al mes, pero no es significativo porque sabe que a la larga redituará en la autonomía y la libertad de la pequeña.

Para más información, consulta la edición impresa de este jueves, 03 de noviembre.

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